El barrio de los cuidados (4ª parte): Cuidado Comunitario

Por Javier Segura del Pozo
Médico salubrista

Cerraremos hoy la exploración de la noción de barrio desde el enfoque de los cuidados. El conocimiento del barrio como fuente de enfermedad e iniquidad exige salir al profesional sanitario fuera del centro de salud al ámbito comunitario. Este va más allá de la atención domiciliaria. Las lógicas del mundo productivo (jornada laboral, distancia al trabajo, empleo femenino, desempleo, jubilación) determinan diferentes dinámicas y escenarios en el barrio, según sea entresemana o fines de semana, y también diferentes usos espaciales según edad y género.  El rol femenino en los cuidados, hace que el barrio haya sido tradicionalmente el espacio de las mujeres. Lo que se traduce en su protagonismo en las luchas barriales, pero también en un cierto rechazo del feminismo a las ideas comunitaristas. La noción de cuidado comunitario, como cuarto actor (junto al cuidado de la familia, el estado o el mercado) y como forma de solidaridad colectiva, se enraíza en una doble tradición de resistencia: frente al capitalismo (la camaradería obrera) y frente al patriarcado (la sororidad y la reivindicación de la corresponsabilidad social de los cuidados).

Salir de la consulta médica al barrio

En anteriores entradas hemos visto como alimentarse, moverse, beber alcohol, fumar, drogarse, practicar sexo o relacionarse con otros, son prácticas que preocupan y ocupan en la promoción de la salud y que se originan en la vida cotidiana del barrio. Pueden cambiarse desde la voluntad individual, pero este cambio no es fácil si no se considera su origen social. Los hábitos de salud, como todos los hábitos, están determinados socialmente. Por eso, el conocer el barrio es tan importante para ejercer bien y eficazmente la medicina y para promocionar la salud.

El barrio es el lugar de referencia no solo para la escuela, sino para el centro de salud. En aquellos países como el nuestro, con un sistema de salud basado en una Atención Primaria de Salud zonificada[1], el barrio es la puerta de entrada a los servicios sanitarios. En otros países, como la Colombia que he conocido, con un sistema de salud determinado por el mercado (los seguros médicos o EPS), los centros de salud contratados por las aseguradoras (las IPS) no estaban mayoritariamente en los barrios, sino en la ciudad (en el centro de la una gran ciudad como Bogotá), donde está el poder y el dinero[2].

No solo es por eso (ubicación del centro de salud en la zona de residencia de los usuarios potenciales) por lo que aquí el barrio es importante para la atención sanitaria, sino porque permite conocer cómo se genera la enfermedad y qué oportunidades hay de prevenirla y curarla. Saber qué limitaciones y oportunidades de salud existen y cómo conservarlas. Parte de este conocimiento se puede adquirir desde el consultorio, escuchando lo que cuentan los pacientes (generalmente: las pacientes).  Pero muchas veces, este relato está filtrado, distorsionado y contaminado por el propio discurso médico interiorizado (lo que es pertinente decir y no y cómo nombrarlo) y por el hecho de que la demanda no equivale a la necesidad (hay necesidades que no se expresan en demanda).

Los avisos domiciliarios

Por eso, muchas veces el profesional sanitario solo conoce esta realidad cuando sale de la consulta y del centro de salud a hacer los avisos domiciliarios (casi la única salida exigida por la institución sanitaria): a conocer el espacio privado de la casa, y, si se es observador u observadora, a fijarse también en el espacio público (en la calle), durante el trayecto del centro sanitario a aquel domicilio que ha requerido nuestra presencia extraordinaria por una urgencia. Es decir, cuando se aprovechan los avisos para conocer el barrio y no solo para pasar por el barrio.

Aunque hacer visitas domiciliarias no tiene porqué ser equivalente de “hacer salud comunitaria”. No olvidemos que se sale del centro para hacer avisos, cuando no queda más remedio (porque el paciente no puede desplazarse al centro), no porque se quiera “conocer la comunidad” y sus lógicas. Mediante la atención domiciliaria, normalmente se lleva la lógica del centro al domicilio del paciente.

¿Es la atención médica domiciliaria una intervención comunitaria? Fuente foto: http://www.miraflores.gob.pe/_contenTempl1.php?idcontenido=5890

Hace unos días me enteré de que uno de los criterios básicos utilizados para reconocer la experiencia profesional de enfermería como valorable para obtener el titulo de la especialidad de “enfermería familiar y comunitaria” (EFyC), por parte del ministerio de educación español (en el proceso de reconocimiento extraordinario a las enfermeras con práctica anterior a 2011, fecha de inicio de la especialidad), es haber hecho atención domiciliaria. El domicilio es considerado al parecer el ámbito comunitario por excelencia de la EFyC, probablemente por ser casi el único de práctica “extramural” (como se dice en Latinoamérica) institucionalizada.

Sin embargo, sin pretender quitarle nada de su valor y de la oportunidad que supone para ampliar la mirada de la consulta, creo que la atención domiciliaria tiene sus limitaciones para ser considerado “el ámbito comunitario de la enfermería”. Me explico:

  1. Basándonos en el doble apellido de la especialidad (EFyC), creo que el domicilio es más un ámbito familiar que comunitario. Es el ámbito del espacio privado de la vivienda, frente al espacio público comunitario. Es el interesante espacio de los cuidados familiares, que incluyen el cuidado del paciente (agudo o crónico), importante objeto de los cuidados de enfermería.
  2. Es un ámbito donde puede (y suele) ejercerse una práctica profesional que no tiene porqué ir acompañada de una perspectiva comunitaria, cuando se aplica la misma mirada y se hace lo mismo de lo que se hace en el centro de salud. Y finamente:
  3. Hay otros ámbitos comunitarios (educativo, asociativo, cultural, recreativo, comercial, espacio público, etc.) en los barrios que suponen un mayor reto para la mirada clínico-individual y la imposición de sus lenguajes, relatos y lógicas.

Esta es probablemente la razón por la que creo que estos otros ámbitos comunitarios, no son suficientemente valorados y jerarquizados en relación a la visita domiciliaria por parte de las instituciones (sanitarias y educativas de acreditación de las titulaciones)[3].

Los objetivos y métodos de la atención domiciliaria (hacer en la vivienda lo mismo que se hace en la consulta) no son exactamente los mismos que los que tenían las antiguas visitadoras sanitarias, consideradas por muchos como las pioneras y referentes de la EFyC (también de las trabajadoras sociales). Ellas visitaban la vivienda obrera para conocer las condiciones de vida y para instruir (también se llamaban instructoras Sanitarias) a los obreros, o mejor dicho, a las obreras, sobre cómo deben cuidar a sus criaturas y a sus enfermos, y por qué reglas higiénicas y de comportamiento se debe guiar la familia obrera.

Enfermeras visitadoras de Boston. 1910. Historia de la Enfermería. V III. M.E. Donahue. Doyma

Dictaban pautas de cuidado y eran la mirada panóptica de los que gobernaban la ciudad, preocupados por el peligro higiénico de los barrios bajos y el libertinaje del proletariado. Es decir, por lo que entonces se denominaba la cuestión social. Para ser justos, debemos decir que, como todos los y las salubristas o higienistas de la época, muchas no ejercían como el brazo represor de la burguesia, sino que empatizaban con la difíciles condiciones de vida de la familia proletaria, ayudaban en lo que podían a aliviarlas y denunciaban públicamente esta injusticia social.

El Barrio de entresemana

Decíamos que el barrio ha sido históricamente el lugar de las mujeres, aunque también de los niños y de las personas mayores, es decir, de los grupos laboralmente “no activos” por edad y sexo, en tanto que el adulto trabajador, generalmente varón, apenas lo usaba más allá de para dormir. Cuando hay desempleo, el barrio también es el lugar de los hombres parados que descubren un nuevo barrio: el de las mañanas de los días de entresemana, normalmente habitado por amas de casa, niños y personas mayores. Cuando se es expulsado del mundo del trabajo, por desempleo o jubilación, es cuando se descubre qué otros ritmos, paisajes y paisanajes hay en tu barrio durante “los lunes al sol”, como se llamaba la maravillosa película de Fernando León de Arana[4].

Cartel del film “Los lunes al Sol”

Sin embargo, cuando trabajas, tu barrio es el que te encuentras por la tarde o noche a la vuelta del trabajo, o el que conoces y vives los fines de semana. El barrio va cambiando dependiendo de las horas del día y de las diferentes actividades de cuidados y ocio asociadas a cada horario. El barrio de entresemana ha sido especialmente el barrio de las mujeres. Y alrededor de los cuidados se generaba y se genera una sociabilidad especial. El comadreo entre las mujeres del barrio crea lazos de lealtad. Aquí tenemos esta imagen color sepia de las mujeres sentadas en sillas de enea en una calle del barrio de Palomeras, charlando y haciendo punto, que se une a las que vimos en las fuentes y los lavaderos públicos

Imagen de vecinas del barrio de Palomeras (Vallecas) cosiendo, 1960. Fuente: http://www.entredosamores.es/insolito%20madrid/insolito297.html

El barrio de los fines de semana

Además, hay un barrio de entresemana y un barrio de fines de semana. El mismo escenario, pero diferentes actores y papeles. Pero durante el fin de semana, el barrio, como lugar de lo cotidiano, se queda corto e insípido: es cuando procede abandonar el barrio e ir a visitar la ciudad, que también se transforma el fin de semana. El barrio sirve para lo cotidiano y los cuidados, la ciudad se usa para lo extraordinario y el ocio. Aunque hay una ciudad ordinaria: la del trabajo.

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Manifestación sindical en San Sebastian 1922 (Fuente: Kukutxa). El descanso dominical fue una reivindicación obrera que no se obtuvo en España hasta 1904. El descanso del sábado vino bastante después. 

Dentro del fin de semana, Pierre Mayol[5] hace una interesante distinción entre el uso del espacio urbano (barrio y ciudad) de los sábados y de los domingos, por parte de los trabajadores, a partir de la reducción de la semana laboral en las décadas posteriores a la II Guerra Mundial[6]. Con la semana laboral de cinco días (llamada en España “la semana inglesa”), a los usuarios del barrio se les abre diversas opciones de tiempo libre. Cuando se trabajaba los sábados, los obreros solo disponían de una ciudad “muerta” (cerrada los domingos). Los sábados libres dieron lugar a la presencia importante de hombres en los lugares de comercios. El comercio se adaptó a esta nueva realidad, desarrollando servicios que les podían interesar (herramientas, jardinería, mecánica para el automóvil, etc.). Además, los sábados libres transformaron la moda del vestir del trabajador, abandonándose la vestimenta “endomingada”, tan característica del obrero de la postguerra, por ropas más juveniles, más variadas y más informales, alcanzando su culmen en el cómodo chándal, prenda por excelencia de los sábados.

Hombres comprando en un hipermercado de bricolaje y jardinería. Fuente foto: 123RF

El cambio de la jornada laboral y la mayor capacidad de consumo del proletariado supuso la apropiación del espacio urbano durante el tiempo libre del sábado por un sujeto itinerante y cargado de deseos (de consumo de productos y de signos, de disfrute del ocio, etc.). Con los sábados libres, muchos descubrieron la ciudad y la consumieron, Antes se iba a la ciudad a ver escaparates, donde había productos sobre los que soñar, pero generalmente inalcanzables. Ahora puede, por fin, reconocerse en la ciudad como consumidor y no solo como productor o espectador. Se va al centro de la ciudad a consumir, pero también a las grandes superficies comerciales instaladas en las periferias y a los mercados del barrio. Ir al mercado empieza a ser una tarea que puede encargarse a los hombres. Así empiezan a verse a hombres en los mercados con la lista de la compra en la mano, preparada por sus mujeres.

Hombre comprando en el supermercado con la lista de la compra en la mano. Foto: Wikimedia Commons

Así pues, el barrio del fin de semana se diferencia según los días: el viernes tarde, que es cuando empieza la fiesta del fin de semana (es decir, es tiempo de ocio, frecuentemente en el barrio), el sábado mañana (tiempo de compra y otras tareas), el sábado tarde (tiempo de ocio, frecuentemente en la ciudad), el domingo por la mañana y al mediodía (tiempo de ceremonias, comidas familiares y de encuentros y visitas de amigos) y la triste tarde de domingo, la cuesta abajo hacia el siniestro lunes, en que tenemos que prepararnos mentalmente para la vuelta al trabajo.

De cualquier forma, aunque los hombres aumentaron su conocimiento del barrio con la jornada laboral de cinco días (y con las vacaciones), no se podía comparar con el grado del conocimiento del barrio por parte de las mujeres.

Las luchas para cuidar el barrio

Y ese conocimiento del barrio y su historia (la de sus vecinos y vecinas) es el que explica el importante papel jugado por las mujeres en la organización de los movimientos vecinales de Madrid durante el tardofranquismo y el principio de la transición democrática. En el caso de Madrid, justifica su protagonismo en las luchas de los barrios chabolistas (el Pozo del Tío Raimundo, Entrevías, Orcasitas) y de los polígonos de viviendas obreras (Usera, Carabanchel, San Blas, el barrio del Pilar) por mejorar las infraestructuras o en las luchas por la carestía de la vida (la batalla del pan de 1975 o la resistencia a la subida del metro)[7][8].

Este protagonismo femenino también se visualizó después durante la terrible epidemia de heroína de los años 80 y 90: en las luchas contra la droga y en la denuncia de la pasividad cómplice de los poderes establecidos ante el tráfico, que supuso el sacrifico de una generación de jóvenes en los barrios populares de Madrid y otras grandes ciudades españolas. Entonces las mujeres tuvieron un papel central en los colectivos como la Coordinadora de Barrios, la parroquia de San Carlos Borromeo de Entrevías o las Madres Unidas contra la Droga[9], que lideraron ese cuidado de los barrios y su juventud amenazada. Es otra forma de cuidado: el cuidado del barrio y su espacio público, y también es otra forma de revolución.

Primera concentración de madres contra la droga en la Puerta del Sol en 1987 “Compramos un megáfono para gritar y para que nos oyeran bien”. Fuente foto: Madres Unidas contra la Droga. “Para que no me olvides”. Editorial Klinamen, Madrid 2014.

Frente al marxismo ortodoxo, que sitúa las transformaciones sociales en el mundo productivo (la fábrica, las instituciones), el movimiento vecinal demostró como también se produce en el escenario del mundo reproductivo, el mundo femenino del barrio. Según Manuel Castells: “Un barrio es más que una aglomeración de viviendas…la práctica enseña rápidamente a los madrileños periféricos que un barrio no se reduce a una casa donde vivir. Y que se necesitan escuelas, dispensarios, comercio, trasporte, jardines, etc.”[10]

El espacio domestico es de las mujeres, pero el barrio también. Y por eso quien mejor conoce el barrio son las mujeres. Las que saben qué problemas tiene y cómo solucionarlos. Gravano cita al antropólogo francés Gerald Althabe que al estudiar las dinámicas que se dan en los procesos de rehabilitación barrial de mediados de los 80 en Francia, observa la división de los dominios femeninos y masculinos en la cotidianidad del barrio: “Los hombres viven en una situación bipolar: o bien en la pasividad dentro del departamento (las horas pasadas frente al televisor) o bien en los intentos de introducir actividades manuales (talleres instalados en sótanos, garajes o departamentos) (…) Esa inserción de actividades manuales localizadas en el barrio es un esfuerzo por estar fuera del departamento, es decir, del espacio domestico que es considerado propiedad de la mujer. Pero aquí se muestra una paradoja que se muestra en el mismo trabajo de campo. Cuando se encuentra el hombre solo, nos hacia volver cuando estuviera su mujer en casa; en la entrevista la mujer es la que habla, el hombre se queda silencioso o agrega algo sobre lo que la mujer ha hablado…los hombres afirman que lo que pasa en el barrio les es indiferente…el barrio de la problemática pertenece al mundo femenino”[11]

Portada del libro  Madres Unidas contra la Droga. “Para que no me olvides”. Editorial Klinamen, Madrid 2014.

Cuidado, género y distancia al trabajo

Incluso cuando las mujeres se incorporan al mundo del trabajo, no dejan de estar estrechamente ligadas al barrio. Siguen haciéndose cargo de las funciones reproductivas, de los cuidados. Eso explica la necesidad de elección del lugar de residencia lo más cercano posible al trabajo. Cuando José Luis Oyón estudia los desplazamientos al trabajo de los obreros y obreras de las grandes empresas barcelonesas en 1936-1938, ya observa que en las fabricas con mayor presencia de mano de obra femenina (textiles), “con salarios, incomparablemente mas bajos que los de los obreros, la dependencia del trabajo domestico y del cuidado de los niños, las obligaba a situarse a distancias que minimizan posibles perdidas de tiempo o de dinero de desplazamiento (el precio del billete de tranvía). Nueve de cada diez obreras vivían a menos de media hora de a pie de la fabrica de la calle Pujadas”[12]

Cuidado comunitario

Las Madres contra la Droga, la PAH, los comedores populares, la Coordinadora de Barrios, los grupos de acompañamiento contra la exclusión sanitaria, etc., son todos ejemplos de solidaridad colectiva en los barrios cuando la vida está amenazada, cuando el estado no garantiza los derechos humanos, cuando la familia no da más de sí y cuando el mercado no es precisamente un proveedor de cuidados, sino todo lo contrario. Son formas de “cuidado comunitario”, que actualmente se alimentan de dos tradiciones y dos fuentes diversas pero que tienen mucho en común: la resistencia frente a la opresión. Una frente al capitalismo y otra frente al patriarcado.

La primera es la tradición obrera de solidaridad como imperativo moral. La ideología de camaradería es el cimiento principal que se arrastra desde la fábrica o el tajo (el mundo productivo) a los barrios[13]. Se basa en la reciprocidad en caso de necesidad, con funciones diferenciadas por género. En el caso del hombre, es la ayuda para construir juntos la chabolas de la familia recién llegada al arrabal de la gran ciudad, la instalación  del alcantarillado o la plantación del arbolado del barrio[14]. También la constitución de economatos y cooperativas obreras en los barrios. En el caso de las mujeres, entre otras formas de solidaridad, es echar una mano en el cuidado de los niños de la vecina, en pequeños préstamos en especies o en la organización de comedores colectivos.

La segunda tradición viene de la economía feminista: la reivindicación del valor del mundo reproductivo invisibilizado/feminizado y de la corresponsabilidad de los cuidados. Las teorizaciones sobre los cuidados de principios del siglo llevan a reivindicar el llamado “diamante de los cuidados” (Care Diamond) frente al “triangulo de los cuidados” o “triangulo del bienestar” (Welfare Triangle)[15]. Es decir, al triangulo Estado-Familia-Mercado, como proveedores principales de cuidados, se le añade el cuarto eje: la Comunidad[16](los cuidados comunitarios), que convierte el triangulo en un rombo que asemeja un diamante.

El diamante de los cuidados. Fuente: Shahra Razavi. The Political and Social Economy of Care in a Development Context Conceptual Issues.

Sin embargo, según Cristina Vega y cols[17](en su valioso libro colectivo “Cuidado, comunidad y común”), el hecho de que las experiencias de community care de finales del XX supusieran que la responsabilidad terminara cayendo de nuevo en las mujeres, propició cierto rechazo del feminismo del concepto comunidad “que se convertía en una extensión del espacio privado y gratuito y no contribuía a redefinir lo público (no estatal)”

Si el poder está en la ciudad (masculinizada) y los barrios son las cárceles de las mujeres relegadas al mundo de los cuidados, hay un rechazo al barrionalismo menos transformador, cuyas tradiciones y añoranzas comunitarias son amenazadoras para el feminismo. Habría pues que conquistar “la ciudad” por las mujeres y para todos y todas. Pero siguiendo el lenguaje épico, en la tradición obrera, la conquista de la ciudad tiene históricamente su punto de apoyo en la fabrica y en el barrio. Es decir, habría que transformar el barrio (y el lugar de trabajo) para transformar la ciudad. En conclusión: estratégicamente son inseparables el barrio de los cuidados de la ciudad de los cuidados.

Ciudad de los cuidados o barrio de los cuidados

Si la sostenibilidad de la vida y el mundo productivo están determinados por la fortaleza del mundo reproductivo, y si queremos una mejor vida (un buen vivir), se lanza el reto de poner los cuidados en el centro de la agenda política. De visibilizarlos, valorarlos y sacarlos de la exclusividad del mundo femenino y de la familia, es decir, de corresponsabilizarse de ellos; entre géneros, entre generaciones, entre actores sociales (familia, estado, mercado, comunidad). Ciudades como Madrid iniciaron recientemente un Plan Madrid Ciudad de los Cuidados[18]. La ciudad, como metáfora de centro del poder político administrativo económico, que toma las decisiones trascendentes para la vida cotidiana de los que habitan los barrios, es la que eleva el valor de los cuidados: pasan de estar escondidos en el ámbito familiar a tener una categoría política, al menos, en las políticas públicas urbanas. La ciudad, y su poder político asociado, reconocen la importancia de los cuidados y por ello, se comprometen a facilitar el cuidar y el cuidar mejor.

Sin embargo, hemos visto como los cuidados se ejercen fundamentalmente en el barrio. El barrio es el espacio de los cuidados. Y hemos visto las diferentes perspectivas que se tienen cuando uno se pone las gafas de la ciudad o las gafas de los barrios. Por eso, la ciudad de los cuidados es también y sobre todo el barrio de los cuidados. Y el derecho a la ciudad que reivindicaba Henry Lefebvre[19], se conquista también y, sobre todo, a través del derecho al barrio, a un barrio que no sea el escenario de una vida cotidiana segmentada, alienada y despojada de las posibilidades de encuentro, creación y placer que en nuestro imaginario solo ofrece la ciudad. Un barrio desde donde se pueda ejercer el derecho a la ciudad, a través del derecho a la comunidad[20].

Logos del Plan Madrid, Ciudad de los Cuidados y de la Estrategia “Barrios Saludables”, proyecto comunitario desarrollado en el ayuntamiento de Madrid durante el periodo 2015-2019

Barrios saludables

Terminemos resaltando como esta ciudad de los cuidados y este barrio de los cuidados son la misma bandera que la de la salud comunitaria[21]. Pues es en los barrios, como hemos dicho antes, donde se generan los hábitos de salud, donde existen los entornos o se dan las relaciones que posibilitan su consolidación o su cambio. También es el barrio el ámbito educativo por excelencia. Ámbitos educativos formales e informales que son espacios privilegiados para educar en la salud, en la tolerancia, la solidaridad y el cuidado mutuo. Es en el barrio donde tenemos nuestro aprendizaje emocional que nos determinará nuestra salud mental y nuestras habilidades para la vida. Y es en el barrio, tanto en sus dinámicas internas, como en su relación con “la ciudad”, donde se visibilizan estas desigualdades sociales de la salud, determinada por la clase social, el género, la etnia, la situación migratoria, la orientación sexual, etc.

Es en la vida cotidiana de los barrios donde surgen esos malestares asociados a los cuidados, a la crianza, a los roles de género, a la adolescencia, a los cambios vitales críticos (separaciones, jubilaciones, desempleo, nido vacío, duelos, etc) . Malestares que están normalizados y escondidos y que solo a veces generan demanda médica y se medicalizan. Pero a veces, son sufridos en silencio. Y, por lo tanto, es en el barrio donde pueden compartirse y analizarse estos malestares, encontrar el origen social, político y común, y buscar una solución social, política y común, al construir otras relaciones familiares, interpersonales y comunitarias más cuidadosas y cuidadoras, a cambiar el barrio, a hacer un barrio de los cuidados, o lo que es lo mismo: a hacer un barrio saludable.

——-

Esta entrada forma parte de la obra “La noción de Barrio”, que tiene este índice (donde se señalan con un hipervínculo activo las entregas ya editadas y a las que puedes acceder):

I. INTRODUCCIÓN

II. EL BARRIO COMO LUGAR

  • Barrio y Comunidad
  • Barrio como parte de la ciudad
  • Barrio como periferia
  • No hay barrio pobre si no hay barrio rico
  • Invisibilidad y desvelamiento del barrio
  • La unidad territorial mínima significativa.

III. EL BARRIO COMO PROBLEMA (1ª parte): segregación

  • Barrio como problema urbano
  • Segregar y homogeneizar
  • El poblado
  • Los barrios dormitorios
  • Rehabilitación barrial

III. EL BARRIO COMO PROBLEMA (2ª parte): estigmatización

  • Los chicos de la esquina y la vida de banco
  • El barrio de los canis y de las chonis
  • La delincuencia juvenil y el fracaso escolar
  • Integración social frente a segregación social
  • El barrio estigmatizado.
  • El barrio étnico

IV. EL BARRIO VIVIDO (1ª parte): Mapas mentales

  • El barrio como espacio subjetivo. Los mapas mentales
  • El barrio vivido y el barrio imaginado
  • Vivir en el barrio o vivir el barrio

IV. EL BARRIO VIVIDO (2ª parte): La Comunidad barrial

  • La Comunidad barrial
  • Mi tramo de calle
  • La vida de las aceras
  • El comercio del barrio

IV. EL BARRIO VIVIDO (3ª parte): El ocio en el barrio

  • Fiestas de barrio
  • Bares de barrio
  • El futbol en el barrio
  • El cine en el barrio

IV. EL BARRIO VIVIDO (4ª parte): El declive del barrio vivido

  • El atractivo de un barrio
  • Barrios nuevos y barrios viejos
  • El barrio aburrido
  • El barrio invadido por el coche
  • El barrio vampirizado: gentrificación y turistificación
  • La necesidad hace barrio

V. EL BARRIO DE LOS CUIDADOS (1ª parte): El barrio es de las mujeres

  • La geografia del poder
  • El barrio es de las mujeres
  • El barrio como transición entre el dentro y el afuera
  • Cuidado y reproducción en la escuela

V. EL BARRIO DE LOS CUIDADOS (2ª parte): hábitos de salud y vida cotidiana

  • Ir al médico es cosa de mujeres
  • Hábitos de salud
  • Hábitos disciplinados (Foucault)
  • Hábitos socialmente estratificados (Bourdieu)
  • Las tácticas rebeldes cotidianas (Certeau)
  • Hábitos de salud y vida cotidiana del barrio

V. EL BARRIO DE LOS CUIDADOS (3ª parte): deconstruyendo hábitos

  • Hacer la compra
  • Hacer de comer
  • Moverse
  • Droga, sexo y …apuestas
  • ¿Puedo jugar con vosotros?

V. EL BARRIO DE LOS CUIDADOS (4ª parte): Cuidado Comunitario

  • Salir de la consulta médica al barrio
  • Los avisos domiciliarios
  • El barrio de entresemana
  • El barrio de los fines de semana
  • Las luchas para cuidar al barrio
  • Cuidado, género y distancia al trabajo
  • Cuidado comunitario
  • Ciudad de los cuidados o Barrio de los cuidados
  • Barrios saludables

VI. EL BARRIO COMO SOLUCIÓN: del buen vecino a la revolución

  • Barrio y vecindario
  • El buen vecino
  • El barrio tiene nombre, el vecindario no
  • Descentralización y gobierno barrial
  • Barrio como ideología.
  • Las luchas barriales
  • El barrio como lugar de supervivencia
  • El barrio resiliente
  • El barrio de la innovación social
  • La ideología de barrio como freno al cambio social
  • Relaciones de poder en el barrio

VII. BARRIO E INSTITUCIONES

  • El barrio de las diferentes disciplinas
  • El barrio en el norte y sur global
  • Conquistar el eje del barrio
  • El barrio telaraña
  • El barrio como lugar de reunión de las instituciones
  • El barrio como mero receptor de la acción comunitaria

VIII. EL TIEMPO EN EL BARRIO

  • Barrio, tiempo y aceleración
  • Barrio como mundo del peatón
  • Barrio y vida cotidiana

IX. LA SALUD EN EL BARRIO

  • Código genético y código postal. Los mapas de esperanza de vida por barrio
  • Desigualdades sociales en salud y barrio
  • Los mapas de activos de salud de los barrios
  • La salud y los cuidados en la vida cotidiana
  • El papel de la salud comunitaria en la construcción del contrapoder, contracultura y contrainstitución, desde el barrio.

X. EPILOGO Y CONCLUSIONES


REFERENCIAS

[1]  En ciudades como Madrid, la zona básica de salud, unidad territorial de la Atención Primaria, se corresponde frecuentemente con el barrio administrativo, aunque a veces un barrio tenga dos zonas básicas de salud o una zona básica este a caballo entre dos barrios.

[2] Segura del Pozo, Javier “El sistema sanitario en Colombia: un buen ejemplo para evitar”. Blog “Salud Pública y otras dudas”, 22 de febrero de 2016. https://saludpublicayotrasdudas.wordpress.com/2016/02/22/el-sistema-sanitario-en-colombia-un-buen-ejemplo-para-evitar/

[3] Además, al parecer, para considerar una práctica profesional como propia de la EFyC, además de la atención domiciliaria, debe consistir en una “intervención sobre problemas de salud”. Me quedé con la duda si por “intervención” se refiere a la “clínica” y por “problemas de salud” a síntomas, signos o enfermedades.

[4] Los lunes al Sol. https://es.wikipedia.org/wiki/Los_lunes_al_sol

[5] Pierre Mayol. “Habitar”. Capitulo VI. El fin de semana. Sábado-domingo. Primera parte del libro: Certeau, Michel; Giard, Luce y Mayol, Pierre. “La invención de lo cotidiano 2º parte: Habitar, Cocinar” Universidad Iberoamericana, Mexico 2000. Pag 103-115.

[6] “La duración semanal efectiva del trabajo de los obrerosera en promedio de 47 horas entre 1950 y 1968, luego comenzó a disminuir: 42 horas en 1975, 40 en 1978 y 39 a partir de 1982” Ibidem pag 104

[7]  Pablo Carmona Pascual y Emmanuel Rodríguez López “Barrios: planificación, inmigración y movimiento vecinal (1939-1986)”, en: Observatorio Metropolitano “Madrid, ¿la suma de todos? Globalización, territorio y desigualdad. Traficantes de Sueño, Madrid, 2007, pág. 344-382.

[8] Manuel Castells, Ciudad, Democracia y Socialismo, Siglo XXI, Madrid, 1977

[9] Madres Unidas contra la Droga. “Para que no me olvides”. Editorial Klinamen, Madrid 2014.

[10]Manuel Castells, Movimientos Sociales Urbanos, Siglo XXI, México 1987, citado por A. Gavano pág. 128

[11] Ariel Gravano. “El barrio en la Teoría Social”. Espacio Editorial. Buenos Aires, 2005pág. 154-155. La cita es de Gravano, que a su vez cita a Gerald Althabe (la última frase en cursiva): “La residencia puesta en juego” de su libro “Urbanisation et enjeux quotidiens”. Editorial Antropos. Paris, 1985.

[12]José Luis Oyón. La quiebra de la ciudad popular” Ediciones del Sebal, Barcelona 2008. Pág. 254

[13] Pierre Mayol. “Habitar”. Capitulo III. El barrio de la Croix-Rousse. La tradición obrera de la familia. Primera parte del libro: Certeau, Michel; Giard, Luce y Mayol, Pierre. “La invención de lo cotidiano 2º parte: Habitar, Cocinar” Universidad Iberoamericana, Mexico 2000. Pag 43-47. Se cita la obra de J. Caroux “Evolution des milieux ouvriers et hábitat”, Mountrouge, Centro de Etnologia Social, 1975

[14] Ver los ejemplos de construcción colectiva de infraestructura en las fotos de Angel S. Garrido “Corea. Una historia paralela”. Obra Social La Caixa. 2017.

[15] Shahra Razavi. The Political and Social Economy of Care in a Development Context Conceptual Issues, Research Questions and Policy Options Gender and Development Programme Paper Number 3, June 2007. United Nations Research Institute for Social Development. Pag 20-23.

[16]Es importante resaltar que en este modelo teórico el cuarto vértice del diamante se denomina a veces como La Comunidad y otras veces como el Tercer Sector No Lucrativo. Diferencias de significantes y significados que tienen mucha miga.

[17] Cristina Vega, Raquel Martínez-Buján y Myriam Paredes (edits) “Cuidado, comunidad y común. Experiencias cooperativas en el sostenimiento de la vida” . Traficantes de Sueños. 1ª Edicion Noviembre 2018, pag 26.

[18]Plan Madrid, Ciudad de los Cuidados”. Madrid Salud. Ayuntamiento de Madrid, Madrid, 2017, http://www.madridsalud.es/pdfs/plan.pdf

[19]  Henry Lefebvre. “El derecho a la ciudad”. Capitan Swing, Madrid 2017.

[20] El derecho a la comunidad, como le gusta decir a Javier Barbero, impulsor del Plan Madrid Ciudad de los Cuidados, como concejal de Salud, Seguridad y Emergencias de la ciudad de Madrid, y miembro activo de la Coordinadora de Barrios.

[21] “Barrios Saludables: la estrategia municipal de promoción de la salud”. Madrid Salud. Ayuntamiento de Madrid, Madrid, 2017, http://madridsalud.es/pdf/publicaciones/saludpublica/BARRIOS_SALUDABLES_2018.pdf

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