El barrio de los cuidados (3ª parte): Deconstruyendo hábitos

Por Javier Segura del Pozo
Médico salubrista

Seguimos destripando la noción de barrio desde el mundo de los cuidados y la reproducción social en la vida cotidiana. Hoy deconstruiremos algunos hábitos de salud y algunas habilidades para la vida que se originan en los barrios y que están en el centro de las pre-ocupaciones del “hacer salud comunitaria”. Analizaremos los códigos y significaciones sociales que acompañan a estos hábitos, y que hay que descifrar para ayudar a cambiarlos. Reconoceremos el valor y la complejidad de las habilidades implícitas en acciones de cuidado como: el pensar qué-hacer-de-comer, la astucia de la compra o el arte de cocinar. Todas desvalorizadas por formar parte de lo cotidiano. También reivindicaremos la necesidad de “ser callejeros” en nuestra práctica comunitaria.

Hacer la compra

Un ejemplo central de este aprendizaje relevante para la salud, en el ámbito de la familia y el barrio, son las prácticas asociadas a la alimentación, que empiezan con la compra de los alimentos en los comercios del barrio. Comprar es aparentemente un simple intercambio de productos por dinero. Pero, como nos cuenta Pierre Mayol[1]en su investigación sobre la vida cotidiana en el barrio popular de Croix-Rousse de Lyon, comprar es una acción inscrita en unos sutiles códigos culturales, en un habla social y un comportamiento regido por “la conveniencia”. La conveniencia de lo que se puede o no se puede decir y hacer en el espacio comercial, a la hora de relacionarse con otros compradores, en la cola del puesto, o en el dialogo con el propio comerciante .

Las astucias de comprar en los mercados. Fuente: Diario de Mallorca.

Un ejemplo lo tenemos en los códigos de los mercados.  Los vendedores que llaman a los clientes con un habla erótica o pícara (“¡Acércate, mi amor!”), un juego de palabras y bromas llenas de doble sentido  (“¡Tengo las cebollas bien puestas!”)[2]. La compra en el barrio forja una relación de confianza con un comerciante (“Le he sido infiel”, dice la cliente a su comerciante, cuando lleva en su bolsa productos comprados en otra parte). El comerciante tiene que demostrar “una memoria prodigiosa, no olvida nada, todo lo registra, conoce los gustos de cada uno y cada una, llama a casi todas sus clientes por su nombre de pila y tutea a los que conoció jóvenes, conoce a todos los niños”[3]. Es el comerciante confidente. “Cada vez que un acontecimiento se produce en el barrio (accidente, muerte, nacimiento, vigilancia policiaca, etc.) le basta visitar a Robert para tener su conocimiento. Ahí es donde el barrio habla[4].

Como nos cuenta Luce Giard[5]en su investigación sobre el hacer de comer en la vida cotidiana, la compra requiere habilidades artesanales, múltiples y poco reconocidas socialmente, antiguamente transmitidas de madres a hijas, para comprar lo mejor y lo más sano, para enfrentarse al engaño potencial del vendedor. Para jugar con astucia el astuto juego del vendedor:  “El índice extendido acariciaba la carne de la fruta para conocer su madurez, el pulgar palpaba la firmeza de los rábanos, un vistazo circunspecto detectaba la presencia de manchas en las manzanas, se aspiraba largamente el perfume de los melones y el aroma de los quesos de cabra (…). Se inspeccionaba cuidadosamente la cabeza del pollo, el brillo de sus ojos, el color de la cresta (…)”[6]. En el mundo actual en que se compran mayoritariamente productos envasados, etiquetados y estandarizados, esta habilidad artesanal se convierte en un “análisis científico” del etiquetado por parte del buen consumidor del supermercado: comprobar el contenido calórico, de conservantes, aditivos o grasas no saturadas, valorar la huella ecológica por el origen del producto, etc.

Hacer de comer

Se come para satisfacer las necesidades energéticas, pero el alimento es un alimento culturizado. Son alimentos “escogidos y preparados conforme a leyes de contabilidad y reglas de conveniencia de cada área cultural”[7]. “De un grupo social a otro, no se consumen los mismos productos, no se les combina de la misma manera y no se les aprovecha respetando el mismo código de modales al sentarse en la mesa”[8]. La práctica alimentaria se basa en una red de emociones e impulsos (de atracción y de disgusto) respecto a los olores, colores, formas y consistencias de los alimentos, que tienen su origen en la biografía familiar y en la cultura del grupo social de pertenencia[9].

Cada hábito alimentario es una serie de acciones, ritos, códigos insertados en lo invisible cotidiano, que se ejecutan porque “siempre se ha hecho así”. Al elegir un menú o un alimento, podemos usar nuestro raciocinio, pero estamos determinados por nuestra historia, y especialmente nuestras historias con nuestra madres. “¿Qué comemos? (…) Comemos lo que nuestra madre nos enseñó a comer, lo que la madre de nuestra mujer le enseñó a comer (…). Comemos nuestros recuerdos (…) que marcaron nuestra primera infancia (…). También comemos nuestras representaciones sociales de la salud, lo que suponemos es bueno para nosotros”[10]. “Una mezcla de corazón y razón, entre lo bueno, es decir el gusto personal, y lo bueno para la salud, es decir mi interés. Entre la tradición y los consejos de la dietética moderna”[11].

La buena cocinera (y el buen cocinero) requiere inteligencia, memoria, planificación y astucia. Fuente: Blog “Los cinco fuegos”. Liliana Martinez y Torres. “Una buena cocinera en una cocina animada”  

El comprar y cocinar requiere una serie de habilidades manuales y mentales, en la que todos los recursos de la inteligencia y la memoria se movilizan. A veces, solo las empezamos a apreciar cuando tenemos que iniciarnos en estas tareas al independizarnos de los padres; más bien de las madres. Las habilidades empiezan por lo más difícil y pesado: la planificación de la compra, es decir, pensar qué-hacer-de-comer. La fatigante historia cotidiana de siempre pensar en eso[12]. Para muchas mujeres es la prueba del algodón del grado de corresponsabilidad del hombre en el arte de alimentarse, frente al simple “ayudar” en la compra o cocinar (ocasional o frecuentemente). El pensar qué-hacer-de-comer es el Cum laudem de la corresponsabilidad.

Las habilidades del proceso de planificar, comprar y cocinar incluyen el reto de enfrentarse a las posibles contingencias de la vida cotidiana. Es parte del buscarse la vida: “Hay que calcular, su tiempo y su dinero, no rebasar el presupuesto (…). Hay que evaluar en un abrir y cerrar de ojos lo que resulta mas ventajoso, como precio, como preparación y como sabor. Hay que saber improvisar con brío, cuando la leche se derrama sobre el fuego, cuando ya fuera del paquete y desangrada la carne se revela insuficiente para cuatro invitados (…) Hay que acordarse de que Beatrice no tolera el pastel de chocolate…”[13].

Hacer la comida requiere de “una memoria múltiple de acciones vistas (el instante preciso en que la crema inglesa comienza a cubrir la cuchara y debe retirarse del fuego para evitar que se derrame) (…), una inteligencia programadora (calcular con astucia los tiempos de preparación y cocción), una receptividad sensorial (el olor salido del horno), la ingeniosidad creadora de astucias (¿cómo aprovechar los restos para hacer creer que se trata de un plato diferente?), organizar la secuencia cronológica de: prever, organizar y proveerse; preparar y servir; levantar la mesa, guardar y limpiar”[14].

La memoria de los fogones. Fuente: https://www.viceversa-mag.com/memoria-de-los-fogones/

Inmenso esfuerzo el del arte de cocinar que tiene que compensar la frustración de lo finito (la desaparición de la obra de arte tras su consumo), no solo con el placer del proceso creador (difícilmente sostenible en una rutina semanal), sino con el reconocimiento explícito del placer obtenido por parte de los comensales (el piropo por la comida servida) o bien con la simple autoestima y el orgullo por el importante papel cotidiano en el cuidado y la salud de la familia.

Todo lo anterior nos lleva a considerar que el cambio de los hábitos de alimentación no solo pasa por la razón, es decir, por acceder a una información o educación nutricional o dietética, sino por tener en cuenta las profundas raíces emocionales, sociales y culturales que determinan estas prácticas y los duros condicionantes cotidianos para cambiarlas: el acceso a alimentos saludables y a precios asequibles en el barrio, los limites de los ritmos laborales y domésticos para “cocinar sano” (o sencillamente, para cocinar, en vez de “comer cualquier cosa”, de “tirar del microondas” para calentar alimentos precocinados, etc), la influencia de la publicidad y oferta a bajos precios de comida basura, la sobrecarga y fatiga asociadas a la falta de corresponsabilidad en las tareas domésticas, las resistencias al cambio de alimentos o a la manera de cocinarlos, por parte de los miembros de la familia, etc.

Comida familiar. Fuente: Antena 3 TV

Moverse

De la misma forma, el grado de actividad física y el sedentarismo tienen mucho que ver con los usos, oportunidades y limitaciones generados en estos espacios familiares y barriales. Uno se inicia en el barrio a pasar tiempo encerrado en casa o salir a la calle; a moverse caminando, en bicicleta o en vehículo de motor. El número de horas que uno pasa sentado ante el televisor u otras pantallas, si se usa o no el coche para desplazamientos cortos, si se inicia uno en el placer del caminar, pedalear o correr, tiene que ver con modelos familiares y sociales, así como con las oportunidades brindadas por el barrio: la forma de las aceras, las calles, las plazas y el tráfico; la seducción y animación del espacio público; la visión de otras vecinas y colegas disfrutando con la movilidad activa y practicando el ejercicio físico.

Ir en bici. Fuente: https://www.cicloescuela.com

Una de las primeras decisiones trascendentes que marcará los futuros hábitos de movilidad y que tiene que ver con modelos familiares y sociales, pero también con condicionantes urbanísticos del barrio es si ir en coche, andando o en bicicleta al colegio. Los programas que promueven el ir caminando al colegio[15]o usar la bici para estos primeros transportes cotidianos[16], no solo favorecen la actividad física regular, sino la autonomía del escolar (ir solo al colegio), la mejora del espacio público y la ausencia de los efectos adversos (contaminación, ruido, accidentes, etc.). Estas acciones (o más bien su ausencia) están ligadas a la imagen de la abrumadora concentración de coches en doble fila delante de los colegios, a la tensa hora de dejar o recoger al alumnado. El uso de la bicicleta se incorpora así fácilmente en la vida cotidiana del niño o la niña, también el disfrutar del conocimiento y reconocimiento del barrio, al ritmo del caminar, y de la apropiación del espacio público (de la acera, de las plazas y jardines) por el que se atraviesa, y de los comercios y esquinas del barrio que se van descubriendo.

También el reparto de roles de género en esta actividad física se aprende y consolida en el barrio. La consideración del futbol y otros deportes como actividades masculinas, o femeninas o de ambos sexos, es frecuentemente forjada por los padres. Por ejemplo, aquellos hombres-padres-no-ausentes que enseñaron a dar las primeras patadas al balón o a montar en bicicleta. Si no son los padres, serán los compañeros de juego quienes marquen lo que es procedente o no en las actividades físicas, según los códigos culturales introyectados desde la familia y la calle. De nuevo: la conveniencia.

Juegos diferenciados por sexos. Fuente: El mercader de juegos

Por ejemplo, el uso diferenciado por niños y niñas del patio del colegio durante el recreo (ellos el balón, ellas el juego o la conversación), también determina la actividad física, el juego y la compañía que son procedentes para uno u otro género, y dificulta la coeducación.

Sin embargo, la notable actividad física asociada a las tareas domésticas, generalmente no se incluye en el registro de actividad física. Tal vez, porque no sea placentera, tal vez, porque sea femenina, tal vez, porque forme parte de lo cotidiano y normal, es decir, lo que no merece la pena fijarse y valorar.

Droga, sexo y… apuestas

En las calles del barrio también se adquieren los llamados hábitos nocivos de salud: la presión del grupo de colegas para iniciarse en el tabaco, en el alcohol u otras drogas. También la sexualidad se aprende generalmente en “la escuela de la calle” con los y las colegas. Las menos veces, en la escuela oficial o en la familia. El sexo seguro o el sexo de riesgo, el sexo sumiso o el sexo placentero. El sexo que decepciona y produce rechazo o el sexo que es un gozoso descubrimiento, una fuente de maduración y un estímulo para la vida.

La vida del banco y buscarse la vida. Fuente: “Josear” de Yorokubu

Ya vimos en los capítulos anteriores, cómo “la vida de banco y de esquina”[17]con los colegas es una fuente importante de aprendizaje: de cómo “apañárselas” y cómo “arreglar el mundo. Al compartir ilusiones y deseos, junto con la conciencia de la posibilidad de satisfacerlos o, al contrario, de resignarse, se generan patrones de conductas. Los periodos de crisis sociales y económicas impactan especialmente en los barrios populares y en las expectativas de futuro de su juventud. La crisis de los años 80 estuvo asociado a la resignación por el futuro, representado en al lema punk del No Future, y fue el caldo de cultivo que facilitó la introducción de la heroína en los barrios obreros y la destrucción de sus lazos comunitarios (sobre lo que más delante volveremos). Con la crisis actual, iniciada en 2008, se esta volviendo a revivir algunas cosas de este pasado. Al resurgir del consumo de la heroína y del abuso del alcohol, se añaden nuevas adicciones como la ludopatía favorecida por la creciente y preocupante presencia de casas de  apuestas en las principales calles de los barrios populares.

Manifestación en un barrio de Tetuán contra la proliferación de casas de apuestas. Fuente: Canal 33.

“Hacer salud comunitaria” con los jóvenes de los barrios, frecuentemente significa abordar el consumo de tabaco, alcohol y drogas, además de las prácticas sexuales, el manejo de las emociones y las relaciones sociales, el respeto al otro/otra y la tolerancia por la diversidad. Eso exige dominar los códigos de “la vida de banco” y la “escuela de la calle”. Demanda saber “ser callejero/a”. Pero ¡ojo!: ¿por qué solo pensamos en los jóvenes cuando nos preocupamos por la consecuencia en la salud de los hábitos de beber alcohol, fumar, drogarse o practicar sexo? ¿Qué códigos tenemos que manejar y en qué ámbitos tenemos que trabajar para abordar estos hábitos en los adultos?

¿Puedo jugar con vosotros?

El barrio también es importante para la salud mental y social. Como hemos dicho anteriormente, es el espacio donde se genera la sociabilidad, primaria y secundaria. Donde aprendemos a relacionarnos, a vivir juntos, a conocer y entender a los diferentes. Empieza con la decisión de acercarnos o no a un corro de niños y niñas, y preguntar si podemos jugar con ellos. El primer y fundamental paso, limitado por la timidez o facilitado por el desparpajo. Timidez y desparpajo que también se moldean en la familia y en el barrio. Podemos decir que esta sociabilidad es otro hábito de salud que se aprende u otra habilidad para la vida. Y su limitación es un riesgo importante para la salud, especialmente para la salud mental y emocional, aunque no solo: también determina la capacidad de pedir ayuda en caso de necesidad o amenaza de la salud física. El barrio es donde aprendemos el manejo de los instrumentos contra la soledad no deseada.

¿Puedo jugar con vosotros?. Fuente: El Comic de Natalia por nnataliia04 en StoryBoard 

——-

Esta entrada forma parte de la obra “La noción de Barrio”, que tiene el siguiente índice (donde se señalan con un hipervínculo activo las entregas ya editadas y a las que puedes acceder):

I. INTRODUCCIÓN

II. EL BARRIO COMO LUGAR

  • Barrio y Comunidad
  • Barrio como parte de la ciudad
  • Barrio como periferia
  • No hay barrio pobre si no hay barrio rico
  • Invisibilidad y desvelamiento del barrio
  • La unidad territorial mínima significativa.

III. EL BARRIO COMO PROBLEMA (1ª parte): segregación

  • Barrio como problema urbano
  • Segregar y homogeneizar
  • El poblado
  • Los barrios dormitorios
  • Rehabilitación barrial

III. EL BARRIO COMO PROBLEMA (2ª parte): estigmatización

  • Los chicos de la esquina y la vida de banco
  • El barrio de los canis y de las chonis
  • La delincuencia juvenil y el fracaso escolar
  • Integración social frente a segregación social
  • El barrio estigmatizado.
  • El barrio étnico

IV. EL BARRIO VIVIDO (1ª parte): Mapas mentales

  • El barrio como espacio subjetivo. Los mapas mentales
  • El barrio vivido y el barrio imaginado
  • Vivir en el barrio o vivir el barrio

IV. EL BARRIO VIVIDO (2ª parte): La Comunidad barrial

  • La Comunidad barrial
  • Mi tramo de calle
  • La vida de las aceras
  • El comercio del barrio

IV. EL BARRIO VIVIDO (3ª parte): El ocio en el barrio

  • Fiestas de barrio
  • Bares de barrio
  • El futbol en el barrio
  • El cine en el barrio

IV. EL BARRIO VIVIDO (4ª parte): El declive del barrio vivido

  • El atractivo de un barrio
  • Barrios nuevos y barrios viejos
  • El barrio aburrido
  • El barrio invadido por el coche
  • El barrio vampirizado: gentrificación y turistificación
  • La necesidad hace barrio

V. EL BARRIO DE LOS CUIDADOS (1ª parte): El barrio es de las mujeres

  • La geografia del poder
  • El barrio es de las mujeres
  • El barrio como transición entre el dentro y el afuera
  • Cuidado y reproducción en la escuela

V. EL BARRIO DE LOS CUIDADOS (2ª parte): hábitos de salud y vida cotidiana

  • Ir al médico es cosa de mujeres
  • Hábitos de salud
  • Hábitos disciplinados (Foucault)
  • Hábitos socialmente estratificados (Bourdieu)
  • Las tácticas rebeldes cotidianas (Certeau)
  • Hábitos de salud y vida cotidiana del barrio

V. EL BARRIO DE LOS CUIDADOS (3ª parte): deconstruyendo hábitos

  • Hacer la compra
  • Hacer de comer
  • Moverse
  • Droga, sexo y …apuestas
  • ¿Puedo jugar con vosotros?

V. EL BARRIO DE LOS CUIDADOS (4ª parte): Cuidado Comunitario

  • Salir de la consulta médica al barrio
  • Los avisos domiciliarios
  • El barrio de entresemana
  • El barrio de los fines de semana
  • Las luchas para cuidar al barrio
  • Cuidado, género y distancia al trabajo
  • Cuidado comunitario
  • Ciudad de los cuidados o Barrio de los cuidados
  • Barrios saludables

VI. EL BARRIO COMO SOLUCIÓN: del buen vecino a la revolución

  • Barrio y vecindario
  • El buen vecino
  • El barrio tiene nombre, el vecindario no
  • Descentralización y gobierno barrial
  • Barrio como ideología.
  • Las luchas barriales
  • El barrio como lugar de supervivencia
  • El barrio resiliente
  • El barrio de la innovación social
  • La ideología de barrio como freno al cambio social
  • Relaciones de poder en el barrio

VII. BARRIO E INSTITUCIONES

  • El barrio de las diferentes disciplinas
  • El barrio en el norte y sur global
  • Conquistar el eje del barrio
  • El barrio telaraña
  • El barrio como lugar de reunión de las instituciones
  • El barrio como mero receptor de la acción comunitaria

VIII. EL TIEMPO EN EL BARRIO

  • Barrio, tiempo y aceleración
  • Barrio como mundo del peatón
  • Barrio y vida cotidiana

IX. LA SALUD EN EL BARRIO

  • Código genético y código postal. Los mapas de esperanza de vida por barrio
  • Desigualdades sociales en salud y barrio
  • Los mapas de activos de salud de los barrios
  • La salud y los cuidados en la vida cotidiana
  • El papel de la salud comunitaria en la construcción del contrapoder, contracultura y contrainstitución, desde el barrio.

X. EPILOGO Y CONCLUSIONES

 


REFERENCIAS

[1]Pierre Mayol. “Habitar”. Primera parte del libro: Certeau, Michel; Giard, Luce y Mayol, Pierre. “La invención de lo cotidiano 2º parte: Habitar, Cocinar” Universidad Iberoamericana, Mexico 2000. Pag 3-133

[2]Ibidem. Pag 27-32

[3]Ibidem, pag 76

[4]Ibidem pag 83

[5]Luce Giard. “Hacer de comer”. Segunda parte del libro: Certeau, Michel; Giard, Luce y Mayol, Pierre. “La invención de lo cotidiano 2º parte: Habitar, Cocinar” Universidad Iberoamericana, Mexico 2000. Pag 151-257

[6]Ibidem pag 211-212

[7]Ibídem pag 172

[8]Ibidem pag 182

[9]Ibidem pag 191

[10]Ibidem pag 189-190

[11]Ibidem pag 194

[12]Ibidem pag 206

[13]Ibidem pag 206-207

[14]Ibidem pag 160

[15]Madrid a pie, camino seguro al colé”. Ayuntamiento de Madrid.

[16]Proyecto STARS

[17]https://saludpublicayotrasdudas.wordpress.com/2018/06/18/el-barrio-como-problema-ii/#more-4091

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .