Territorio Saludable (V): La tapicería clandestina de Gregorio y Lucia

Por Javier Segura del Pozo
Médico salubrista

Nos despedimos de los cachorritos, futuros ciudadanos y ciudadanas de Colombia (¿qué será de ellos y ellas?) y de las vocacionales profesionales de la salud bucodental que se quedaron rematando la tarea en la escuela infantil. Nos unimos a otra pareja de profesionales que iban a visitar una “Unidad de Trabajo Informal (UTI)”: Angélica Bejarano Barrero, técnica en salud ocupacional, e Ingrid María Camargo Altamar, enfermera. Era una muy modesta vivienda, a la que se accedía bajando por “una calle” de tierra y escombros, desde la que se divisaba una panorámica espectacular del cerro.

Era la casa de Gregorio y Lucia (nombres ficticios), pero también era un taller de tapicería, con el que Gregorio se ganaba la vida desde hace muchos años, y cuyos ingresos estaban sirviendo para, entre otras cosas, pagar los estudios de sus cuatro hijos. En una visita previa, Ingrid, la enfermera del ERI, había “identificado” esa UTI, y ahora iba a “caracterizarla”, acompañada por Angélica, una de las técnicas ocupacionales del ERC.

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Equipo de profesionales de Territorios Saludables en acción recorriendo el barrio (de izda a dcha: Angélica Bejarano Barrero, técnica en salud ocupacional, Ivonne Caro Roa, responsable de TS en la Secretaria de Salud, Karen Sofia Caviedes Páez, coordinadora territorial, e Ingrid María Camargo Altamar, enfermera). Fuente: Javier Segura del Pozo, 18 de noviembre de 2015

Gregorio nos recibió de forma muy respetuosa y amable, sin servilismo y con una gran dignidad. Nos sentamos alrededor de la mesa que también servía de superficie de trabajo. En los rincones se apilaban materiales y viejos asientos de vehículos con la tapicería reventada, a la espera de su reparación, así como otro mobiliario viejo. Unas cortinas separaban este espacio de una probable cocina y al fondo una entrada conducía a los probables dormitorios. Enfrente de nosotros, destacaba la fotografía de uno de los hijos vestido de militar, con el semblante muy tenso, junto con el diploma de la jura de bandera (donde se da por supuesto que todo el que hace el servicio militar es creyente y religioso, pues el juramento está garantizado por la fe en Dios). Al lado, la foto de la celebración de los 3 meses de vida de un nieto.

Una vez sentados, Angélica se presentó, explicó el sentido de la visita, sacó sus formularios y procedió a hacer la encuesta. Durante su cumplimentación, se combinaba recogida de información con mensajes de educación sanitaria y fijación de compromisos de cambios, que iban a comprobarse en futuras visitas, tanto de Angélica como de Ingrid. Las preguntas, siguiendo un protocolo y guión prestablecidos, incluían si los encuestados conocían sus derechos laborales y sanitarios. En caso negativo, la encuestadora aprovechaba para explicárselos. Angélica iba también recogiendo información sobre las herramientas que manejaba Gregorio (maquina de coser, grapadora, etc.), los productos químicos, los procesos de trabajo y las medidas de protección (si usaba mascarilla cuando pintaba, qué tipo de mascarilla, etc). Obviamente, a veces, Gregorio parecía contestar lo que sabía que querían oír el grupo de jóvenes sanitarias uniformadas que habían interrumpido su cotidianidad. Pero también es verdad que parecía que tenia interés en conocer algunas técnicas de protección.

Quedó comprometido, entre otras cosas, a etiquetar varios frascos, originalmente de champú que ahora estaban llenos de pegamento y al alcance de los niños. También en cubrir algunos cables eléctricos. Al llegar a la parte de la ergonomía, se descubrió que tenia frecuentes molestias y perdida de sensibilidad en un brazo, probablemente relacionados con la postura al trabajar y con la primitiva silla de trabajo que usaba. Quedaron que en la siguiente vista harían una sesión donde le enseñarían a combinar determinados ejercicios y pausas para aliviar el brazo, además de recomendarle que visitara el centro de salud para acabar de diagnosticar y tratar el problema (¡otros dos compromisos!). Es en este momento, cuando Gregorio hace un relato de las dificultades que tiene para acceder a la atención sanitaria en su IPS, y de las frustradas visitas anteriores que al final resultaron en perdidas de tiempo.

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Equipo de profesionales de Territorios Saludables recorriendo los “microterritorios” de Ciudad Bolivar (Bogotá). Fuente: Javier Segura del Pozo, 18 de noviembre de 2015

Hay una parte del interrogatorio que está dedicado a asegurarse contra la lacra del trabajo infantil. Se pregunta si colaboran los hijos en el taller, cómo y cuántas horas (“solo lo hacen para quedarse con las monedas que se cuelan en las rendijas de los sillones”, explica Gregorio), qué medidas de protección utilizan, si tienen mascarillas adaptadas a su tamaño, si esta colaboración les afecta la dedicación escolar, etc. Gregorio insiste que tiene claras las prioridades respecto a sus hijos, y que les tiene inculcada la necesidad del estudio para que no vivan como ellos han vivido, como están viviendo. Aunque se considera un buen artesano al que nunca le ha faltado el trabajo, él no ha podido trabajar de tapicero asalariado en empresas precisamente porque le falta el diploma de estudios básicos. “Y ya no merece la pena el esfuerzo”, se dice a sí mismo. Se siente orgulloso de que el hijo mayor haya finalizado sus estudios y que la siguiente hija está a punto de acabar otros. Todo “gracias al esfuerzo de los chicos”, pero también al empeño propio y al de su mujer porque estudien. Este primitivo taller y las muchas horas dedicadas al mismo, habían pagado los estudios. Esta mirada de orgullo paterno me resultaba muy familiar

No os he descrito a Gregorio. Tiene 47 años, pero aparenta 15 años más. Cubre su cabeza con una vieja gorra con visera y viste una ropa llena de manchas de pintura. Tiene un cuerpo enjuto y a la vez fibroso. Su rostro moreno, lleno de marcas en la piel, tiene los surcos del sufrimiento. Sus fatigados ojos negros, de un brillo opaco, reflejan lucha cotidiana y nos vigilan (a los exploradores curiosos de su cotidianidad) con la guardia prudentemente levantada. Hay momentos en que se relaja y sonríe (por ejemplo, cuando habla sobre Lucia o su juventud pasada), dejando a la vista una lamentable dentadura a la que le faltan varias piezas.

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Comedor Comunitario en Ciudad Bolivar. Fuente: Javier Segura del Pozo, 18 de noviembre de 2015

Mientras Gregorio aguanta pacientemente la serie de preguntas, Lucia se mueve con desparpajo a nuestro alrededor y atiende a uno de los hijos que acaban de llegar a la casa. Nos invita a un refresco (como no: Postobon!) y se queda finalmente de pie, de espalda a Gregorio, apoyándose cariñosamente en sus hombros y ayudándole a completar la información requerida. Hay una alegre y amorosa complicidad entre ambos. El nivel de precariedad de la vivienda-taller, una autentica y frágil chabola para los estándares de mi país, contrasta con el esfuerzo que parecen haber invertido Lucia y Gregorio en tener un ambiente familiar alegre y en luchar codo con codo con los retos cotidianos.

Lucia debe tener alrededor de los 40 años, pero no me extrañaría que fuera más joven. Es bajita, ágil y luce una permanente sonrisa en un rostro agradable en el que resaltan unos ojitos achinados con una mirada estrábica. Ingrid le pregunta si alguien le ha reconocido el estrabismo. Contesta Gregorio que siempre lo ha tenido, pues se conocen desde adolescentes. Ahora le toca a ella contestar a preguntas sobre su salud para satisfacer las necesidades de otra página voraz de la historia médica de la familia. ¿La última citología? Va a buscar el papel que atestigua que ha pasado por esa prueba (tal vez como resultado de otro compromiso anterior). Se compromete con Ingrid a una nueva prueba en el centro de salud, que será comprobada en la próxima visita.

GUIA OPERATIVA AMBITO LABORAL

Portada del documento: “Guia operativa de ámbito laboral. Trabajo decente y saludable” del Programa de Territorio Saludable. Secretaria de Salud. Alcaldía Mayor de Bogotá. 2014. Descargable: AQUI

En otros momento de la conversación, sale a relucir el consumo de las SPA (sustancias psicoactivas) y las situaciones de inseguridad del barrio asociados a su tráfico. Se intercambia información sobre riesgos, lugares y estrategias que tiene la familia para protegerse frente a los mismos. Se cuenta la anécdota de cuando se refugiaron en su casa dos chicas que estaban siendo acosadas por una pandilla callejera y como Gregorio las defendió caballerosamente. En este intercambio de información, Ingrid demostró su conocimiento de este“microterritorio” que cuida y tutoriza diariamente.

Hemos llegado al final del cuestionario y la visita. Angélica le hace un resumen de los problemas diagnosticados y de los compromisos adquiridos, pidiéndoles a Gregorio y a Lucia sus firmas en el formulario. La familia (y la UTI) ha sido “caracterizada” y será objeto de visitas posteriores. Se ha establecido un vinculo solido entre el ERI y la familia, que por mi impresión no está basado en la aceptación de una obligación administrativa. La familia parece percibir a las profesionales (Angélica e Ingrid) como unas aliadas que les quieren ayudar y velar por su bienestar.

La familia (y la Unidad de Trabajo Informal) ha sido “caracterizada” y será objeto de visitas posteriores. Se ha establecido un vinculo solido entre el equipo de salud y la familia, que por mi impresión no está basado en la aceptación de una obligación administrativa.

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Vista general de Ciudad Bolivar. Fuente: Javier Segura del Pozo, 18 de noviembre de 2015

Me pregunto si en mi país, donde lo que llamamos “economía sumergida” se estima que representa más del 30% de la actividad laboral, seria posible asistir a una evaluación de riesgos laborales como la que he presenciado. Probablemente el propio carácter clandestino o alegal, hace inviable que pueda forjarse una relación con la administración pública que no pase por la imposición de unas condiciones casi imposibles de asumir por estas familias, el pago de impuestos o el propio cierre de la actividad. Son actividades en las que no tienen apenas cabida la reivindicación de los derechos laborales, ni la prevención de los riesgos laborales para la salud. Territorio Saludable parece haber conseguido esta discriminación (entre la vigilancia de la salud y el control fiscal), con la presencia periódica de una técnica ocupacional en el lugar invisibilizado (pero tolerado por la institución), y la creación de este vinculo por encima de la legalidad fiscal u de otro tipo. Un vinculo que prioriza la salud y se instala a partir de la empatía con los más débiles.

Territorio Saludable parece haber conseguido esta discriminación (entre la vigilancia de la salud y el control fiscal), con la presencia periódica de una técnica ocupacional en el lugar invisibilizado (…), y la creación de (…) un vinculo que prioriza la salud y se instala a partir de la empatía con los más débiles.

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Equipo de profesionales de Territorio Saludable recorriendo las calles de Ciudad Bolivar (Bogotá). Fuente: Javier Segura del Pozo, 18 de noviembre de 2015

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Este post forma parte de la serie “Territorios Saludables”, que consta de las siguientes 10 entregas (os dejo los links a todas):

El sistema sanitario en Colombia: un buen ejemplo para evitar

Territorio Saludable (I): la joya amenazada de la salud comunitaria de Bogotá

Territorio Saludable (II): Un salubrista madrileño en Ciudad Bolivar (Bogotá)

Territorio Saludable (III): Todos los nombres

Territorio Saludable (IV): La dentadura como sello de origen social

Territorio Saludable (V): La tapicería clandestina de Gregorio y Lucia

Territorio Saludable (VI): Un privilegiado mirón de las heridas abiertas de la desigualdad

Territorio Saludable (VII): Las tres familias a la sombra del señor Marcelo

Territorio Saludable (VIII): El reclutamiento de profesionales

Territorio Saludable (IX): El futuro de TS

También podéis descargaros gratuitamente el relato completo editado en pdf en forma de libro, desde este enlace:  “Territorios saludables: la joya de la Salud Comunitaria de Bogotá”,

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Portada del libro  “Territorios saludables: la joya de la Salud Comunitaria de Bogotá”,

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