La rebeldía como medicina

Por Javier Segura del Pozo
Médico salubrista

Sabemos que la crisis esta llevando a miles de españoles al sufrimiento, la desesperación, la depresión y la perdida de salud. Lo que estamos descubriendo es que la rebeldía es una medicina eficaz para prevenir y aliviar estos problemas. Están saliendo a la luz estudios y experiencias en que personas afectadas por el paro, el desahucio o el brusco empobrecimiento, salen de su aislamiento, culpabilización y vergüenza, socializan su sufrimiento, se organizan y ayudan mutuamente, y se convierten en colectivos activos y rebeldes frente a su “suerte”. El efecto es un alivio de este sufrimiento (más potente y eficaz que el que proporcionan los psicofármacos) y una disminución del riesgo de enfermar. Un ejemplo es el estudio antropológico que os mostramos hoy titulado “Desahuciar, desalojar, ejecutar. Cuando la política callejera se convierte en medicina”, de la Dra. Elena Ruiz Peralta.

La  socialización del sufrimiento

Creo firmemente que la rebeldía, articulada de forma colectiva,  frente a las condiciones de vida que son un riesgo para la salud, es la mejor medicina. Aunque no se consigan revertir los aspectos más duros de estas condiciones de vida, la propia lucha es una medicina. Lo he visto antes, pero más claramente desde que arrancó el 15-M y otras dinámicas semejantes. Gente que está parada y que estaba aislada socialmente, es decir, victima propiciatoria de la depresión y la desesperanza, a la que, sin embargo, se la ve animada y esperanzada, compartiendo esta situación con otros.

Juntándose, no solo para ir a cientos de manifestaciones donde volcar la furia y reivindicar otras políticas, sino para sentirse acompañados y acompañar. Acompañar a otro en su desgracia: en el bloqueo de un desahucio, en la negociación con el banco, o apoyando a un inmigrante sin tarjeta sanitaria  a superar las barreras de un centro de salud o una urgencia hospitalaria. También para debatir, reflexionar y aprender juntos, alrededor de una asamblea, de una charla o de una película en un cineforum. Para descubrir nuevas oportunidades y salidas (información sobre recursos, trabajos, derechos, estrategias, etc.). Para construir juntos y sentirse útiles y solidarios, al cultivar una huerta común, al gestionar un banco de alimentos, un mercadillo de trueques, un banco del tiempo, un comedor colectivo, etc.

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Acción contra una ejecución hipotecaria.  CC BY-NC-SA Stop Deshaucios

El impacto de la crisis no solo te despierta de tus cómodas rutinas, sino que te saca del circuito de tus habituales relaciones sociales. Y te ves compartiendo desgracias con gente con la que nunca hubieras coincidido. Conocer gente nueva tomando cañas, después de una manifestación o una charla, trabajando juntos en un chiringuito de las fiestas para recolectar fondos. La soledad ya no es una opción. Entran las ganas de quedar, tejer nuevas amistades, compartir la indignación, pero también las confidencias, recuperar las risas, incluso, el canto y el baile.  Reivindicar el derecho a ser felices, a pesar de…

No es una hipótesis. Lo he visto. Conozco la gente. Muchos y muchas han renacido,…han tomado consciencia,..han descubierto nuevas posibilidades y se han transformado. Algunos han cambiado sus hábitos de vida, son menos consumistas, aprecian más el tiempo de relación, incluso cuidan más su cuerpo. Los parados tienen más tiempo libre. Algunos se han comprado zapatillas de correr, hacen más ejercicio físico, usan la bici, quedan para andar. En resumen, han descubierto “una medicina”. El compromiso y la lucha ya no son un sacrificio, sino una necesidad, e incluso, tienen importantes partes de gozo.  Se convierten en una nueva forma de vida, que además (o por eso) es más protectora de la salud. La mejor protección frente a la enfermedad mental y física, frente al suicidio y la muerte.

Un ejemplo es la experiencia que os conté hace unos meses de los hombres parados de Fuenlabrada (Ver el video “El silencio Roto” en este blog), que logran salir en grupo de la depresión, redefiniendo su masculinidad y, finalmente, organizándose para ayudar a otros y poner en acción su indignación. Soluciones que no solo previenen  la depresión y el suicidio, sino que, de paso, frenan el creciente consumo de servicios de salud mental y de psicofármacos, asociados a la crisis (ver en este blog: La crisis nos ataca los nervios). Otra experirncia es la que nos cuenta Elena Ruiz Peralta en su estudio.

Desahuciar, desalojar, ejecutar. Cuando la política callejera se convierte en medicina[1]

A través de las redes sociales me enteré de la existencia de este estudio. Tirando del hilo llegué a la Web de Stop desahucios 15_M de Córdoba: http://stopdesahucios.15mcordoba.net/2014/01/13/desahuciar-desalojar-ejecutar-cuando-la-politica-callejera-se-convierte-en-medicina/

El estudio anunciado parecía muy sugerente y contacté, a través de la Web, con su autora, Elena Ruiz Peralta. Ella es una inquieta y comprometida médica de familia y comunidad de Córdoba, a la que le pedí una copia del estudio. Así me enteré que  era una tesina del Master de Antropología Médica. Ella fue muy generosa y sin conocerme, me envió una copia, con no pocas dosis de humildad y un cierto temor a decepcionar. Algo que no ocurrió en absoluto.

Elena aprovechó muy bien el tiempo del estudio de campo, durante el que hizo una observación participante en la plataforma 15M Stop Desahucios de Córdoba, completada con la realización de entrevistas abiertas a miembros de la plataforma que habían sufrido o no el abandono de la vivienda, que eran hipotecados o avalistas, con enfermedades previas o posteriores a la situación de impago. Elena nos ofrece una etnografía del sufrimiento de estas personas, basado tanto en el aislamiento del contexto social (como reacción frente al miedo, culpa y vergüenza por la situación de impago), como en la incertidumbre y la desesperación que la nueva situación de vulnerabilidad social ha instalado bruscamente en sus vidas.

 Stop Desahucios 15 M Córdoba

Córdoba, 16 de Febrero del 2013. Manifestación descentralizada convocada a nivel estatal por la PAH (Plataforma de Afectados por la Hipoteca) bajo el lema: «Por el derecho a la vivienda. Contra el genocidio financiero. Dación en pago, alquiler social y stop desahucios, ya!» Autor de la foto: Javier Sánchez Monedero.

A continuación nos muestra la etnografía de la resistencia: Cómo se socializa y resignifica el sufrimiento a través de la plataforma (“ya no estás solo”). Los puntos de información y encuentro de la plataforma permiten actuar sobre dos de las claves del sufrimiento de los afectados: el aislamiento y la incertidumbre.  Deshacerse de la idea de ser el único. Transitar de un problema individual a uno social. Pasar de la censura de la moralidad del deudor, a la de la moralidad del acreedor y de la propia deuda. La plataforma se convierte en un modo colectivo de atención y cuidado. Se descubren posibilidades de cambio y se abren espacios a la esperanza. Se socializan los cuidados. Se desmedicalizan, tanto el diagnostico del problema (el sufrimiento), como las soluciones. El trabajo reflexiona sobre el riesgo de las consultas médicas y de los psicofármacos, cuyo consumo puede contribuir a la pasividad y el aislamiento social del afectado. En resumen, como concluye el trabajo: “Ayudar al sujeto a reconstruir la dimensión social de su problemática y animar su participación en plataformas de movilización ciudadana, puede contribuir a una desmedicalización de la experiencia”.

Si queréis conocer más del trabajo, podéis leer un resumen de 8 páginas del trabajo. Es el texto de una charla que dio Elena el pasado 16 de enero de 2014 en La Casa Azul de Córdoba, y que ha ofrecido para los lectores del blog. Lo podéis descargar aquí: deshauciar, desalojar, ejecutar_resumen. En cuanto publique su trabajo completo, os daré la referencia de cómo conseguirlo.

Y recordad: ¡Si, se puede!


[1] Elena Ruiz Peralta. Desahuciar, desalojar, ejecutar. Cuando la política callejera se convierte en medicina. Trabajo de Fin de Master. Master de Antropología Médica y Salud Internacional. Tutor: Oriol Romaní Alfonso Curso 2012-2013. Universidad Rovira i Virgili (Tarragona)

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