El Barrio vivido (I): Mapas mentales

Por Javier Segura del Pozo
Médico salubrista

Quinta vuelta de tuerca a la noción de barrio. No es lo mismo vivir en un barrio que vivir un barrio. El barrio es un lugar pero el barrio también es una emoción. O mejor dicho: el barrio es un lugar que suscita una emoción, como resultado de una relación biográfica (la propia y la de nuestros ancestros) con ese espacio. El barrio es un territorio significativo que puede generar ganas de escapar del mismo en cuanto se pueda, o bien un sentimiento de identidad y apego que lleva a permanecer en el mismo, a pesar de las dificultades.  Para quien lo siente y lo ha vivido, el barrio es un territorio único e irrepetible que hay que habitar, defender y mejorar ¿Cómo se generan y articulan estos elementos a la vez psicológicos y geográficos? ¿Qué factores son los que llevan a sentir más apego y atracción por un barrio?

El barrio como espacio subjetivo. Los mapas mentales

La Psicología ambiental y la Geografía de la Percepción nacen de la idea de que el ser humano decide su comportamiento espacial no en función del medio geográfico real, sino de la percepción que posee del mismo. Hay, pues, un filtro mental entre medio y paisaje. El primer ejemplo de Geografía de la Percepción en el paisaje urbano fue la obra de un miembro de la Escuela de Chicago, Kevin Lynch, autor de The image of City [1]. La imagen de la ciudad se organiza y se recuerda en la mente a través de la selección los elementos particulares del paisaje urbano. Estos elementos se agrupan en: sendas, bordes, barrios, nodos e hitos [2].

Diferentes rincones de un barrio nos producen diferentes emociones y evocaciones. Foto: Rincón del barrio del Populo en Cádiz

Estas imágenes generadas en nuestra relación con el espacio (en el caso que nos ocupa, con el barrio), generan “mapas mentales”[3] que condicionan nuestra conducta al transitar por este espacio (zonas que nos evocan alegría, temor, rechazo, tristeza), y que nos llevan también a determinar nuestras preferencias residenciales (elegir un barrio o un vecindario para vivir). Mediante estos mapas “también podemos entender muchas de nuestras decisiones aparentemente irracionales y contradictorias: desplazarse varios kilómetros para comprar en una tienda casi idéntica a una que se encuentra a dos minutos de casa, un cambio de domicilio que pasa por alto opciones objetivamente más ventajosas que las escogidas, largos rodeos para llegar a un punto mucho más cercano en línea recta, etc.” Asimismo explica porqué tenemos a veces la percepción de que nuestro barrio está más próximo al centro de la ciudad del que tienen los ajenos al mismo[4].

Aunque muchos de estos enfoques de la geografía de la percepción están excesivamente cargados de individualismo, positivismo, culturalismo  y conductismo[5] , sus concepciones y metodologías (incluida la de los mapas mentales) se han ido enriqueciendo desde perspectivas más complejas y colectivas. Un barrio puede generar mapas mentales individuales y de grupo. Tenemos ejemplos de ello cuando incorporamos la técnica de los mapas mentales o emocionales en nuestros mapas de activos en salud y pedimos simplemente al vecindario que use post-it de colores para señalar los lugares del barrio que le evoquen alegría, tristeza o miedo: hay una curiosa coincidencia de post-it del mismo color (= misma emoción) en determinados rincones del barrio. Pero a veces también sorprende como un mismo lugar tiene post-it de colores diferentes.

 

Mapa emocional aplicado a un mapeo de activos en salud en un barrio de la Rioja, siguiendo las enseñanzas de Jara Cubillo, fruto de la experiencia en Carabanchel Alto (Mapeando Carabanchel Alto ) Fuente foto: https://www.semfyc.es/pacap-la-sociedad-riojana-mapea-los-activos-salud/

Estas diferencias también se pueden categorizar por grupos de edad, género o clase social. Los mapas mentales del mismo barrio pueden ser diferentes si los confeccionan jóvenes, adultos o personas mayores. El espacio y los equipamientos de un barrio son concebidos de forma muy particular por las personas en situación de exclusión social y pobreza extrema, como comprobamos en el proyecto “Comunidades Activas en Salud” desarrollado en Madrid en los barrios de los distritos de Tetuán y las dos Vallecas. También hay interesantes diferencias en la percepción del espacio entre hombres y mujeres que nos permiten analizar los barrios desde la perspectiva de género[6]. La pregunta entonces es doble: ¿Por qué individuos diferentes perciben un lugar con la misma emoción? Es decir: ¿Qué elementos colectivos comunes llevan a percibir el espacio de forma similar?  Y por otra parte: ¿Qué experiencias han llevado a leer un mismo lugar del barrio de diferente forma?

El barrio vivido y el barrio imaginado

Frente a los enfoques más individualistas, académicos y asociales de la Escuela de Chicago, en los años 60 aparece la Geografia radical, un movimiento radical y crítico, influido por el liberalismo y el marxismo, que se opone al neopositivismo cuantitativo y que estudia la raíz de los problemas sociales que afectan a las sociedades modernas[7]. Entre sus inspiradores, está David Harvey, uno de los autores actualmente más influyentes en los movimientos sociales urbanos que fraguaron en el 15M. David Harvey define la “imaginación geográfica” o la “conciencia espacial” como la capacidad humana “que permite al individuo comprender el papel que tiene el espacio y el lugar en su propia biografía, relacionarse con los espacios que ve a su alrededor y darse cuenta de la medida en que las transacciones entre los individuos y las organizaciones son afectadas por el espacio que los separa”[8]

Una misma plaza o banco pueden tener significados muy diferentes para diversas personas en función del uso que se hizo de los mismos y los recuerdos de los sucesos asociados a los mismos. La consecuencia es que en el mismo barrio hay varios barrios vividos (no hay un Usera, sino varios Useras; no hay un Poble Nou, sino varios), y dentro del barrio, no hay un orden y una esencia única y común, sino que hay varios ordenes y varias lecturas de un mismo espacio y de sus rincones.

Esta diversidad de barrios vividos no se capta mediante la clásica descripción del barrio, ni a partir de la descripción de los indicadores socioeconómicos y demográficos de nuestros diagnósticos de salud (herederos de las Topografías médicas) o de los habituales estudios sociológicos incluidos en los planes de urbanismo. Hace falta otro tipo de mapas y herramientas. Mediante los mapas emocionales y los paseos ciudadanos colectivos (como “los paseos de Jane”) se ponen en común las biografías y las emociones asociadas al territorio, además de desvelar los determinantes sociales e históricos del espacio que habitamos. Está siendo también una forma interesante de recuperar la memoria histórica de los barrios para las nuevas generaciones (especialmente, la memoria enterrada de la II República y del franquismo).

Los paseos de Jane se denominan así en honor de Jane Jacob, escritora, teórica del urbanismo y activista ciudadana de los años 60 en Nueva York y Toronto, de cuyas teorías y propuestas hablaremos largo y tendido en esta obra. Son paseos a ras de suelo concebidos y ejecutados colectivamente, con la participación del vecindario y las asociaciones vinculadas a cada barrio. Compartiendo experiencias, recuerdos e inquietudes del barrio, se concretan los problemas y fortalezas del mismo y se facilita la búsqueda de soluciones y acciones colectivas[9]. Es una metodología fácilmente incorporable a nuestra caja de herramientas de salud comunitaria, basta con sumar el enfoque de salutogénesis (identificar activos en salud y no solo necesidades y riesgos de salud) a las otras miradas urbanísticas, geográficas, psicológicas, sociológicas, etnográficas, políticas e históricas de los rincones paseados del barrio.

Imagen de un Paseo de Jane por Arganzuela. Fuente: http://www.lalineaamarilla.es/2015/04/el-paseo-de-jane-recorre-los-puntos-calientes-de-arganzuela/

Nos tenemos que quedar con la idea de que la geografía de un barrio tiene varias capas o perspectivas que tenemos que integrar. Michel-Jean Bertrand, en su libro “La ciudad cotidiana”[10], distingue tres dimensiones del concepto de barrio:

  • El barrio espacial: lo que hemos llamado “el barrio como lugar”, es decir la parte informal o periférica de la ciudad, con sus limites más o menos precisos,
  • El barrio sociológico: es la parte de la ciudad donde predomina la proximidad y la vecindad, dónde se visibilizan las diferencias sociales y que constituye una unidad funcional de consumo y servicios.
  • El barrio vivido: es el espacio intimo, por el que se valora al barrio a pesar de sus defectos

Vivir en el barrio o vivir el barrio

Dependiendo como se entrelazan estos tres tipos de barrios en nuestra experiencia, podemos tener una relación más o menos íntima con el barrio donde habitamos, donde nacimos o al que nos mudamos. No es lo mismo vivir en el barrio que vivir el barrio. En el primer caso, el barrio es un mero espacio físico, el escenario que rodea nuestra vivienda, que es el ámbito privado donde dormimos, nos reproducimos y se desenvuelve nuestra vida familiar.

Además de la vivienda, es condición de existencia del barrio la presencia de equipamientos, servicios públicos, comercios y su consumo, pero todo ello no garantiza un verdadero barrio. Para que exista apego e identidad barrial debe existir “la vida social del barrio”, construida a partir de un cierto grado de confianza, cohesión y “conciencia colectiva”, que a su vez son favorecidas o dificultadas dependiendo de los diseños de las viviendas y del espacio público urbano y de las consecuentes oportunidades de encuentros informales. No es barrio el centro de la ciudad, así como tampoco la sociabilidad barrial  es la misma que la sociabilidad de la ciudad. Tampoco los barrios dormitorios son realmente barrios como tal. Aunque se compartan equipamientos y consumos, sus habitantes apenas tienen vida barrial ni sentido de pertenencia. Son lo que Robert Ledrut llama falsos barrios[11].

El Barrio del Pilar (Madrid) es un ejemplo de la dinámica biográfica de un barrio y de sus posibilidades de cambio. Su diseño (promoción inmobiliaria de José Banus a principios de los 60) le condenaba a ser un aburrido y hacinado barrio dormitorio (tiene o tenía el triste récord de ser el barrio europeo con mayor densidad demográfica). Sin embargo, por el empeño vecinal (luchas barriales de los 60 y 70 reivindicando, entre otros, el uso publico de La Vaguada) se convirtió en un barrio obrero con una relativamente activa vida social (aunque acabó siendo muy dependiente de los usos de dicha Vaguada, convertida en un espacio híbrido de consumismo, encuentro y cultura determinada institucionalmente) Fuente: http://www.madriz.com/la-estacion-barrio-del-pilar/

Los estudios sociológicos herederos de la mencionada Escuela de Chicago fueron diseñando a finales de los 60 una serie de indicadores de vida social de barrio que se incorporaban en las encuestas de satisfacción al vecindario.  Se media el “grado de integración social” a través del estudio de las relaciones vecinales y del sentimiento de identidad con el barrio. Se preguntaba por el grado de concurrencia de los vecinos a las instituciones vecinales y el grado de conocimiento mutuo entre los vecinos. Una de las preguntas claves era “¿Se mudaría usted de barrio si pudiera hacerlo?” Se completaba con un análisis estadístico cruzando estos indicadores de integración social con las variables socioeconómicas. Al parecer, una de las conclusiones era que los vecindarios más prósperos coinciden con la más baja puntuación en integración social y participación vecinal[12].

Las relaciones vecinales generan “la atmósfera especial” de los barrios. Relaciones solidarias organizadas en redes distintas de las macrocomunitarias, macropoliticas y de las familiares. La prestación de ayuda mutua nos lleva a ver que es posible la vida comunitaria en el seno de los modernos centros urbanos y que no es patrimonio de la añorada vida rural. Para Susane Keller la existencia de un vecindario urbano[13] no se garantiza por: la presencia de limites territoriales más o menos precisos, un nombre propio o el uso compartido de los servicios locales, sino que hace falta un grado de apego y satisfacción de la gente respecto a su vecindario. Por eso Keller define a los barrios como “las áreas locales que tienen limites fiscos, redes sociales, uso concentrado de las instalaciones del área y connotaciones especiales emocionales y simbólicas para sus habitantes”[14]

Charla entre vecinos y vecinas del barrio del Pozo del Tío Raimundo de Vallecas (Madrid). Fuente: http://serviciodeconvivencia.es/2014/09/

Muchos autores investigan pues qué elementos son los que hacen a un barrio como un espacio agradable para vivir, lleno de memorias nostálgicas ¿Cómo es más fácil vivir el barrio como una experiencia emocional positiva? Hasta el punto de no abandonarlo para irse a vivir a otra parte más próspera de la ciudad, aunque se tuvieran los medios económicos para ello. Nos vamos a detener en las respuestas que dan dos autores muy distintos (por su origen geográfico, social, político y generacional), aunque ambos estudiosos del urbanismo: el barcelonés Jose Luis Oyón, que investiga la barrialidad de la Barcelona de entreguerras (1914-1936) [15], y la neoyorkina de adopción Jane Jacobs, que define las condiciones espaciales que favorecen esa sociabilidad vecinal en la ciudades norteamericanas de los años 1960′ [16]. Vamos a triangular entre tres ciudades como Nueva York, Barcelona y Madrid para intentar atrapar esta barrialidad positiva. Pero para no cansaros, eso lo dejamos para la próxima entrega.

———-

Esta entrada forma parte de la obra “La noción de Barrio”, de la que se han editado hasta ahora las siguientes entregas:

I. INTRODUCCIÓN

II. EL BARRIO COMO LUGAR

  • Barrio y Comunidad
  • Barrio como parte de la ciudad
  • Barrio como periferia
  • No hay barrio pobre si no hay barrio rico
  • Invisibilidad y desvelamiento del barrio
  • La unidad territorial mínima significativa.

III. EL BARRIO COMO PROBLEMA (1ª parte): segregación

  • Barrio como problema urbano
  • Segregar y homogeneizar
  • El poblado
  • Los barrios dormitorios
  • Rehabilitación barrial

III. EL BARRIO COMO PROBLEMA (2ª parte): estigmatización

  • Los chicos de la esquina y la vida de banco
  • El barrio de los canis y de las chonis
  • La delincuencia juvenil y el fracaso escolar
  • Integración social frente a segregación social
  • El barrio estigmatizado.
  • El barrio étnico

IV. EL BARRIO VIVIDO (1ª parte): Mapas mentales

  • El barrio como espacio subjetivo. Los mapas mentales
  • El barrio vivido y el barrio imaginado
  • Vivir en el barrio o vivir el barrio

IV. EL BARRIO VIVIDO (2ª parte): La Comunidad barrial

  • La Comunidad barrial
  • Mi tramo de calle
  • La vida de las aceras
  • El comercio del barrio

IV. EL BARRIO VIVIDO (3ª parte): El ocio en el barrio

  • Fiestas de barrio
  • Bares de barrio
  • El futbol en el barrio
  • El cine en el barrio

IV. EL BARRIO VIVIDO (4ª parte): El barrio de los cuidados

  • El Barrio es de las mujeres
  • Barrio y cuidados
  • El declive del barrio vivido

V. EL BARRIO COMO SOLUCIÓN: del buen vecino a la revolución

  • Barrio y vecindario
  • El buen vecino
  • El barrio tiene nombre, el vecindario no
  • Descentralización y gobierno barrial
  • Barrio como ideología.
  • Las luchas barriales
  • El barrio como lugar de supervivencia
  • El barrio resiliente
  • La ideología de barrio como freno al cambio social
  • Relaciones de poder en el barrio

VI. BARRIO E INSTITUCIONES

  • El barrio de las diferentes disciplinas
  • El barrio en el norte y sur global
  • Conquistar el eje del barrio
  • El barrio telaraña
  • El barrio como lugar de reunión de las instituciones
  • El barrio como mero receptor de la acción comunitaria
  • El papel de la salud comunitaria en la construcción del contrapoder, contracultura y contrainstitución, desde el barrio.

VII. EL TIEMPO EN EL BARRIO

  • Barrio, tiempo y aceleración
  • Barrio como mundo del peatón
  • Barrio y vida cotidiana

VIII. EPILOGO Y CONCLUSIONES


REFERENCIAS Y NOTAS

[1] Kevin Lynch, The image of City (1960) En español: Lynch, K .“La imagen de la ciudad”. Gustavo Gili editorial, 2015

[2] “Las sendas son calles, autopistas y otras vías, como el metro y los ferrocarriles. Los nodos son cruces importantes de calles, confluencias de medios de transporte o lugares que la gente usa habitualmente como puntos de referencia para sus citas. Los hitos son monumentos, edificios u otros elementos claramente identificables, con significado e identidad propios. El exterior de un edificio histórico puede servir como hito para la población, pero también puede hacerlo cierto cartel o un árbol concreto. Los barrios no siempre coinciden con las divisiones administrativas oficiales. Son zonas que suelen percibirse como unidades con características propias. Un borde es cualquier elemento de ruptura que separe dos zonas, dificultando el acceso o la visibilidad. Una muralla o un río actúan como bordes, pero un paso elevado o una avenida difícil de cruzar pueden también ser vistos como barreras o líneas divisorias”. Fuente: W. McGrath Geografia de la percepción. El País, 22/04/1986 

[3] Gould, P. y White, R. “Mental Maps” Routledge , 1986

[4] W. McGrath Geografia de la percepción. El País, 22/04/1986

[5] Se estudian más los aspectos individuales que los colectivos. Es el individuo quien modela y responde a su medio natural y socio-cultural, negándose el determinismo social. Se analiza la conducta del hombre individual en el espacio. La conducta es lo único observable (behaviorismo). Se rechaza la introspección. Es una variante del positivismo lógico. Sólo introduce elementos subjetivos procedentes de la psicología: la conducta.

[6] Os dejo varios vínculos interesantes de aplicación de la metodología de mapas mentales a los barrios:

[7] La geografía radical se opone a la geografía académica positivista y cuantitativista que inspira la planificación urbanística dominante . Pretende cambiar la realidad social. Se desprecian los estudios que no sean socialmente significativos. Se critica el orden espacial existente, en especial el urbano. Básicamente hay dos corrientes, una radical liberal (reformista) y una radical marxista (revolucionaria). La primera es la Geografía del Bienestar (Knox, Coates, Johnston, Smith) comprometida con la ordenación y planificación territorial, como instrumentos que transformen y aumenten el bienestar (calidad de vida) de los individuos. La segunda revaloriza el análisis de la realidad histórica para elaborar teorías sociales, además de resaltar la dependencia del contexto social, de los intereses del grupo dominante y del modo de producción. En EE UU esta visión marxista corre a cargo de geógrafos ex-cuantitativistas como Bunge, Folke o Harvey. Se funda la revista “Antipode. A Radical Geography” (1968), nace la Asociation of American Geographers (1969) y se asesora a los movimientos sociales y políticos. Es una Geografía de izquierdas que pretende una sociedad equitativa y libre, y lucha contra los problemas de miseria, contaminación, racismo, guerra e imperialismo

[8] Harvey , D  “Urbanismo y desigualdad social” Siglo XXI, 1977, pag 17, citado por Gravano Op. Cit. pag 139

[9] Los paseos de Jane. Ver: Susana Jimenez Carmona y Ana Useros (coordinadoras “El paseo de Jane, tejiendo redes a pie de calle” Modernito Books. Madrid 2016

[10] Bertrand, MJ. “La ciudad cotidiana”. Instituto de Estudios de Administracion Local, Madrid, 1981. Citado por Gravano, A, Op. cit. pag 140

[11] Ledrut, R. “Sociologia urbana”. Instituto de Estudios de Administracion Local, Madrid, 1976. Citado por Gravano, A, Op. cit. pag 100

[12] Afirmación de Ruth Glass, citada en el libro de Susane Keller “El vecindario urbano: una perspetiva sociológica”. Siglo XXI, 1977 (a su vez citado en Gravano, A. Op. cit. p 102)

[13] Usa el termino inglés neighbourhood, que en este contexto podría traducirse por barrio

[14] Keller, S. Op. cit. pag 231; citado en Gavano, A, Op. cit. pag 107

[15] Oyón, JL “La quiebra de la ciudad popular: espacio urbano, inmigración y anarquismo en la Barcelona de entreguerras, 1914-1936” Ediciones del Serbal. Barcelona, 2008

[16] Jacobs, J “Muerte y vida de las grandes ciudades”. Capitan Swing. 3ª edición, Madrid, 2013

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.