El valor de la proximidad: reflexiones para el desconfinamiento

Por Javier Segura del Pozo
Médico salubrista

[Texto ampliado del artículo publicado el 1 de mayo de 2020 con el mismo título, en el diario digital “Cuarto Poder”: El valor de la proximidad: reflexiones para el desconfinamiento”]

Llevamos más de 40 días confinados en nuestras casas, siendo el espacio próximo a las mismas el único que tenemos para cubrir nuestras necesidades básicas y para ayudarnos entre nosotros, en lo posible,. La pandemia ha reducido nuestra área de movimiento y acción al vecindario más próximo, incluso al espacio común, de transición entre el privado y el público: la escalera, el portal, el patio y el que media entre balcones o ventanas, cuando nos miramos a la hora del aplauso de las 8 pm.

Independientemente de nuestros hábitos anteriores, no nos ha quedado más remedio que comprar en el comercio de proximidad, transitar (quien podía) por los espacios públicos mas próximos, y teletrabajar desde nuestra casa. Los grupos vecinales de apoyo mutuo han tenido que apañarse con los recursos locales (bancos de alimentos, comedores sociales, huertos comunitarios, vecindario voluntario, etc.), así como tirar de los “activos en salud” existentes en el barrio (costureras de mascarillas, cocineras, músicos, psicólogas voluntarias, etc.).

Relaciones entre balcones. El uso del “espacio común”, intermediario entre el espacio privado y el público. Fuente: ABC, 20.03.2020. En una calle de Sevilla los vecinos cantan Hola Don Pepito – Efe/ EP

Hemos aguantado la cuarentena con una curiosa combinación entre lejanía digital y cercanía física. Hemos usado intensamente la conexión digital hasta la lejanía más global (facilitada por la televisión, ordenador, teléfono y las videoconferencias locales, nacionales o internacionales), que nos ha facilitado la proximidad afectiva con nuestros allegados allí donde estuvieran confinados; a la vez que sufríamos la limitación del contacto presencial en la cercanía del vecindario. Aquello de lo “Glocal” (actúa localmente y piensa globalmente),se ha redefinido con una limitación de acción local y una hiperconexión a la global.

Por ello, más que nunca, no solo hemos apreciado el valor de internet y las redes sociales, sino el de un vecindario bien surtido de recursos y relaciones sociales, que favorecen la resiliencia comunitaria en situaciones de dificultad colectiva. A pesar de que se nos haya limitado, de forma importante, el uso del espacio público y de muchos recursos comunitarios, la Comunidad (con mayúscula) ha sido fundamental en esta primera fase de la pandemia[1].

Portada del documento “Redes Comunitarias en la crisis de Covid-19”. Ministerio de Sanidad, abril 2020. Descargar en: https://www.mscbs.gob.es/profesionales/saludPublica/prevPromocion/Estrategia/docs/ImplementacionLocal/Redes_comunitarias_en_la_crisis_de_COVID-19.pdf

Lógicamente, lo será más en esta segunda de “desescalada” progresiva, en la que seguiremos confinados al espacio próximo, pero en la que el espacio público tendrá mas protagonismo y deberemos aprovechar al máximo su uso eficiente. Si en la fase anterior, muchas familias descubrieron aspectos desconocidos de sus miembros, al aumentar las horas de convivencia, puede que nos ocurra ahora lo mismo con nuestro barrio o vecindario. Ya que todavía se nos negará por algún tiempo “el derecho a la ciudad”[2], parafraseando a Henri Lefebvre[3], tendremos que hacer más vida de barrio y convertir a este en un eficiente espacio integrado de producción y reproducción, lo más autónomo posible de “la ciudad”. Es decir, de nuevo, como en otras situaciones del pasado, tendremos que tirar de la Comunidad y reivindicarla, como un derecho y como una oportunidad.

Tenemos que ir a modelos de desescalameinto que favorezcan una distancia social equilibrada entre el riesgo de contagio y la cobertura eficiente de necesidades básicas.  Es decir, tenemos que pensar en cuáles serian los limites de los espacios a confinar que minimicen las posibilidades de contagio y maximicen la sostenibilidad de la vida cotidiana. E ir ampliando estos limites, a medida que el riesgo de infección vaya disminuyendo.

Por otra parte, estas ultimas semanas, he estado en contacto estrecho con muchos amigos y amigas de Latinoamérica que también están dándole vueltas a cómo debemos organizar el desconfinamiento de una forma lo más equitativa y eficiente posible. Como nos temíamos[4], las difíciles condiciones sociales y económicas de nuestros hermanos y hermanas de allí, hacen muy duro aguantar el confinamiento sin una suficiente red pública de apoyo social. En España, también.

Eso ha llevado a una creciente presión a los gobernantes para adelantar el desconfinamiento, independientemente de la situación epidemiológica. Presión compartida tanto por las élites económicas que temen por la merma de sus plusvalías, como por la mayoría social más precarizada, que tiene dificultades para buscarse el sustento diario (peso de la economía informal).

Voy a intentar resumir a continuación los criterios y recomendaciones que he planteado en estos foros latinoamericano, ordenadas por las cuestiones principales: por qué se inicia el desconfinamiento, cuándo podemos iniciarlo, a qué ritmo, dónde nos vamos desconfinando (limites espaciales), cómo, a quiénes les debe estar permitido y para poder hacer qué.

Por qué se inicia el desconfinamiento

Si se decide iniciar el desconfinamiento en un país, región, ciudad o pueblo, se debe estar seguro de cuál es la causa de este relajamiento, y evitar retorcer criterios epidemiológicos para justificar decisiones políticas. Siempre respetables, pero que consideran otros factores ajenos al riesgo de reinfección. Nos debemos preguntar cuál es la causa del desconfinamiento: porque “se tira la toalla”(el coste económico y social del confinamiento continuado no compensa el beneficio de la prevención de nuevas infecciones) o porque hay una situación epidemiológica de “alivio” (tanto porque están bajando el numero de casos y brotes, como porque esta aligerándose la presión asistencial).

Cuándo se debe iniciar

De acuerdo con los criterios establecidos en Europa por la UE[5]y el ECDC[6], la desescalada o desconfinamiento se debe iniciar cuando se dan tres condiciones: hay pocos o ningún caso nuevo (medido, entre otros indicadores, por un “número reproductivo básico” menor de 1, sostenido en el tiempo), tenemos una reserva de capacidad asistencial suficiente para atender un posible rebrote, y, tercero, tenemos la suficiente capacidad para detectar casos nuevos, trazar sus contactos y aislarlos.

Ritmo de la desescalada

Debemos ir acompasando las diferentes fases, de forma que: por una parte, relajemos el nivel de confinamiento “paso a paso”y con un intervalo mínimo de 3-4 semanas entre una medida y otra[7], para poder evaluar su efecto. Y por la otra, consideremos siempre (e insistamos en ello en la comunicación) la posibilidad de la marcha atrás en caso de rebrote. Es decir, el “paso a paso” de la “danza del desconfinamiento” puede llegar a tener el  ritmo de “un paso pa´lante y otro pa´tras”, o bien de “dos pasos pa´lante y uno pa´tras”.

Dónde confinarnos y desconfinarnos

Como decía antes, debemos elegir las zonas o unidades geográficas de confinamiento más adecuadas, para minimizar el riesgo de contagio y maximizar la eficiencia para cubrir las necesidades de la vida cotidiana. Limitar los movimientos a “la proximidad eficiente” (área de movimiento para comprar, pasear, cuidar, trabajar, producir, etc.), e ir ampliándola a medida que disminuya el riesgo de contagio y pueda permitirse el flujo de movimientos con las zonas limítrofes.

Portada del libro “Calibán y la bruja” de Silvia Federici.

Usando otras palabras, debemos configurar unidades locales integradas de trabajo productivo y reproductivo (actividades de cuidado y sostén de la vida). Salvando las lógicas distancias históricas, serían como las que, según Silvia Federici[8], existían en el siglo XV, antes de la expropiación de la tierra por los cercamientos y la división sexual del trabajo. Cuando el derecho sobre la tierra del campesinado permitía tanto la integración de la producción y reproducción, como la cooperación entre iguales. No defiendo una vuelta al comunitarismo autista o a las condiciones de vida y explotación del medievo, sino solo señalar el valor de un modelo comunitario adaptado a nuestro tiempo, basado en el uso eficiente y equitativo de lo próximo, para enfrentarnos colectivamente a nuestras amenazas colectivas.

Al igual que entonces el acceso a los montes comunales y los bienes comunes, permitía tener una reserva común de leña, caza y frutos para la supervivencia, ahora el uso inteligente y compartido del espacio y los recursos públicos de la proximidad, nos fortalecerá para enfrentarnos a la crisis pandémica y de subsistencia, de la forma más equitativa y solidaria posible.

Feria Campesina anual. “Kupferstich Bauernkirchweih”, grabado de Daniel Hopfer, Siglo XVI. Todos los festivales, juegos y encuentros de la comunidad campesina tenían lugar en los campos comunes. Fuente: Silvia Federici. “Calibán y la bruja”, pag 107.

Por lo tanto, estas zonas no tienen que coincidir con las divisiones administrativas, sino deben ser identificadas a partir de los flujos de movimientos que se han producido en lo real durante el confinamiento, que reflejan los nodos y vectores de movimiento existentes (donde se ha movido la ciudadanía en su proximidad, para cubrir sus necesidades básicas). Esta estrategia supone que dentro de una ciudad o provincia puede haber, a la vez, espacios en diferentes fases de confinamiento, dependiendo de la diferencia de transmisión comunitaria del virus[9].

Identificar las unidades de “proximidad eficiente”. Mapa con unidades geográficas, según los flujos de movilidad que se han dado durante el confinamiento, a partir de los datos del INE. Fuente: “Mapa: el INE estudia la movilidad de la población durante el confinamiento”. Segre, 20 de Abril 2020 

Cómo desconfinarnos

Se debe ir permitiendo, paso o paso, cada vez más actividades fuera del domicilio, pero limitadas a estas zonas (el movimiento interzonal debe reservarse a excepciones justificadas); guardando las medidas de protección (distancia de 2 metros, uso de mascarillas); por un tiempo limitado (y, si hace falta, organizado por  turnos) y limitando el numero de personas en los grupos (inicialmente 4 ó 5, más adelante hasta un máximo de unas 10). Pienso en estos no tanto por la sociabilidad, sino para posibilitar la acción comunitaria de grupos de vecinos y grupos de profesionales.

Quiénes podemos salir

Toda la población que habita esos territorios debe beneficiarse del desconfinamiento, sin diferenciación por grupos de edad u otras características. Pero primando a los que tienen más necesidades por motivos de trabajo, salud (actividad física, exposición al sol, salud mental) o condiciones de habitabilidad. Por ejemplo, las familias con viviendas más pequeñas y peor ventilación/iluminación tienen mas necesidad de usar el espacio público, que aquellas que tienen casas grandes con jardines privados.

En las decisiones de desconfinamento, no debemos olvidarnos de que la razón original para el confinamiento fue no solo dificultar la transmisión comunitaria del virus, sino la protección de los más vulnerables ante la Covid-19: las personas mayores y con comorbilidades. Estas no deben ser encerradas en casa, pero debe evitarse al máximo que la salida a la calle sea un riesgo para ellas. Es decir, priorizarlas, como hasta ahora, para el acceso a los medios de protección (mascarillas y desinfectantes) y disminuir la posibilidad de contagio, disminuyendo la distancia espacial y la duración del contacto con otras personas ajenas al núcleo familiar.

Si se decide que las personas mayores salgan a la calle en un turno horario, no debe eliminarse la posibilidad de contactos intergeneracionales, especialmente para la ayuda y acompañamiento.

Debe tenerse en cuenta que el mayor riesgo de contagio en estos momentos es entre grupos familiares o de convivencia habitacional, pues después de más de 40 días de confinamiento domiciliario, las probabilidades de contagio intrafamiliar ya se han sustanciado. Esto supone, ser mas tolerante con el uso compartido de la calle por una misma familia.

Desconfinamiento progresivo: Reapropiándonos del espacio público de la forma más eficiente posible. Fuente: Publinews. 2 de mayo 2020. Los españoles salen por fin a pasear y hacer deporte tras mes y medio de confinamiento.

Para hacer qué

Partiendo de las actividades básicas anteriormente permitidas (compra, trabajo, cuidado, etc.), se amplia a otras que favorecen la actividad física (paseo, bicicleta, deportes individuales, etc.), el contacto con la naturaleza(baños de sol y de bosques o parques) y una “sociabilidad cuidadosa”que facilite el apoyo emocional y mutuo.

En una segunda fase, con las medidas de distancia espacial, aforo limitado y protección adecuadas, se permitirá la educación presencial, el comercio o la hostelería/bares. Y en una tercera fase, los eventos deportivos y culturales, que nunca deben ser “de masas”

Se deben primar las actividades al aire libre, sobre las de espacios cerrados. Es decir, antes los mercadillos al aire libre, que los comercios; antes la movilidad a pie y en bicicleta, que en transporte publico; antes la actividad al aire libre, que en un gimnasio. Según esta lógica, seria preferible el consumo en las terrazas, que en el interior de bares o restaurantes. Sin embargo, hay que cuidar que ello no suponga el desparrame de la superficie permitida para las terrazas, a costa de la privatización del espacio público y la reducción del espacio disponible en las aceras para pasear y otros usos colectivos, como hemos comprobado en algunas ciudades, como Madrid, antes de la pandemia.

También se deberían primar las actividades en proximidad (compra, trabajo, sociabilidad y ocio en proximidad). Seria una oportunidad de poner en marcha el modelo de “la ciudad de los 15 minutos” propuesta por la alcaldía de Paris[10]. Esto supone, por ejemplo, pensárselo dos veces antes de coger el coche. No solo porque hay indicios de que la contaminación atmosférica nos debilita frente al virus, sino para minimizar la ocupación del espacio por el coche. Esto facilitará el aumento del espacio disponible para ensanchar las aceras y los carriles bicis.

ERFNpG-WoAAt15s

El valor de la proximidad en “la ciudad de los 15 minutos”. “La Paris du 1/4 heure” . Cartel de la candidatura “Paris en Commun” de la alcaldesa de Paris, Ana Maria Hidalgo

Cuidar la desescalada

El desarrollo de este modelo se ve favorecido por cuatro elementos imprescindibles: habilitar recursos profesionales en el territorio para controlar la infección, dotar de recursos materiales (financieros e infraestructuras públicas) para compensar las desigualdades, hacer una gestión participativa del proceso y coordinar bien las acciones en los diferentes territorios confinados.

Empezando por la primera, deben reforzarse los recursos profesionales en el territorio[11]de atención primaria y salud pública, así como su equipamiento. Esto incluye equipos de sanitarios (tanto clínicos, como epidemiólogos y de apoyo administrativo), equipados con test diagnósticos, EPI, y tecnología para registro de casos, triaje, teleconsulta, aislamiento y traslado al hospital, si fuera necesario. Deben asimismo reforzarse otros dispositivos socio-comunitarios (servicios sociales, salud comunitaria, salud mental, adicciones, educadoras sociales, etc.). Todos serán considerados “servicios esenciales”.

“Cuidado Comunitario de la Salud Mental frente a Covid-19 y más allá de Convid-19”. Valiosa infografia de la profesora y psicóloga salubrista Angela Maria Guerra Cordero de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia, en Tunja (Boyacá). Abril, 2020.

Segundo, la pandemia y el confinamiento desvelan la desigualdad escondida. Más que nunca lo público tiene un valor fundamental para compensar las diferencias de bienes privados. Un abordaje eficaz del desconfinamiento supone compensar la desigualdad habitacional y de ingresos (el decir, de “techo y comida”) con recursos públicos como: el ingreso mínimo vital, comedores sociales, lazaretos comunitarios (para los que no tengan condiciones en sus viviendas para pasar la cuarentena), wifi públicos y/o abaratamiento de llamadas (para superar la brecha digital)[12]y mayor tolerancia de uso del espacio público (con todas las garantías posibles) para que las familias que viven de la economía informal en la calle.

Tercero, el plan de desescalada debe gestionarse de forma participativa e inclusiva. Adaptado a las condiciones locales, incluyendo a todos los grupos sociales, compartiendo la información que se vaya generando y contando con los medios de comunicación local y los lideres comunitarios. Debemos tener antenas en el territorio para identificar situaciones de desigualdad y barreras de acceso a los recursos públicos. Por otra parte, la implementación del plan debe vigilar y evitar tanto las sobreactuaciones de las fuerzas de seguridad, como las dinámicas estigmatizadoras de personal enfermo, sanitario y de minorías sociales.

Por ultimo, las intervenciones en los espacios de confinamiento deben articularse bien con los territorios vecinos, de forma que se eviten dinámicas de silos (o reinos de taifas, como decimos en España) y se compartan recursos. Si se descentraliza la ejecución del plan en los municipios o regiones, la autoridad central debe ejercer de forma decidida la función de fijar criterios comunes, fiscalizar su complimiento, vigilar el impacto de las medidas y facilitar la cooperación entre los municipios y las regiones. Además, de proveer con recursos de apoyo.

Un desconfinamiento cuidadoso en una ciudad cuidadora. Logo del Plan “Madrid Ciudad de los Cuidados” (2016-2019). Ayuntamiento de Madrid.

El desconfinamiento en la Ciudad de los Cuidados

Lo que se ha planteado hasta ahora es un modelo o prototipo que tendría que ser adaptado a cada situación. Su condición de factibilidad dependerá de cada situación concreta, y si se dan o no las condiciones favorecedoras o desfavorecedoras antes aludidas. Sea cual sea el modelo o plan adoptado, debemos conocer los criterios y perspectivas con el que se ha diseñado, pues nos dará una idea de la ciudad y sociedad por la que apostamos, tanto en la fase pandémica, como en la pre y postpandémica. Ninguna decisión es inocente y políticamente neutral. Tampoco en el desconfinamiento. El texto está siempre relacionado con el contexto. Y debo confesor mis conflictos de interés. ¡Ojo! El autor de este texto, como algunos saben, está sesgado y hace una reivindicación oportunista (¿u oportuna?) del valor de lo Comunitario, es decir, de la proximidad, lo común y la equidad en salud en la “Nueva Normalidad”. Apuesto pues por un desconfinamiento cuidadoso, en una sociedad cuidadora, que habita una Ciudad de los Cuidados.

Tres Cantos, 30 de abril de 2020

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NOTAS Y REFERENCIAS

[1]Ver el papel de las redes comunitarias en: Javier Segura del Pozo “ Más allá del #QuédateEnCasa y otras épicas“, Cuarto Poder, 15 de abril de 2020. https://www.cuartopoder.es/ideas/2020/04/15/mas-alla-del-quedateencasa-y-otras-epicas-javier-segura/

[2]Me refiero al acceso al “capital cultural” de la ciudad: sus monumentos, grandes museos, espectáculos deportivos y culturales de masa, bullicio callejero, etc.

[3]Henri Lefebvre. “El derecho a la ciudad”. Capital Swing. Madrid, 2017.

[4]Javier Segura del Pozo ”¡No se despisten! ¡Actúen ya! (Mensaje a las amistades de Latinoamérica desde un epicentro de la pandemia)”. Blog “Salud Pública y otras dudas”, 14 de marzo de 2020. https://saludpublicayotrasdudas.wordpress.com/2020/03/14/no-se-despisten-actuen-ya-mensaje-a-las-amistades-de-latinoamerica-desde-un-epicentro-de-la-pandemia/

[5]European Commission. Joint European Roadmap towards lifting COVID-19 containment measures https://ec.europa.eu/info/sites/info/files/communication_-_a_european_roadmap_to_lifting_coronavirus_containment_measures_0.pdf

[6]ECDC. Rapid Risk Assessment: Coronavirus disease 2019 (COVID-19) in the EU/EEA and the UK– ninth update, 23 April 2020. https://www.ecdc.europa.eu/en/publications-data/rapid-risk-assessment-coronavirus-disease-2019-covid-19-pandemic-ninth-update

[7]Teniendo en cuenta que el periodo de incubación son 14 días (mediana 5,6 dias) y que hay un decalaje de al menos 4-5 días en demandar asistencia, a los que hay que añadir otros 5-6 dias en declarar casos por el personal clínico. Intervalos de 2 semanas entre medidas, se quedan cortos.

[8]Silvia Federici. “Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpos y acumulación originaria”. Editorial Traficantes de Sueño. Madrid, 2018.

[9]En el momento de escribir este texto, el gobierno ha difundido su plan de desescalamiento (“Plan para la transición hacia una nueva normalidad”) que se basa en limitar el movimiento, desde el inicio, a unidades geográficas bastante más grandes: la provincia. Y en una segunda fase, permitir el movimiento interprovincial. Aunque al parecer, se van a atender las peticiones razonadas que hagan las CC.AA. de aplicar unidades menores a provincia. En el caso de Francia, se permiten movimiento de un radio de 100 km. También se proyecta un cronograma ideal en el que se concentra el desconfinamiento de las fases iniciales en un periodo de 8 semanas (mayo y junio), probablemente para salvar en lo posible la temporada turística (julio a septiembre), aunque se especifica que no se permitirá la transición entre fases, si no se cumplen una seria de criterios mínimos, medidos por indicadores ad hoc.

[10]“La promesa estrella de la alcaldesa de París: que nadie tarde más de 15 minutos en ir al trabajo o al colegio”. Alvaro Garcia Hernandez. ElDiario.es, 21 de enero 2020. 

[11]No debemos olvidarnos tampoco del refuerzo de los recursos de prevención y protección en el medio laboral, tanto de los delegados sindicales de prevención de riesgos laborales, como de los profesionales de inspección de trabajo y de vigilancia epidemiológica de salud laboral.

[12]Desde esta perspectiva, el urbanista Mauro Gil-Fournier propone habilitar también espacios públicos de coworking en la proximidad (“coworking comunitarios”), para aquellas personas que tienen dificultades para teletrabajar desde sus casas y que además faciliten la conciliación con el trabajo reproductivo.

 

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