La humanización del espacio urbano (el Urbanismo de la Salud Comunitaria)

Por Javier Segura del Pozo
Médico salubrista

El espacio que hay entre los edificios tiene una importancia fundamental para la vida social y, por lo tanto para la salud comunitaria. Depende cómo se diseñen nuestras calles y plazas, tendremos más o menos posibilidades de interactuar con vecinos, pero también de: conversar con desconocidos, de que nuestros niños y niñas jueguen libremente en las calles, de que nuestros mayores no estén encerrados en sus casas, de caminar y hacer actividad física (solos o acompañados), de disfrutar del entorno, de la cultura y el arte callejero,… o de descubrir que el extranjero no es tan diferente a nosotros. Os recomiendo la lectura del libro del arquitecto danés Jan Gehl “La humanización del espacio público. La vida social entre los edificios”. Sin nombrarlo como tal, nos habla del urbanismo de la salud comunitaria.

La alianza entre Medicina Social y Urbanismo Social

El trabajo conjunto entre médicos y arquitectos higienistas era habitual en la época en que nació la medicina social. Solo hace falta leer a salubristas como Hauser, Chicote, Lasbennes o Méndez Álvaro para ver el espacio que se dedicaba a las necesarias reformas de las viviendas calles y plazas de la ciudad de Madrid, como medida imprescindible para mejorar las preocupantes cifras de morbilidad y mortalidad de principios del siglo XX. La mortalidad de los barrios bajos, donde habitaban las clases bajas, tenia que ver no solo con las condiciones de vida en las viviendas colectivas, las deficiencias del alcantarillado y el abastecimiento, o las proximidades a muladares,  mataderos y otras fuentes de emanaciones mefíticas, sino con el déficit de plazas y de calles anchas donde circulara el aire y llegara el sol, elementos fundamentales según la teoría miasmática.

Después de un siglo, en el que la medicina se desentendió de las políticas públicas (incluidas las urbanísticas), para esconderse tras el microscopio y fascinarse por la farmacopea, en la actualidad cada vez hay más consciencia de todos los avances sanitarios que podemos conseguir trenzando complicidades entre la medicina social y el urbanismo social. En Madrid bullen diferentes grupos de jóvenes arquitectos y arquitectas con perspectiva social, que quieren articularse con los movimientos sociales de los barrios, para poner en pie, de forma participativa, innovadoras e interesantes propuestas de cambio de nuestro espacio público urbano. Muchos de estos urbanistas son muy conscientes del valor que tiene la salud en sus propuestas y están muy abiertos a la interdisciplinariedad con los profesionales de la salud comunitaria.

Muchos se inspiran en veteranos arquitectos y urbanistas, entre los que destacan Jane Jacobs (los paseos de Jane) y Jan Gehl, entre otros muchos. Creo que las propuestas de Jan Gehl de darle valor al espacio que hay entre los edificios, para mejorar las oportunidades de encuentro social y el bienestar de los barrios y comunidades, reflejan las mismas preocupaciones y metas de la salud comunitaria. Es el urbanismo de la salud comunitaria.

Ya no se trata tanto de un urbanismo que evite las muertes por tuberculosis u otras enfermedades contagiosas (aunque también), sino en valorar la influencia que tienen las políticas urbanísticas en dimensiones de la salud, como son la salud mental colectiva, la actividad física (relacionada con las epidemias modernas de la obesidad, la diabetes y la hipertensión), la educación, el juego, la exposición a la contaminación atmosférica y acústica,… o, en sentido más amplio, en el “hacer barrio”, concretamente barrios saludables. Me refiero al potencial que tiene el diseño del espacio publico para favorecer el sentimiento de comunidad, la preservación e incremento de los activos en salud presentes en un barrio, el encuentro y la interacción intercultural, el reconocimiento y aprovechamiento de la diversidad de todo tipo (étnica, cultural, sexual, funcional, etc.), el empoderamiento comunitario, el cuidado colectivo y la ayuda mutua de su vecindario ante las oportunidades y amenazas a la salud colectiva. Es decir, hablamos del urbanismo de la equidad en salud y del urbanismo para una ciudad de los cuidados.

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Madrid es un ciudad con muchos barrios diseñados bajo la óptica del funcionalismo, por el que se han descuidado los espacios públicos que hay entre los edificios y que son fundamentales para favorecer la vida comunitaria. Fuente: Jan Gehl. “La humanización del espacio publico”. Editorial Reverte. Barcelona 2013 

Jan Gehl y la vida social entre los edificios

Jan Gehl (Copenhagen, 1936) es un arquitecto danés y catedrático de diseño urbano que ha tenido una gran influencia en varias generaciones de urbanistas con vocación de servicio social, más empeñados en hacer ciudades mas humanas y agradables, que en ganar premios de arquitectura diseñando edificios autistas y descontextualizados de su entorno. Su libro, “La humanización del espacio publico”, cuya lectura recomiendo apasionadamente a nuestra tribu salubrista, tiene el subtitulo de “La vida social entre los edificios”, pues es una llamada a los/as arquitectos/as a no centrarse solo en el diseño de los edificios, sino a tener en cuenta el espacio que hay entre ellos[1].

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Portada del libro de Jan Gehl. “La humanización del espacio publico”. Editorial Reverte. Barcelona 2013 

Si los edificios representan generalmente el espacio privado, el espacio que queda entre ellos es el espacio público por excelencia, es donde se desarrolla o se inhibe la vida en común. Dependiendo de cómo estén pensados o ignorados estos espacios, hay más o menos posibilidades de encuentro social, y estos contactos serán de mayor o menor calidad. La existencia de bancos para sentarse y su disposición, el espacio que se da al coche frente al de los peatones, la transición entre el espacio privado y el público (por ejemplo, la importancia de los jardines delanteros de las casas, como oportunidad de encuentro entre los vecinos), la sensación de seguridad para el juego de los niños en la calle, la función que tienen las plazas públicas, la preferencia por los bordes de las mismas, la disposición de los comercios, la creciente pasión por las terrazas en los países del norte de Europa, la atracción que sentimos por el diseño de los cascos históricos medievales de las ciudades, frente al de la fría e individualista arquitectura funcionalista de las modernas ciudades, son algunos de los contenidos de este valioso libro. Su lectura se facilita por un texto bien ordenado y categorizado en 215 páginas, en un lenguaje claro y muy accesible. Y sobre todo, por una importante colección de fotos de la vida en las calles y de diseños urbanos alternativos, que ilustran los conceptos expuestos en el texto.

el arte de los bancos

El arte de colocar los bancos en los espacios públicos. Fuente: Jan Gehl. “La humanización del espacio publico”. Editorial Reverte. Barcelona 2013 

Tres tipos de actividades exteriores

Según Gehl, las actividades exteriores realizadas en los espacios públicos se pueden dividir, a grandes rasgos, en dos categorías, cada una de las cuales plantea exigencias muy distintas al entorno físico:

  • Actividades necesarias (ir al colegio o al trabajo, salir de compras, esperar al autobús o a una persona, hacer recados, etc.). Son las actividades cotidianas e incluyen la mayor parte de las relacionadas con la acción de caminar. Su obligatoriedad les hace independientes del entorno exterior.
  • Actividades opcionales, es decir, las que se dan si existe el deseo de hacerlo o si lo permite el tiempo y el lugar (dar un paseo, sentarse a tomar el sol, etc.), Solo se dan en condiciones externas favorables

Cuando los ambientes exteriores son de buena calidad, el resultado es una tercera categoría de actividad: las actividades sociales. En ese caso, según Gehl: “las actividades necesarias tienen lugar mas o menos con la misma frecuencia; pero tienden claramente a durar más, pues las condiciones físicas son mejores. Sin embargo, también habrá una amplia gama de actividades optativas, pues ahora el lugar y la situación invitan a la gente a detenerse, sentarse, comer, jugar, etc.”

“En las calles y espacios urbanos de poca calidad solo tienen lugar el mínimo de actividades. La gente se va de prisa a casa”

“Las actividades sociales son todas las que dependen de la presencia de otras personas en los espacios públicos (…) Incluyen los juegos infantiles, los saludos y las conversaciones, diversas clases de actividades comunitarias y, finalmente-como la actividad social más extendida-, los contactos de carácter pasivo, es decir, ver y oír otras personas.”

“Las actividades sociales se producen de manera espontanea, como consecuencia directa de que la gente deambula y está en los mismos espacios. Esto implica que la actividades sociales se refuerzan indirectamente cuando a las actividades necesarias y opcionales se les proporcionan mejores condiciones en los espacios públicos”

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El efecto borde: no todos los espacios públicos tienen el mismo valor para animarse a sentarse o estar de pie. Fuente: Jan Gehl. “La humanización del espacio publico”. Editorial Reverte. Barcelona 2013 

El urbanismo que propicia las actividades comunitarias

Para que se desarrollen actividades comunitarias es preciso la existencia de intereses comunes, lo cual no puede ser proporcionado por la arquitectura. Sin embargo, uno u otro diseño del marco físico donde se desenvuelven las relaciones sociales puede propiciar los encuentros espontáneos que favorezcan la identificación de esos intereses comunes. Hay pues una interrelación entre estructura física y estructura social.

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La disposición fisica puede fomentar o inhibir el contacto visual o auditivo al menos de 5 maneras distintas: muros, distancia, velocidad, niveles y orientación. Fuente:Jan Gehl. “La humanización del espacio publico”. Editorial Reverte. Barcelona 2013 

La vida entre los edificios es un proceso. La gente se interesa por espacios en donde pasa algo. Cuando alguien comienza a hacer algo, hay una clara tendencia a que otros se unan, bien para participar o para ver. Una vez iniciado el proceso, la actividad es casi siempre mayor y mas compleja que la suma de actividades parciales existentes al principio. Esto se expresa con lemas como: “uno más uno son tres, por lo  menos”, o “Pasa algo porque pasa algo porque pasa algo”, o al contrario, en zonas de baja densidad de actividades sociales: “No pasa nada porque no pasa nada”. Los niños prefieren quedarse en casa y ver la tele o jugar al ordenador porque fuera se aburren (cuando no pasa nada). Las personas mayores no encuentran especialmente entretenido sentarse en lo bancos, porque no hay nada que ver.

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Pasa algo porqué pasa algo. Las personas tienden a congregarse donde están reunidas otras personas. Fuente:Jan Gehl. “La humanización del espacio publico”. Editorial Reverte. Barcelona 2013 

Lo importante no es el numero o tipo de acontecimientos sino la duración de los mismo. Si las estancias individuales en el exterior son más largas, las zonas residenciales y los espacios urbanos estarán más animados. Por eso la velocidad de circulación es determinante: moverse en una ciudad en coche, en bici o a pie determina el campo visual y las experiencia sensoriales, la posibilidad de contacto social y la duración del contacto entre personas.

Alternativas de diseño a favor o en contra de lo comunitario

Se podrían resumir en:

  1. Agrupar o dispersar (personas o acontecimientos): En la escala grande, dispersar es cuando las viviendas, los servicios públicos, las industrias y los comercios se colocan por separado en vastas extensiones de terrenos asilados, con una estructura urbana funcionalmente segregada que depende del automóvil como medio de transporte entre las partes. En la escala mediana, las personas y las actividades se dispersan, cuando los edificios están situados a grandes distancias unos de otros, y con las zonas de entradas y las viviendas orientadas sin relación entre si. En la escala pequeña, la agrupación se consigue evitando calles, fachadas de edificios y plazas sobredimensionadas, que generan gran distancia entre las personas y minimizan las posibilidades de encuentro.
  2. Integrar o segregar: la integración es cuando varias actividades y categorías de personas pueden funcionar juntas codo con codo (un ejemplo, es el cuarto de estar de las viviendas: todos los miembros de la familia pueden estar ocupados al mismo tiempo en diversas actividades compartiendo un mismo espacio). La integración permite que las personas actúen juntas y que se estimulen e inspiren unas a otras. Un ejemplo de integración urbanística es cuando se sitúan las universidades dentro de la trama urbana en vez de aisladas en la periferia. Es decir cuando se rechazan las zonas monofuncionales. Otra tema es la integración o segregación de la circulación de los coches y la de los peatones (permitir que el coche llegue hasta la puerta de la casa o crear un espacio libre de coches en las zonas residenciales)
  3. Atraer o repeler: los espacios públicos (de la ciudad y de las zonas residenciales) pueden ser atrayentes y fácilmente accesibles o no, dependiendo de cómo sea la transición desde el espacio público al privado. Cuando las transiciones son suaves con espacios semipúblicos intermedios (ejemplo, los jardines delanteros, los parques semiprivados, los ventanales de los escaparates, etc.), esta atracción es mayor
  4. Abrir o cerrar: El contacto entre lo que esta pasando en las viviendas, tiendas , talleres y edificios comunitarios contiguos puede suponer un aumento de las posibilidades de experiencias. La plazas interiores, calles y galerías comerciales privadas son un ejemplo de urbanismo de cierre, cuyo resultado es la dispersión de la gente y el empobrecimiento del espacio publico.
  5. Proteger o exponer: un lugar agradable es el que esta protegido frente a la inseguridad (delincuencia, tráfico rodado) y las condiciones climáticas

 

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Oportunidades para mantener los contactos establecidos. Fuente:Jan Gehl. “La humanización del espacio publico”. Editorial Reverte. Barcelona 2013 

Actividades en el espacio público

Diferentes tipos de actividades que se pueden hacer en los espacios públicos, tienen diferentes tipos de exigencias:

  1. Caminar: exige espacio suficiente, pavimentación adecuada, distancias físicas no excesivas, pero también distancias experimentadas (para muchos un tramos de mas de 500 metros en línea recta, desprotegido y aburrido, es un trayecto poco atractivo). También exige protección frente al trafico rodado, evitar diferencias de nivel o escaleras y tener en cuenta la protección frente al mal tiempo (el valor de las calles porticadas del sur de Europa que dan sombra y protegen de la lluvia)
  2. Estar de pie: puede ser una actividad cotidiana necesaria (delante de un semáforo en rojo o parase para hablar con alguna persona conocida a la que hemos encontrado) o una opcional (para observar o disfrutar de un entorno). Estas ultimas exigen una cierta calidad del espacio: estar de pie junto a la fachada de un espacio o en una zona de transición (el efecto borde: nos paramos cuando nos podemos apoyar en algo, tenemos la espalda protegida, y un campo visual amplio)
  3. Estar sentado: solo cuando hay oportunidades para sentarse puede haber estancias de larga duración. Por eso, la gran importancia de los bancos y de las terrazas para la vida comunitaria. El acto de sentarse, así como el de caminar, tiene mayores exigencias que el de estar de pie. Los bancos tienen que situarse en espacios protegidos orientados hacia donde pasan cosas y personas
  4. Ver, oír y hablar. Ver es una cuestión de distancia y de luz. Los espacios que favorecen el agrupamiento facilitan las distancias cortas, que junto con la iluminación adecuada, favorecen el contacto visual. El oír estará determinado por el ruido de fondo. Las calles peatonales sin el ruido de los coches permite mantener una conversación, oír música, oír hablar a la gente y jugar a los niños. Hablar: las conversaciones que más están determinadas por el espacio exterior no son las que tenemos con amigos y vecinos que pasan, sino las posibles conversaciones con desconocidos. Estas pueden empezar cuando nos encontramos a gusto, ocupados en la misma cosa, como estar de pie o sentados uno al lado de otro o mientras nos dedicamos a la misma actividad. Son las que tienen mas valor en la salud comunitaria, las que crean lazos entre personas desconocidas, las que son una potente herramienta frente la soledad no deseada. Curiosamente, son las que nos han enseñado desde nuestra primera infancia a temer y a evitar. ¿Porqué será?

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Las pequeñas dimensiones equivalen a calidez y espacios íntimos. Fuente:Jan Gehl. “La humanización del espacio publico”. Editorial Reverte. Barcelona 2013

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Trafico lento significa ciudades animadas. Para favorecer las relaciones sociales lo importante no es el volumen de personas por minutos en un lugar, sino la velocidad de desplazamiento y, por lo tanto, el tiempo de contacto. Fuente:Jan Gehl. “La humanización del espacio publico”. Editorial Reverte. Barcelona 2013 

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[1] Debo el conocimiento de este libro al sabio arquitecto y urbanista municipal José Luis Sanz Strachan, con el que hemos puesto en marcha algunas de las propuestas de Gehl (por ejemplo, paseos saludables Walking People Project), sin saberlo yo (antes de conocer esta obra).

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Un pensamiento en “La humanización del espacio urbano (el Urbanismo de la Salud Comunitaria)

  1. Enhorabuena por la entrada. El espacio entre los edificiós y en sus alrededores como determinante de la salud. Unifamiliares tapiadas, bloques de viviendas con espacios adyacentes hormigonados, bancos de sentarse desaparecidos, … Parece que alguien nos empuja para que solo miremos al suelo, al movil, a la tablet,… Mientras desaparecen los rostros y las miradas de los adyacentes. Añoro mi infancia de calle.

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