Territorio Saludable (VII): Las tres familias a la sombra del señor Marcelo

Por Javier Segura del Pozo
Médico salubrista

El equipo tiene previsto visitar ese día a la familia del señor Marcelo. Antes, Beatriz y Taylor se pasan a ver a la vecina que acaba de parir, para comprobar el control de sus riesgos puerperales (la prevención y descenso de la mortalidad materna es un objetivo estratégico del programa Territorio Saludable-TS). Sin embargo, no está en casa. Puede ser buena señal (que se ha desplazado a la ciudad para recibir asistencia de su IPS), aunque lo ideal, en su estado, es que la visita a domicilio hubiera sido cubierta por el propio equipo (ERI) de TS (la visita a domicilio de una mujer puerpera parece ser algo algo implanteable para una IPS). Recordemos que por ley, el ERI de TS no está autorizado a proporcionar asistencia sanitaria, solo actividades de prevención y promoción de la salud, correspondiéndole a las EPS e IPS esta función (para recordar qué son las EPS y las IPS, ver El sistema sanitario en Colombia: un buen ejemplo para evitar)

Llegamos pues a la vivienda del señor Marcelo. Aunque me doy cuenta al llegar que también es “una UTI” (recuerdo: unidad de trabajo informal). A la entrada, hay una pequeña tienda con unas pocas piezas de fruta, de verduras, de bebidas y otros alimentos. Podríamos llamarlo con bastante razón “un comercio de proximidad”, pues lo que caracteriza este conjunto de casas es precisamente la lejanía de todo núcleo de comercio, ocio y vida social. Sus habitantes están en la periferia de la periferia. Precisamente por eso, es un extraño milagro que sean visibilizados por una administración como la Alcaldía. Que aparezcan en los papeles y en los censos. Una vez visibilizado, el problema existe para el Estado. Si no lo es, el problema desaparece y las estadísticas mejoran sus medias.

(…) lo que caracteriza este conjunto de casas es precisamente la lejanía de todo núcleo de comercio, ocio y vida social. Sus habitantes están en la periferia de la periferia. Precisamente por eso, es un extraño milagro que sean visibilizados por una administración como la Alcaldía. Que aparezcan en los papeles y en los censos. Una vez visibilizado, el problema existe para el Estado. Si no lo es, el problema desaparece y las estadísticas mejoran sus medias.

Nos recibe Jessica (otro nombre ficticio, como el de Marcelo), una bella y simpática joven de 21 años con un bebé en brazos de apenas tres meses de edad. Nos invita a pasar a lo que parece la habitación principal, amueblada con una cama, una mesa y un par de sillas. En la pared encima de la cama, domina la decoración un gran póster con la alineación histórica del equipo de futbol local de Bogotá: ¡Millonarios! (nueva demostración de que el futbol llega allí donde no llega el estado, y que las lealtades forjadas desde la infancia a los colores del club, son frecuentemente más solidas que otras lealtades y pasiones, incluidas las políticas y familiares). La habitación comunica con una pequeña cocina anexa, donde compruebo con inquietud que el gato se ha subido a la repisa y se está comiendo lo que parece un puré de patatas preparado para la comida.

Las paredes son muy frágiles y me parece que el hueco de algunas ventanas está cubiertos por plásticos. Hace un viento fuerte que silba y mueve las paredes. Es noviembre y hace frío dentro de la casa. Me pregunto cómo se calientan. Nos recibe el señor Marcelo, el patriarca de la familia. Es un señor que “biológicamente” tiene 57 años. Cara de expresión pícara, llena de delatadoras venillas, con ojillos guiñorras y con un bigote con largas puntas que le llegan hasta el mentón. Pienso que es clavado a mi tío Pepe, que en paz descanse. Debió ser un mocetón en su buena época, aunque ahora ha añadido una abultada panza a su anatomía. Somos seis los visitantes (Karen, Ivonne, Beatriz, Taylor, Cesar y yo). Nos invita a sentarnos en la cama y acerca dos sillas, además de las dos que hay al lado de la mesa.

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El Dr. Taylor Jair Murillo Ramírez, acompañado por una enfermera, visitando una modesta vivienda de un barrio periférico de Ciudad Bolivar (foto de la revista “Humanidad”, nº 46, julio 2015)

En ese ambiente tan poco intimo, al Dr. Taylor, le toca “caracterizar” a la familia, con la ayuda de Beatriz. Saca los formularios e inician, con mucho humor y arte, el interrogatorio, en el que el señor Marcelo, es el objeto principal de atención. Su hija Jessica, con su nietecito en brazos, se sienta al lado de él y va confirmando o negando sus respuestas. A veces haciendo gestos y guiños divertidos de complicidad a los interrogadores.

Al hablar Jessica, por las palabras y la pronunciación, deja al descubierto su humilde origen social. El lenguaje empleado deja traslucir su escasa formación, que es corroborada por su densa biografía: a sus 21 años ya es madre de dos hijos. El que tiene en brazos y otro de 6 años (es decir, ¡fue madre a los 15 años!). Está casada con un joven que es militar destinado en un cuartel en otra ciudad y al que, obviamente, solo ve periódicamente. Se me ocurre la idea de que si hubiera nacido en otro sitio, y en otra circunstancia, tal vez Jessica seria ahora una bella joven universitaria con muchas opciones de vida y múltiples proyectos. Lo que queda claro, es que lo que le ha tocado vivir, lo vive con una gran alegría y sentido del humor. Me vuelve a impresionar esta “resiliencia” de la población de Ciudad Bolívar, es decir, esa capacidad de adaptarse a las duras condiciones de vida; de no dejarse aplastar por la miseria y desesperación, y de poder encontrar la felicidad y la alegría de vivir en cada rincón de lo cotidiano. Todo una lección ante el consumismo en que vivimos. O al menos, eso me gustaría pensar.

Me vuelve a impresionar esta “resiliencia” de la población de Ciudad Bolívar, es decir, esa capacidad de adaptarse a las duras condiciones de vida; de no dejarse aplastar por la miseria y desesperación, y de poder encontrar la felicidad y la alegría de vivir en cada rincón de lo cotidiano.

En la casa vive también su hermana, con su cuñado e hijos, y su hermano. Son pues tres o cuatro familias las que comparten esta modesta casa (unas 10 personas en unos 30-40 m2). La madre de Jessica está de viaje visitando un familiar. Jessica parece divertida y encantada con nuestra visita. Con toda naturalidad, desnuda su pecho, en un momento de la visita, para darle de mamar a su hijo. Se ríe mucho con las ocurrencias de su padre a quien le profesa admiración y cariño, a la vez que le recrimina cariñosamente sus malos hábitos.

La biografía del Sr. Marcelo también es densa. Es un reinsertado de la guerrilla. A su hermano le mataron por tomar la misma decisión. También es uno de los lideres vecinales que han trabajado por el apoyo mutuo en este vecindario. Ser reinsertado supone la amnistía, pero ninguna pensión económica. No tiene ningún ingreso del estado y la economía familiar depende de la “tienda” y lo que pueda aportar cada miembro de la familia en trabajos esporádicos.

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El Dr. Taylor Jair Murillo Ramírez, acompañado por una enfermera, auscultando a un niño en una visita a una modesta vivienda de un barrio periférico de Ciudad Bolivar (foto de la revista “Humanidad”, nº 46, julio 2015)

Taylor empieza la cumplimentación de la encuesta preguntándole si conoce sus derechos. Si sabe lo qué es tal enfermedad o tal problema de salud. Marcelo  va respondiendo con una mezcla de humor y aplicación, como si le obligarán a una regresión infantil, respondiendo a la maestra (en este caso, maestro) delante del encerado. Pero está determinado a aprobar este examen y demostrar que conoce la respuesta correcta. Le preguntan por sus hábitos de salud. Si come comidas grasas. Si en la mesa echa sal en las comidas, antes de probarlas. Si fuma. Cuando se llega a la pregunta de si toma (si bebe), la cabeza de Jessica se mueve insistentemente de arriba abajo, mirándonos fijamente. Sí, llega a veces borracho a casa…”¿Entonces tampoco puedo tomar unos tragos de vez en cuando con los amigos? ¿Entonces qué me queda?”

Le preguntan por sus hábitos de salud. Si come comidas grasas. Si en la mesa echa sal en las comidas, antes de probarlas. Si fuma. Cuando se llega a la pregunta de si toma (si bebe), la cabeza de Jessica se mueve insistentemente de arriba abajo, mirándonos fijamente. Sí, llega a veces borracho a casa…”¿Entonces tampoco puedo tomar unos tragos de vez en cuando con los amigos? ¿Entonces, qué me queda?

Evidentemente, el cuestionario está diseñado para ser cumplimentado en un ambiente más confidencial (y no delante de sus familiares y de un grupo de visitantes-observadores). Un gran reto para Taylor, especialmente cuando llega al apartado de “Derechos de Salud Sexual y Reproductiva” (!). Animosamente, le espeta a Marcelo: “¿Conoce sus derechos sexuales y reproductivos?” La expresión de la cara de Marcelo podría interpretarse como: “¡Qué carajo! Esa pregunta sí que no me la sé”. Pero el gran reto para el Dr. Taylor llega cuando se da cuenta del despropósito de formular la siguiente pregunta en ese ambiente. Intenta manejarla con humor e ironía, añadiendo una recomendación previa: “Imagínese que su hija no le está escuchando…¿Cuantas parejas sexuales (además de su esposa) ha tenido en el último año?” La carcajada general permite que el señor Marcelo la afronte también con humor, incluso que la asuma con cierto halago para su sexualidad “otoñal”.

Pero el gran reto para el Dr. Taylor llega cuando se da cuenta del despropósito de formular la siguiente pregunta en ese ambiente (…): “Imagínese que su hija no le está escuchando…¿Cuantas parejas sexuales (además de su esposa) ha tenido en el último año?” 

Al llegar al final del cuestionario Taylor le ausculta y le toma la tensión. El resultado es preocupante: una diastólica de 120 (!). Le pide que debe bajar al centro de salud lo antes posible, mejor hoy que mañana. Pero su EPS ha quebrado (!) y no tienen de momento ninguna IPS asignada. Alucino que esta situación pueda darse y consentirse en un país como Colombia que constitucionalmente tiene reconocido el derecho a la sanidad universal: me escandaliza que miles de personas estén temporalmente sin cobertura por el hecho que haya quebrado el seguro médico al que están asignados. Sin embargo es un caso de urgencia, que debe ser atendido. Él es remiso y como mucho se llega al compromiso que va a acercarse esa semana. En caso contrario, Beatriz y Taylor se lo exigirán en la próxima visita, que es priorizada por esta circunstancia.

¡Presión diastólica de 120! (…) Pero su EPS ha quebrado (!) y no tienen de momento ninguna IPS asignada. (…) Me escandaliza que miles de personas estén temporalmente sin cobertura por el hecho que haya quebrado el seguro médico al que están asignados.

Nos despedimos de la familia. Investido de mi condición de médico, le confirmo al Sr. Marcelo que entre todos los consejos de salud que le han dado, el más importante es que no descuide su tensión arterial, si quiere seguir viviendo y cuidando a su familia.

Ya estando de pie, Cesar, el técnico ambiental que ha asistido en silencio a la entrevista, se da cuenta que hay unas manchas en la pared que son signos de babosas: recomienda un tratamiento sencillo para impregnar las paredes. También indaga sobre la posibilidad de riesgos frente a la enfermedad de Chagas y hace preguntas sobre el abastecimiento de aguas.

Control puerperal, información sobre derechos de salud, evaluación de riesgos individuales de salud, consejo sobre hábitos de salud, detección de violencia de género y trabajo infantil, examen general físico, diagnostico y control de hipertensión, detección de desatención sanitaria, establecimiento de compromisos, control de vectores, evaluación de higiene de la vivienda, salud ambiental,…. ¡Todo en una visita! Realmente, ha sido una visita domiciliaria muy completa,… muy bien aprovechada ¿Quién da más?

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Este post forma parte de la serie “Territorios Saludables”, que consta de las siguientes 10 entregas (os dejo los links a todas):

El sistema sanitario en Colombia: un buen ejemplo para evitar

Territorio Saludable (I): la joya amenazada de la salud comunitaria de Bogotá

Territorio Saludable (II): Un salubrista madrileño en Ciudad Bolivar (Bogotá)

Territorio Saludable (III): Todos los nombres

Territorio Saludable (IV): La dentadura como sello de origen social

Territorio Saludable (V): La tapicería clandestina de Gregorio y Lucia

Territorio Saludable (VI): Un privilegiado mirón de las heridas abiertas de la desigualdad

Territorio Saludable (VII): Las tres familias a la sombra del señor Marcelo

Territorio Saludable (VIII): El reclutamiento de profesionales

Territorio Saludable (IX): El futuro de TS

También podéis descargaros gratuitamente el relato completo editado en pdf en forma de libro, desde este enlace:  “Territorios saludables: la joya de la Salud Comunitaria de Bogotá”,

territorios-saludables_portada

Portada del libro  “Territorios saludables: la joya de la Salud Comunitaria de Bogotá”,

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