Organizar la Participación

Por Javier Segura del Pozo
Médico salubrista

La participación es uno de los elementos centrales de la salud comunitaria. Sin embargo, aunque es frecuentemente invocada, apenas ha estado presente en mi larga práctica profesional institucional. Y cuando lo ha estado, ha sido de una forma tímida y domesticada. Confieso pues mi ignorancia en este campo. Por ello, en este tiempo nuevo en el que queremos poner en práctica la transversalidad y la hibridación, me ha interesado este “manual de participación”, titulado “La Democracia en acción: Una visión desde las metodologías participativas” del equipo Antígona, que quiero compartir con vosotr*s. Según el mismo, podemos aprender a “organizar la participación”.

El libro[1] y los autores

_lademocracia-en-accion-portada

Portada del libro, que podéis descargar aquí:_lademocracia-en-accion-metod-participativas

Al parecer, el Equipo de ANTÍGONA, está formado por  postgraduadas en el Master en Investigación participativa para el desarrollo local (Facultad de Ciencias Políticas y Sociología, Universidad Complutense de Madrid, omnipresente en la actualidad política), que actualmente trabajan en diferentes ciudades y países (Madrid, Córdoba, Barcelona, Colombia y Ecuador) como consultores de procesos participativos (incluido proyectos de presupuestos participativos en algún distrito de Madrid). Recomiendo visitar su interesante web, donde comparten valiosos materiales y describen algunos de los proyectos sobre los que han trabajado

Hermenéutica de la recuperación vs Hermenéutica de la sospecha

Antes de adentrarse en las metodologías participativas, los autores hacen una interesante reflexión sobre el marco conceptual en el que se basan. Este se explica desde una visión, a mi parecer demasiado dicotómica, típica del postmodernismo. Inspirados por Scott Lash[2], contemplan los procesos participativos desde una nueva Hermenéutica que denominan de la recuperación, frente a una Hermenéutica de la sospecha a la que rechazan. Esta última hace referencia a la escuela de pensamiento moderno originada con Nietzsche, Marx y Freud[3] , y basada en la idea de que la gente está alienada, es decir, que no sabe que está dominada y que actúa de acuerdo a unos principios inconscientes que la superan y determinan. Esta estructura de dominación pasa a ser accesible sólo a expertos o activistas en cuya mano esta la concientización de esta dominación o alienación desde la transmisión de un conocimiento liberador.

Por el contario, la Hermenéutica de la recuperación no se plantearía (cito literalmente) “desde la posición privilegiada del conocimiento, como si dispusiéramos de las herramientas adecuadas para poder desvelar las estructuras de dominación que los demás “no saben” o “no ven”. Como si pudiéramos adoptar una posición en algún sentido “neutra” o “panorámica” desde la que decir cuáles son los problemas, sin caer en la cuenta de que nuestra perspectiva sea sesgada. Muy al contrario, la idea inicial es que el conocimiento sirve a todos y, sobre todo, no sustituye al de los otros, por tanto, todos son necesarios para construir conocimiento, desde sus posiciones y sus sesgos. Esto implica adoptar una actitud distinta, que empieza con la invitación a todos a pensar los problemas, pues por mucho que imaginemos no se pueden sustituir las redes sociales en las que cada cual está inmerso y dan sentido a lo que se vive, porque no se pueden sustituir los desafíos que cada cual siente al pensar un problema o sus alternativas, ni podemos sustituir el pasado con el que cada cual concurre a la hora de relacionarse.

Asamblea_en_Moncloa

Procesos participativos: Asamblea del 15 M de Moncloa

Por eso, más que de estructuras de dominación ajenas, de lo que se trata es de recuperar las prácticas y las redes desde las cuales las personas o grupos hacen y actúan con el objetivo de pensar el cambio desde ellas. (…)  De lo que se trata es de partir de los problemas que emergen en la convivencia, y en tanto éstos pertenecen a todos los implicados, su definición no puede establecerse sin la concurrencia de los mismos, de sus particularidades y de sus sesgos. (…) 

En definitiva, no es sospechar que los ciudadanos son irresponsables porque no reciclan o son demasiado liberales como para preocuparse del ahorro energético, no se trata de estereotipar de “tradicionales” a las personas porque quieren que los jóvenes no salgan a la calle. Se trata de partir precisamente de esos significados, de empezar a construir el problema desde ellos, lo que significa recuperar las redes que dan sentido a los problemas. Desde aquí se pueden plantear cambios desde las redes en que descansan los problemas y no imponer soluciones de acuerdo a la relación de fuerzas existente. (las negrillas son mías)

Esta visión dicotómica se ilustra mejor y resume en el grafico adjunto:

hermeneutica

Hermenéutica de la recuperación vs Hermenéutica de la sospecha

Es fácil simpatizar con esta visión “democrática” y respetuosa con los saberes no profesionales de la gente, basados en su experiencia y su propio contexto, frente a la caricatura del marxismo o el psicoanálisis como fuente de un despotismo ilustrado, generalizador y paternalista. Esta vindicación del saber lego, me recuerda algo a la filosofía y metodología del “cruce de saberes” que mencionamos en el pasado post (ver: “De la participación al cruce de saberes”), basado en el pensamiento del sacerdote Joseph Wresinski. Sin embargo, nos quedamos con la duda de cómo manejan los autores (en su abordaje del proceso participativo) la existencia de estas estructuras de dominación y determinación psico-social (sea el sistema capitalista o sean los mecanismos inconscientes) que condicionan los procesos de cambio social, …o si simplemente las niegan. A veces parece que se inspiran en algunos conceptos y métodos participativos de Paolo Freire  (por ejemplo, horizontalidad o problematización), pero no aparecen los elementos más críticos con la dominación y opresión, propios de la visión revolucionaria de la pedagogía crítica o de la liberación.

Procesos participativos

Los autores definen la participación “como un proceso de implicación mediante el cual los diferentes actores plantean los problemas y soluciones, con metodologías y herramientas que fomentan la creación de espacios de reflexión y diálogo colectivos, encaminados a la construcción de conocimiento común. Este abordaje tiene en cuenta el escenario específico en donde tiene lugar el proceso y las alternativas, en un contexto determinado política, social o económicamente, con el objeto de mejorarlo

Este proceso tiene varios pasos:

  1. Problematizar la demanda o motivo inicial (que por cierto, me recuerda la discriminación inicial entre demanda y pedido que se hace en el análisis institucional), aclarando el objeto y los actores del proceso participativoproblematzar-la-demanda
  2. Contextualizar el problema (con las redes formales, como el tejido asociativo)contextualizar-el-problema
  3. Diseñar una muestra (de la ciudadanía) que organice el trabajo de campo
  4. Ir a escuchar a las redes informales identificadasir-a-escuchar

El proceso se resume en este grafico que recuerda los de investigación-acción-participación (IAP)

tres-pasos

Los 3 primeros pasos en un proceso participativo en un contexto comunitario. Fuente: “La Democracia en acción: Una visión desde las metodologías participativas” del equipo Antígona

El proceso participativo se facilita con el uso de diferentes instrumentos, que van desde el análisis de datos secundarios, cualitativos y el análisis de redes, en una fase previa, que permiten diseñar adecuadamente los “talleres participativos” o de diagnostico (taller de contexto, de elaboración de Sociogramas, de visualización, etc.), que conducen el proceso. Uno de los principales valores del libro es que describe de una forma sencilla y didáctica estas metodologías, aportando ejemplos y esquemas para su aplicación, además de sus correspondientes referencias bibliográficas. En ello reside su utilidad para las personas que quieran iniciarse en estas formas de organizar la participación y que estoy seguro que en nuestro mundo “practicón” y devorador de “recetas”, “técnicas” y cursillos, como es el sanitario, tendrá bastante éxito

[1] Debo el conocimiento de este libro a mi amiga médica y antropóloga Elena Ruiz Peralta, inquieta y glotona buscadora del saber y la experiencia

[2] Lash, S. (1997), “La reflexividad y sus dobles” en U. Beck, A. Giddens y S. Lash, Modernización Reflexiva: política, tradición y estética en el orden social moderno, Alianza, pp137-238, Madrid, 1997.

[3] Foucault, M, Marx, Nietzsche y Freud, Anagrama, Madrid, 1970.

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