El Barrio como problema (II)

Por Javier Segura del Pozo
Médico salubrista

Cuarta vuelta a “La noción de barrio”  en la que seguimos desmenuzando la percepción del barrio como problema. En la pasada entrega nos centramos en las dinámicas de segregación y hoy lo haremos en las de estigmatización.  El barrio estigmatizado es percibido como el foco naturalizado de la delincuencia juvenil, del fracaso escolar, de la incultura, del mal gusto por el vestir, etc. Por lo tanto, provoca desde miedos hasta burlas, desprecio e incluso odio hacia los habitantes de estos barrios, en vez de analizar estos problemas y estas diferencias como indicadores de la desigualdad social urbana (incluidas las desigualdades sociales en salud) y, a partir de ahí, afrontar el reto de la difícil cooperación comunitaria entre los diferentes.

Los chicos de la esquina y la vida de banco

Los barrios preocupan a la ciudad y sus gentes producen inquietud y sensación de inseguridad. Especialmente amenazantes son las llamadas bandas juveniles, que en argot inglés se denomina el gang, de donde sale la palabra gánster. Las bandas fueron objeto de muchos estudios sociológicos y antropológicos que querían investigar la desviación social. Algunos mostraron que la pandilla juvenil también es una forma de construcción de una socialización alternativa a la familia siguiendo pautas de conducta y de apoyo mutuo con códigos propios. Desde este punto de vista, la calle o el barrio es una alternativa convivencial y normativa al hogar. Hay una ley de la calle y una ley del hogar, y ambas pueden complementarse para aprender a buscarse la vida.

Los y las jóvenes se localizan y organizan en sitios concretos del barrio, dando lugar a los llamados “chicos del banco” o a “los muchachos de la esquina” o “corner boys”. Estos últimos son grupos que centran sus actividades en un lugar concreto (esquina, peluquería, bares, billares, etc.). ¿Por qué están parados en las esquinas? ¿Bebiendo y vagabundeando? ¿Qué miran? ¿Qué hablan? ¿Qué traman? Unos leen estos comportamientos como parte de la cultura de la pobreza, es decir hábitos inmutables aunque cambien las oportunidades de vida, y otros los consideran determinados por las condiciones sociales, es decir, reversibles si se equilibran estas oportunidades de vida (estudio, trabajo, ingresos).

Corner Boys: en Smithfield Horse Fair (Dublin) Fuente: Brian Fitzmaurice

En nuestra cultura, la vida de banco es un elemento central del barrio. Como explica el colectivo Carabancheleando: “es la forma de pasar el tiempo muy extendida entre adolescentes y jóvenes de la periferia (…) Hay una relación bastante cercana entre la vida en los bancos y la litrona y los canutos, pero eso no quiere decir que sea la causa de otros los problemas de barrio, como malpiensan muchos bienpensantes. La camaradería que proporciona una prolongada convivencia en los mismos es a prueba de separaciones, por muchos años que pasen. Desde los bancos “se arregla el mundo”, se aprende a buscarse la vida y se fantasea con qué hacer cuando se reúna un poco de pasta, ya sea quedarse en el barrio para siempre o escapar de la periferia hacia el centro”.[1]

El barrio de los canis y de las chonis

Muchas películas han contribuido a la asociación entre barrio obrero y delincuencia juvenil. Especialmente, las de José Antonio de la Loma y Eloy Iglesias. El llamado cine quinqui de finales de los 70 y comienzos de los 80, que reflejaba unos barrios invadidos por la delincuencia secundaria a la cultura de la heroína. Aunque, como recuerda Julio Embid[2], ha habido otros films posteriores que han dado una imagen más amable, positiva y compleja de la periferia (Manolito Gafotas, El penalti más largo del mundo, El día de la bestia, Volver, El Truco del Manco, El Bola, etc.). También la televisión ha contribuido a asociar la vida de los barrios con ciertos estereotipos, aunque lo hiciera con humor y ternura como es el caso de la serie Aida, que narra la vida del barrio de Esperanza del sur; o fuera de nuestras fronteras, la serie británica (y luego estadounidense) Shameless que retrata la clase obrera a través de una familia alcohólica y disfuncional. Los barrios no suelen ser escenarios de la mayoría de las series que prefieren el lujo de las casas y paisajes cosmopolitas de clase media y alta, y cuando escogen los barrios bajos u obreros, es para satirizar ciertos personajes marginales y llenar su vida barrial de estereotipos.

Cine quinqui. Carteles de películas de Jose Antonio de la Loma: “Perros callejeros” y “Los últimos golpes del Torete” que contribuyeron a extender el estereotipo de vida de barrio asociada a bandas juveniles y delincuencia

Estos estereotipos contribuyen a una estigmatización del barrio y de su juventud como jóvenes que no estudian, ni trabajan, que hacen botellón y matan el tiempo fumando porros, que delinquen en cuanto tienen la mínima oportunidad, siendo su única aspiración el consumo de lo que no está a su alcance, el sexo irresponsable y el parasitar las ayudas sociales. El estereotipo se asienta a pesar de las estadísticas que dicen que el número de jóvenes de los barrios que no quieren ni estudiar ni trabajar, es mínimo. Por la forma de hablar y vestir, los bienpensantes de la ciudad los llaman despectivamente chonis, lolailas, canis, nens, killos, etc., dependiendo del lugar de la geografía española [3]  Se distinguen en el corte de pelo o en las prendas de vestir, como el uso de chandals y gorras deportivas, al igual que ocurre con los chavs del Reino Unido que describe Owen en su libro Chavs [4], formando esta estigmatización parte del proceso de demonización de la clase obrera.

Ejemplo de estigmatización juvenil extendido por las redes sociales: “querida canis y chotis”. Fuente:  http://desmotivaciones.es/2284523/Queridos-canis-y-chonis

La delincuencia juvenil y el fracaso escolar

Con esto no queremos decir que no haya delincuencia en los barrios populares. De hecho, como demostré en un estudio que realicé hace tres años y que publiqué en este blog[5], es más probable tener problemas judiciales[6] entre los menores con residencia en los distritos populares del sur de Madrid, como se puede ver en este mapa de abajo.

 

Mapa de distribución de la tasa del número de atendidos en 2013 por la Agencia de la Comunidad de Madrid para la Reeducación y Reinserción del Menor Infractor (ARRMIpor mil menores, en cada distrito de la ciudad de Madrid. Fuente: Mapa elaborado por Manuel García Howlett a partir de datos de la Memoria anual 2013 de la AARRMI. Madrid Salud.

He intentado hacer el mismo ejercicio con los datos de fracaso, abandono y absentismo escolar: estimar y mapear estas tasas por barrios de Madrid. Sin embargo, ni los datos disponibles están territorializados (la capital es un área única: la DAT Centro), ni he sido capaz de encontrar ningún estudio que los contenga (sigo en ello). Mi obvia hipótesis de que el fracaso escolar es mayor en los barrios humildes de Madrid, se sostiene por la localización periférica (principalmente en la periferia sur) de las 9 Aulas de Compensación Educativa (ACE) existentes: Aluche, El Madroñal (Vallecas), Nuevas Palomeras (Palomeras-Vallecas), Orcasitas, San Blas, Vista Alegre, Virgen de la Paloma y Tetuán (ambas en Tetuán) y San Mateo (la única situada en el centro de la ciudad: barrio de Chueca).

La cuestión es cómo interpretamos esta realidad: desde la visión “ecológica-ornitológica” mencionada en la pasada entrega, la delincuencia y el fracaso escolar es una característica intrínseca o natural de los barrios populares, forma parte de la cultura de la pobreza y es independiente de los determinantes sociales. Es una muestra del barrio como problema, de la disfuncionalidad del barrio frente a la normalidad de “la ciudad”. O por el contario, podemos analizarla como un síntoma de la falta de igualdad de oportunidades (de educación, empleo, ingresos, cultura, ocio) de la juventud que habita estos barrios, que aconseja invertir más recursos en los mismos para igualar, dentro de lo posible, la balanza y la desventaja de partida, acumulada a través de generaciones.

Imagen que refleja la idea de barrio como problema: territorio urbano temido, salvaje, escondido, fuera de la ley. Pertenece a una serie de fotografías “Calles de Nueva York 1892”, realizadas por Jacob Augustus Riis,  fotógrafo y autor de “Cómo vive la otra mitad “(1890), un libro pionero en el género del reportaje gráfico y responsable de importantes cambios en el urbanismo de Nueva York. Publicó a continuación “Children of the Poor” (1892). Fuente: http://photophinis.blogcindario.com

Integración social frente a segregación social

Como dijimos en la pasada entrega, la estrategia que acaba en la renovación urbana es doble y aparentemente contradictoria: segregar y homogeneizar. Una vez segregado, se busca la integración, …por lo menos hasta un punto. El objetivo es la adaptación homeostática y funcional a la parte normal de la ciudad. Algunos pensarán que no son los mismos autores: que unos segregaron o segregan y que otros intentan remediarlo: integrando a posteriori. Y si uno o una es un profesional de la intervención social o comunitaria se encuadra en el segundo grupo: el de los o las buenas y se intenta desvincularse o distanciarse de las acciones y de las instituciones malas que han segregado ¿Realmente nos creemos esta dialéctica de buenos y malos o sabemos que la dinámica es mas compleja e incluso perversa?

Desde la visión más marxista, un barrio “problemático” es un indicador de las desigualdades sociales sistémicas (de la ciudad, del país, del sistema global). No basta con “renovarlo” urbanísticamente, aumentar sus equipamientos sociales y culturales y/o enviar equipos de integración social, mediación intercultural y desarrollo comunitario, aunque ayude bastante. Sus habitantes seguirán sometidos a las mismas dinámicas de explotación y sumisión, dentro y fuera del barrio (en sus lugares de trabajo y relación, incluidos los domésticos) y seguirán siendo producto de su biografía y la de sus ancestros (transmisión intergeneracional de la desigualdad).

El problema de fondo es la compatibilidad o contradicción entre un Estado de Bienestar Social, más o menos desarrollado, y el sistema socioeconómico de mercado que lo alberga, y lo impulsa o lo retarda, dependiendo de sus intereses y sus ciclos. El que sigan existiendo distintos grados de segregación, exclusión o violencia[7], incluso en un barrio previamente “renovado” (acordémonos de los múltiples ejemplos que tenemos en Madrid de renovación de antiguos barrios de absorción), no es por defectos o insuficientes dosis del modelo, sino por las propias lógicas del mismo.

Cuando se advierte sobre esto, no es para quitar valor a las iniciativas profesionales de desarrollo comunitario, sino para evitar la frustración y la rendición del propio profesional, al recodarle que su eficiencia (el resultado final) no depende solo de sus acciones y las de su equipo o centro, sino de la enorme influencia del marco que está por encima del barrio, y que por ello, siempre hay que integrar la existencia de este marco en la fórmula de acción y en la evaluación de la misma.

El Barrio estigmatizado

Cuando desvelamos la geografía de la desigualdad tenemos que tener cuidado con la estigmatización. Es el riesgo que corren nuestros mapas de diferencia de esperanza de vida y de privación social. Señalar un barrio o una barriada como pobre, aunque sea con la mejor intención (por ejemplo, para que se invierta más en este territorio), tiene el riesgo de desvalorizarlo aun mas como “barrio enfermo” (al proyectar imágenes de violencia, alcoholismo, inseguridad, miseria) y de que sus habitantes se sientan estigmatizados y dolidos en su “patriotismo de barrio”[8].

La acción asistencial (de trabajadores sociales o agentes de empleo en procesos de realojamiento o rehabilitación barrial) puede reforzar esta estigmatización, especialmente cuando son vistos como misioneros o exploradores enviados por los entes reguladores de poblaciones distintas, que deciden desde criterios tecnocráticos “de la ciudad” y desde sus valores y culturas de clase, sin tomar suficientemente en cuenta la opinión de los que habitan esos barrios y la diferente racionalidad de su cultura obrera o étnica.

El Barrio étnico

La composición étnica de un barrio es otro motivo de preocupación urbana. Gravano[9] nos cuenta como muchos de los estudios sociológicos y antropológicos de los barrios en EE.UU. se basan en la preocupación por la homogeneidad étnica y su relación con la conflictividad barrial. Hay barrios negros, barrios judíos, barrios italianos, barrios hispanos, barrios chinos, etc. Sin embargo, los barrios más “blanqueados” de la clase media o alta, habitados por WASP[10], no son denominados como barrios ingleses, escoceses, noruegos, alemanes, etc. Aunque hay “barrios irlandeses”, lo que confirma que es debido al origen humilde de esta comunidad inmigrante.

El Carnaval 2016 de Tetuán fue la más eficaz demostración de convivencia intercultural basada en la alegría y el placer compartidos, además de un reconocimiento de la riqueza que aportan las diferentes culturas a los barrios de Tetuán, frente a la imagen que se intentaba transmitir de un distrito peligroso por ser el imperio de “bandas latinas”. 

Lo étnico se puede tratar como una variable independiente que sirve para describir y explicar fenómenos sociales. Pero la realidad es que en ciudades como Madrid (y el resto del mundo), los inmigrantes se localizan en los mismos barrios que las clases populares. Estos barrios recibieron primero a los inmigrantes de regiones españolas, y luego a los inmigrantes internacionales. En casi todos los barrios de la periferia sur el porcentaje de extranjeros es muy superior al de la media madrileña, de 12,5%, muy especialmente en los distritos de Usera, Vallecas y Villaverde[11]

La mayor o menor asociación entre lo étnico (inmigrante) y lo social (la clase social baja) permite visibilizar lo que separa o une al inmigrante del supuesto autóctono o nativo. Los problemas sociales son transversales al inmigrante y al nativo, les une la condición de clase obrera. Sin embargo, la condición étnica les separa y, frecuentemente les enfrenta. La homogeneidad o heterogeneidad del barrio es pues relativa, dependiendo en qué nos fijemos. Y en términos estadísticos, esta fuerte asociación o interrelación entre lo étnico y la clase social, pone en duda el carácter de variable independiente de lo étnico cuando estudiamos su relación con el proceso de salud y enfermedad.

La historia del barrio modifica el concepto étnico-extranjero. El o la que es considerada “de aquí” probablemente sea hija o nieto de inmigrado extremeño, andaluz, toledano, etc.. Además, el inmigrante latinoamericano se hace español al cabo de 5 años. Entonces, él, ella o la siguiente generación, ¿siguen siendo extranjeros?

El misma relativismo se da en cuanto a la percepción de la densidad de inmigrantes. Depende del recorte espacial que hagamos.  Te puede parecer que lo étnico está mas o menos presente en una ciudad: no es lo mismo que Madrid tenga un 12 % de inmigrantes, que un barrio de Usera tenga un 30% o que una calle como Berruguete tenga 50% o más. ¿Cuándo es mucho? ¿Cuándo es demasiado?

Esta densidad de inmigrantes frecuentemente es usada para estigmatizar un barrio o distrito. Recientemente lo viví con los barrios de mi adolescencia en el distrito de Tetuán[12], que está teniendo un interesantísimo crecimiento comunitario, con una buena convivencia interétnica y una variada oferta gastronómica y cultural de todas las esquinas del mundo; tal como le ocurrió al Lavapiés, actualmente amenazado por la turistificación y gentrificación. Hubo una campaña mediática para señalar a Tetuán como un distrito peligroso, con frecuentes peleas callejeras de “bandas latinas”. Las estadísticas lo desmentían. Los vecinos y vecinas más organizadas del barrio también. Hicieron varias manifestaciones y denunciaron los intereses inmobiliarios especulativos que probablemente había detrás de esta campaña de descrédito de unos barrios de los que se sentían muy orgullosos.

Manifestación antirracista por las calles del distrito de Tetuán en 30 agosto 2014 en la que el vecindario protestaba por las acciones racistas del colectivo “Hogar Social” que pretendía tensar (“los españoles primero”) las relaciones entre las diferentes comunidades étnicas que cohabitan en estos barrios populares del norte de Madrid. http://www.tercerainformacion.es/antigua/spip.php?article73280

Al fin y al cabo, no nos olvidemos que si queremos “hacer barrio” en el sentido de “hacer comunidad”, como dice Richard Sennet en su libro “Juntos”[13], una de las formas de cooperación más difíciles de alcanzar es la cooperación entre diferentes. También la que una vez conseguida, cimienta más una comunidad.

———-

Esta entrada forma parte de la obra “La noción de Barrio”, de la que se han editado hasta ahora las siguientes entregas:

I. INTRODUCCIÓN

II. EL BARRIO COMO LUGAR

  • Barrio y Comunidad
  • Barrio como parte de la ciudad
  • Barrio como periferia
  • No hay barrio pobre si no hay barrio rico
  • Invisibilidad y desvelamiento del barrio
  • La unidad territorial mínima significativa.

III. EL BARRIO COMO PROBLEMA (1ª parte): segregación

  • Barrio como problema urbano
  • Segregar y homogeneizar
  • El poblado
  • Los barrios dormitorios
  • Rehabilitación barrial

III. EL BARRIO COMO PROBLEMA (2ª parte): estigmatización

  • Los chicos de la esquina y la vida de banco
  • El barrio de los canis y de las chonis
  • La delincuencia juvenil y el fracaso escolar
  • Integración social frente a segregación social
  • El barrio estigmatizado.
  • El barrio étnico

IV. EL BARRIO VIVIDO (1ª parte): Mapas mentales

  • El barrio como espacio subjetivo. Los mapas mentales
  • El barrio vivido y el barrio imaginado
  • Vivir en el barrio o vivir el barrio

IV. EL BARRIO VIVIDO (2ª parte): La Comunidad barrial

  • La Comunidad barrial
  • Mi tramo de calle
  • La vida de las aceras
  • El comercio del barrio

IV. EL BARRIO VIVIDO (3ª parte): El ocio en el barrio

  • Fiestas de barrio
  • Bares de barrio
  • El futbol en el barrio
  • El cine en el barrio

IV. EL BARRIO VIVIDO (4ª parte): El barrio de los cuidados

  • El Barrio es de las mujeres
  • Barrio y cuidados
  • El declive del barrio vivido

V. EL BARRIO COMO SOLUCIÓN: del buen vecino a la revolución

  • Barrio y vecindario
  • El buen vecino
  • El barrio tiene nombre, el vecindario no
  • Descentralización y gobierno barrial
  • Barrio como ideología.
  • Las luchas barriales
  • El barrio como lugar de supervivencia
  • El barrio resiliente
  • La ideología de barrio como freno al cambio social
  • Relaciones de poder en el barrio

VI. BARRIO E INSTITUCIONES

  • El barrio de las diferentes disciplinas
  • El barrio en el norte y sur global
  • Conquistar el eje del barrio
  • El barrio telaraña
  • El barrio como lugar de reunión de las instituciones
  • El barrio como mero receptor de la acción comunitaria
  • El papel de la salud comunitaria en la construcción del contrapoder, contracultura y contrainstitución, desde el barrio.

VII. EL TIEMPO EN EL BARRIO

  • Barrio, tiempo y aceleración
  • Barrio como mundo del peatón
  • Barrio y vida cotidiana

VIII. EPILOGO Y CONCLUSIONES


REFERENCIAS Y NOTAS

[1] Carabancheleando. “Diccionario de las periferias. Métodos y saberes autónomos desde los barrios”. Traficantes de sueño. Madrid, 2017. Pags 54-55

[2] Embid, J. “Hijos del hormigón. ¿Cómo vivimos en la periferia sur de Madrid”. Ediciones La Lluvia. Barcelona, febrero 2016. Capitulo “Próxima estación Esperanza”. Págs 97-107

[3] Romero (Nega), R. y Tirado, A.: “La clase obrera no va al paraíso”. Akal. Madrid, 2016. Págs 233-238

[4] Owen Jones “Chaws. La demonización de la clase obrera”. Capitán Swing Libros. Madrid, mayo 2013

[5] Segura del Pozo, J. “Dónde se criaron nuestros menores infractores: confirmando la desigualdad social en Madrid” . Blog “Salud Publica y otras dudas”. 9 de enero de 2015 

[6] Menores atendidos por la Agencia de la Comunidad de Madrid para la Reeducación y Reinserción del Menor Infractor (ARRMI)

[7] Gravano, A. : “El barrio en la Teoría Social”. Espacio Editorial. Buenos Aires, 2005. Págs 136-137

[8] Ver “Patriotismo de barrio”, en: Segura del Pozo, J. “Comunitaria” Ediciones  Salud Pública y otras dudas. Tres Cantos, enero 2018. PP 127-132. Tambien accesible en https://saludpublicayotrasdudas.wordpress.com/2015/03/28/patriotismo-de-barrio/

[9] Gravano Op. cit. pp 145-148.

[10] WASP es un acrónimo de “White, Anglo-Saxon and Protestant” (blanco, anglo-sajón y protestante)

[11] Según el padrón municipal de Madrid a 1 de enero de 2018, el barrio con mayor porcentaje de extranjeros es Pradolongo (31,8%), seguido de San Cristobal de los Angeles (30,3%), Almendrales (26,6%), San Diego (26,3%) y Moscardó (25,7%). Fuera del sur, destacan los barrios de Embajadores y Sol, en el distrito de Centro, con 25,2% y 25,1% de extranjeros respectivamente, y el de Berruguete, en Tetuán, con 22,8%.

[12] He vivido en los barrios de Peñagrande, Villaamil y Bellas Vistas

[13] Sennet, R. “Juntos: Rituales, placeres y política de cooperación” Editorial Anagrama. 2012

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