Individual, Grupal y Comunitario (VIII): b) Encuadre

Por Javier Segura del Pozo
Médico salubrista

Dentro de nuestra propuesta de un nuevo esquema para categorizar el trabajo comunitario, basado en tres dimensiones: perspectiva, encuadre y ámbito, empezamos con la Perspectiva en la última entrega. Hoy analizaremos el Encuadre, es decir, las REGLAS espacio-temporales, los roles y las funciones que definen una relación del profesional con la población que atiende. Los encuadres formales más claros (más reglados) son el encuadre individual (el de la consulta o la asesoría individuales) y el encuadre grupal (grupos o talleres). Pero existen otros encuadres como el encuadre asambleario (propio de los foros vecinales, las jornadas, los encuentros, etc.) o el encuadre informal (correspondiente al del trabajo callejero en la vida cotidiana del barrio). Resaltaremos el valor de trabajar en la informalidad para ganar la confianza del vecindario y la mayor facilidad que tiene el Arte de trabajar en este encuadre.

Taller grupal de Arte y Salud “Criando colores”. Fuente: Colección de la Exposición “Arte, salud y Cuidados”, septiembre 2019. Madrid Salud.

Encuadre

Uso este termino desde el sentido que se le da en la Concepción Operativa de Grupos[1][2]. Es decir, las REGLAS espacio-temporales, los roles y las funciones que definen una relación del profesional con la población que atiende. Define quién o quiénes se juntan con quién o quiénes, dónde, durante cuánto tiempo y cuántas veces, para hacer el qué. Hay encuadres más formales y más informales (con menos reglas), sin dejar de ser la informalidad un tipo de encuadre o de no-encuadre. Como veremos, por ello, incluso los encuentros esporádicos y casuales, tan importantes en la vida comunitaria y en la salud comunitaria, pueden definirse desde el criterio o dimensión “encuadre”.

Los encuadres formales más claros (más reglados) son los individuales y los grupales. Pero existen otros encuadres que no son individuales ni grupales, bien por abarcar un número de personas que superan un grupo (por ejemplo, más de 20 personas), que podríamos denominar como encuadre asambleario, o bien por su informalidad (encuadres informales). Es decir, aquellos que, aunque son encuentros con personas o grupos de personas, carecen explícitamente de algunas de las reglas temporoespaciales antes aludidas.

Encuadre individual

Es el de la consulta individual donde se desenvuelve la clásica relación médico-paciente, psicoterapeuta-paciente o profesional de la salud-persona del vecindario. También es el encuadre de la asesoría individual (por ejemplo, la asesoría sexual o el consejo VIH). A veces, la persona atendida acude a esta consulta con un acompañante (un familiar, una pareja o un amigo, por ejemplo), cuya presencia puede ser pasiva (solo acompaña) o activa, pudiéndose convertir en este ultimo caso en una consulta familiar o de pareja.

Igualmente es el encuadre de las consultas preventivas donde se evalúa un riesgo individual (por ejemplo, el riesgo de diabetes o de cáncer) o donde se ayuda al cambio de conductas (por ejemplo, dejar de fumar). En algunos Centros Municipales de Salud Comunitaria (CMSc) de Madrid se ha desarrollado la “consulta de acogida”,como puerta de entrada a los servicios, que facilita la escucha a la demanda y orienta sobre las ofertas posibles de atención a la misma.

Como luego veremos, gran parte del trabajo realizado en un encuadre individual se realiza en el ámbito del centro de salud (ámbito intramural), pero también se puede realizar fuera (por ejemplo, la asesoría psicopedagógica en un colegio, o la evaluación del riesgo de caídas realizado en un centro de mayores.). Obviamente, en el encuadre individual se puede trabajar con o sin perspectiva comunitaria.

Cartel de taller “Quien bien te quiere” de educación afectivo-sexual e igualdad de género para los Centros Municipales de Salud Comunitaria. Fuente: Colección de la Exposición “Arte, salud y Cuidados”, septiembre 2019. Madrid Salud.

Encuadre Grupal

Es el marco de trabajo por el que un profesional atiende a un grupo de personas, aprovechando las ventajas que supone frente al encuadre individual. Estas ventajas no son tanto la eficiencia numérica (ver a más personas en el mismo tiempo), sino aprovechar la dinámica grupal para los objetivos de la intervención; por ejemplo, la posibilidad de desvelar los determinantes sociales y colectivos de un problema aparentemente individual, de compartir vías de abordaje de los problemas y de construir posibilidades de estímulos colectivos y de ayuda mutua, entre los miembros del grupo. Puede haber grupos de aprendizaje, grupos terapéuticos, grupos de cambio de conductas. Lo más probable es que los grupos tengan un poco de cada cosa (por ejemplo, el aprendizaje facilita el cambio de conductas y tiene un efecto terapéutico).

La mayoría de los talleres de educación para la salud tienen un encuadre grupal. Las reglas determinan el numero de sesiones, su duración, contenido, lugar de celebración y personas apuntadas y aceptadas, así como lo profesionales que los imparten. Frecuentemente también el material empleado (guías, fichas, presentaciones, esquemas, juegos, etc.).

También es el encuadre de los grupos de promoción de la salud mental o de psicohigiene. Pueden realizarse dentro del centro (intramurales) o fuera (extramurales). Por ejemplo, los grupos de envejecimiento activo y saludable en un centro de personas mayores, o un grupo de hombres en una asociación de inmigrantes o en un espacio de igualdad. Al igual que en el encuadre individual, se puede trabajar en el encuadre grupal con o sin perspectiva comunitaria. Un ejemplo de los últimos (encuadre grupal, perspectiva no comunitaria) es hacer talleres de educación para la salud con una escasa interactividad, centrados en la transmisión de un mensaje o consejo descontextualizado, sin preocupación por cómo ha llegado este mensaje y su capacidad transformadora.

Cartel de taller de prevención y control del consumo de tabaco para los Centros Municipales de Salud Comunitaria. Fuente: Colección de la Exposición “Arte, salud y Cuidados”, septiembre 2019. Madrid Salud.

Hay muchos otros encuadres, pero identifico dos que son muy importantes en el trabajo comunitario: el encuadre asambleario y el encuadre informal.

Encuadre asambleario

Los grupos tienen un límite máximo de miembros, a partir de los cuales es difícil que se genere una dinámica grupal y/o que esta sea aprovechada por un profesional en su rol de coordinador, dinamizador, facilitador u observador de grupo. Algunos lo sitúan en 18 ó 20. Más allá de ese numero estamos hablando de otro tipo de encuadre en el que hay que aplicar otro tipo de metodología de dinamización.

Un ejemplo son las reuniones asamblearias; por ejemplo, las que tenemos en las asambleas o foros vecinales, en los que los profesionales están a veces presentes en la acción comunitaria, o cuando se organizan espacios multitudinarios para exponer, debatir y compartir información, así como tomar decisiones o generar ideas o propuestas de innovación social. Léase jornadas, laboratorios o encuentros, en los que se combinan los encuadres grupales con los asamblearios, en los que se ponen en común el trabajo realizado en los grupos pequeños de elaboración. Los foros de presupuestos participativos son otro ejemplo. Es decir, el encuadre asambleario no solo estará definido por el número de personas participantes (que superan al de un grupo), sino por organizar procesos de consenso sobre lo común.

Una de las principales aportaciones del movimiento 15M fue compartir y popularizar una metodología de discusión asamblearia, con sus propias reglas, roles y signos (el de aplaudir o censurar en silencio con gestos de las manos se hizo popular a partir de las asambleas de mayo de 2011).

Cartel de taller Aceptate, dirigido a trabajar la imagen corporal en adolescentes en el Centro Municipal de Salud Comunitaria de Usera. Autora. Ada Ramos. Fuente: Colección de la Exposición “Arte, salud y Cuidados”, septiembre 2019. Madrid Salud.

Encuadre informal o no-encuadre.

Gran parte del trabajo comunitario en la calle (extramural por definición) se realiza en un encuadre informal. Los buenos profesionales comunitarios y “callejeros”son los que saben trabajar en la informalidad. Los que pueden insertarse en la vida cotidiana de las personas, en sus barrios, incluidos sus espacios públicos y de convivencia. Lo aprenden los y las educadoras sociales, también forma parte de la experiencia de muchas trabajadoras sociales y enfermeras comunitarias.

Visita a centros comerciales para analizar los estereotipos de la moda, en el contexto del taller “Aceptate”, dirigido a trabajar la imagen corporal en adolescentes en el Centro Municipal de Salud Comunitaria de Usera. Autora. Ada Ramos. Fuente: Colección de la Exposición “Arte, salud y Cuidados”, septiembre 2019. Madrid Salud.

Saber trabajar en la informalidad de esa vida cotidiana(sin la protección de los encuadres individuales o grupales, propios de la consulta o el taller) no es fácil. Siguiendo la metáfora de nuestro lema: sin la protección de la cita, la bata y la mesa. Saber estar en una plaza, acompañar en un paseo por el barrio, ganarse la confianza de los jóvenes sentados en un banco, trabajar en un mercado o en una fiesta del barrio. En aquellos lugares y situaciones que la gente considera cercanos y trascendentes.

Como recuerda Richard Senett en su libro “Juntos”[3], los activistas comunitarios Saúl Alinsky y Jane Adams creían que la acción conjunta, favorecedora de la cooperación exigente y la participación social, debía producirse en la vida cotidiana(por ejemplo, el cuidado de los hijos, la escuela y la compra). “Se ponía el acento más en la flexibilidad de los intercambios que en su rigidez, y consideraba la informalidad una virtud[4].

La informalidad también puede contemplarse en las actividades intramurales. Así, por ejemplo, Sennet nos cuenta que en las actividades organizadas dentro de centros comunitarios, como la Hull House, “había que evitar un programa de actividades sociales el estilo de las de un crucero”[5]. Más bien debían ser vistos como lugares de refugio, en los que la gente podía participar o no en actividades organizadas, por lo que siempre tendría una población flotante. “Para hacer posible la participación, el organizador podía establecer reglas básicas tácitas, las convenciones y los rituales de intercambio, como en las clases de inglés de Hull House, pero luego tiene que dejar libertad a la gente para que interactúe”[6].

El trabajador comunitario debía asistir, no dirigir. A veces debe limitarse a saber estar y acompañar en un encuadre informal, por si surge la necesidad. Ganarse la confianza de las personas que suelen mirar con recelo cualquier institución y que son remisas a participar en actividades colectivas, especialmente si no son convocadas por los suyos o no son aparentemente relevantes para sus necesidades más inmediatas y próximas. Y lo más difícil y definitivo para el organizador: “tendrá que disfrutar con la informalidad”[7]. En este encuadre informal es como se consigue la cooperación entre desiguales (alrededor de un taller de carpintería, una clase de inglés o una guardería). “Entonces poco a poco, la solidaridad se irá transformando en experiencia de sociabilidad[8].

Sin embargo, Sennet nos advierte de una de las razones por los que la izquierda política, propensa a los encuadres formales, desconfiaba de este enfoque de la izquierda social representada por activistas como Alinsky y Adams:

“…la informalidad siempre comportaba el riesgo de desorganización(…) La casa de acogida corría el riesgo de convertirse meramente en el escenario de buenas, aunque solo ocasionales experiencias, no es una guía para la vida puertas afuera. Con mayor razón podría ser esto cierto en lo que respecta a la cooperación comunitaria: ofrecía buenas experiencias, pero no un modo de vida. Uno se siente bien, ¿y qué más? Manuel Castells, en la actualidad uno de los mayores expertos en organización comunitaria, critica a Saúl Alinsky y su escuela precisamente por estas razones. La vinculación que se establece en la comunidad tiene que conducir a alguna parte; la acción necesita una estructura tiene que hacerse sostenible[9](las negrillas son mías).

Cartel de convocatoria del Paseo Emocional de Villaverde, iniciativa del Centro Municipal de Salud Comunitaria de Villaverde y la Plataforma de Género. Fuente: Colección de la Exposición “Arte, salud y Cuidados”, septiembre 2019. Madrid Salud.

Encuentros esporádicos

Una forma de trabajo en la informalidad es darle valor a los encuentros casuales o esporádicos. Son encuentros en un no-encuadre, sin aparentes reglas temporo-espaciales. Un encuentro aparentemente no buscado. El que se produce al cruzarse con el vecino al salir a la calle o fruto de coincidir en la cola del mercado o al pasear al perro.

Es la “vida de la calle”o “la vida de las aceras” a la que tanto valor le da otra Jane: Jane Jacobs en su libro de “Vida y muerte de las grandes ciudades”[10]– En él aboga por un urbanismo que permita la densidad y variedad de actividades que incrementan las posibilidades de encuentro en el vecindario. Encuentros que son casuales y que permiten articular la intimidad con la sociabilidad: combinar la búsqueda de la intimidad en las viviendas, con el aprovechamiento de la vida colectiva en las calles.

Muchas veces este encuentro casual se busca, es decir, tiene un cierto encuadre: al ir al bar donde se suelen reunir a la misma hora ciertos “parroquianos”, al sacar al perro por ciertos lugares del parque, al llevar a los niños a una zona de juego; también a tomar el transporte público a las mismas horas y en el mismo vagón. Una parte del trabajo comunitario de calle tiene en cuenta estos encuentros casuales, aparentemente sin encuadre.

También aquí diremos que se puede trabajar en un encuadre asambleario o en la informalidad con o sin perspectiva comunitaria. Aunque las asambleas suelen buscar el análisis y la decisión colectivas, sabemos que hay algunas en que la perspectiva comunitaria y la escucha colectiva brillan por su ausencia, teniendo un fuerte componente burocrático y antidemocrático (un ejemplo muy claro son las asambleas anuales de las comunidades de propietarios o de vecinos).

En cuanto al encuadre informal, aunque dijimos que era propio de los trabajadores comunitarios tener habilidades para trabajar en la informalidad, se pueden buscar encuentros esporádicos sin pretensión de fortalecer los lazos comunitarios. Un ejemplo, es cuando organizamos un día singular en la calle (como el Día Mundial de la Diabetes o del Corazón), poniendo una carpa y atrayendo a los viandantes, simplemente para repartir trípticos con mensajes estándares sobre buenos hábitos de salud, para publicitar el centro de salud y su oferta de servicios (especialmente, si estos servicios no tienen perspectiva comunitaria) o para realizar actos clínicos muy populares como tomar la tensión arterial.

Performance callejera en el Dia Mundial de la Igualdad de Género, 2018, organizada desde el Centro Municipal de Salud Comunitaria de Puente de Vallecas. Fuente: Colección de la Exposición “Arte, salud y Cuidados”, septiembre 2019. Madrid Salud.

El Arte y la informalidad

Finalmente diremos que, bajo nuestra experiencia, la mayoría de las acciones de Arte y Salud suelen desarrollarse desde un encuadre informal. En los proyectos de arte y salud se usa la creación artística como lenguaje de comunicación, tanto entre los profesionales de la salud y la comunidad, como entre las personas de una comunidad. Comunicación enfocada a la cooperación. También se usa el arte como mediación entre las instituciones y los grupos sociales, especialmente los que están en los márgenes.

El arte necesita romper reglas, trasgredir encuadres, desafiar expectativas, surgir de lo inesperado, innovar. Necesita un alto grado de informalidad. Es lo que le hace atractivo cuando lo incluimos en las actividades con adolescentes y jóvenes, que por definición son alérgicos de lo reglado y lo previsible. Lo cual no quita que a veces necesita todo lo contrario. Si quiere ser un arte aplicado a las necesidades sociales o colectivas y tener vocación multidisciplinaria: necesita método, disciplina, rendición de cuentas y adaptarse a las necesidades de los que le reclaman ayuda. Así, por ejemplo, ha dado muy buenos resultados como apoyo a los procesos grupales de promoción de la salud mental de nuestros CMSc y de los proyectos piloto del Plan Madrid, Ciudad de los Cuidados[11].

Máscaras realizadas para el Dia Mundial de la Salud Mental 2018. Fuente: Colección de la Exposición “Arte, salud y Cuidados”, septiembre 2019. Madrid Salud.

Hemos repasado la perspectiva y el encuadre. En la próxima entrega nos ocuparemos de la tercera y última dimensión a partir de la cual se define lo comunitario: el ámbito.

—–

Este post forma parte del texto “Individual, Grupal y Comunitario: revisando un esquema de la Salud Comunitaria”, editado en las siguientes entregas (los enlaces activos son de las ya publicadas):

  1. Resumen
  2. De las batas a las botas
  3. Cómo lo categorizan otros y otras
  4. Lo comunitario, según la teoría de los ámbitos de Bleger
  5. Registrar las actividades comunitarias
  6. Orientación comunitaria y ámbito comunitario
  7. Perspectiva
  8. Encuadre
  9. Ámbito
  10. Cartografía comunitaria
  11. Epilogo

NOTAS Y REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

[1]Mora Larch, Francisco: “Introducción al tema del encuadre en la situación grupal”. Blog “Proceso Grupal”, 27 de agosto de 2003. Accesible en: http://procesogrupal.overblog.com/introducción-al-tema-del-encuadre-en-la-situación-grupal

[2]Pichón Riviere, E. (1971) Del Psicoanálisis a la Psicología Social. 2 Tomos. Galerna Bs. As.

[3]Sennet, Richard. “Juntos: rituales, placeres y políticas de cooperación”. Anagrama, Barcelona, 2012

[4]Ibidem 81

[5]Ibídem 82

[6]Ibídem 82-83

[7]Ibídem 83

[8]Ibídem 83

[9]Ibídem pág. 84-85. La cita de Castells se refiere a Manuel Castells, The City and the Grassroots, Berkeley, University of California Press, 1985 [trad. esp.: La ciudad y las masas, Madrid, Alianza, 1986

[10]Jacobs, Jane. “Muerte y vida de las grandes ciudades”. Capitan Swing. 3ª edición, Madrid, 2013

[11]N Ávila, C Azcona, MD Claver, A Larraín, J Segura, M Martinez “Art, health promotion and community health: Constructing the ‘Madrid Salud’model”- Journal of Applied Arts & Health, Volume 10, Number 2, 1 July 2019, pp. 203-217(15)DOI: https://doi.org/10.1386/jaah.10.2.203_1

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