Contra la simpleza pandémica

Contra la simpleza pandémica

Javier Segura del Pozo, médico salubrista y epidemiólogo

[Reproducimos a continuación el artículo publicado el 22 de agosto de 2020, en el diario digital «Cuartopoder», con el mismo título: «Contra la simpleza pandémica»]

Extrañarse de la escasa afluencia a convocatorias por SMS para hacer pruebas PCR a población vulnerable, llamar educación para la salud a los consejos telefónicos de un “rastreador”, invertir más en construir un “hospital pandémico” que en reforzar la primera línea de contención (Atención Primaria y Salud Pública), poner más énfasis en el país de nacimiento que en la situación social de los casos, descubrir que hay personas que no siguen la recomendación de cuarentena o temen hacerse la prueba PCR, creer que una ayuda social llega a los beneficiarios por el hecho de publicarse en el boletín, hacer pasar como pedagógicas medidas de corte policial (obligación de uso de la mascarilla en la calle), señalar a la “inconsciencia de los jóvenes” como el origen del problema, pensar que los patrones de sociabilidad van a cambiar a golpe de consejo o campaña publicitaria, llamar comisiones interdisciplinarias a las formadas mayoritariamente por profesionales de la medicina de diferentes especialidades (en las que además es escasa la presencia de salubristas), considerar que la población no está preparada para compartir con ella la evolución de los indicadores de alerta, pretender reabrir los colegios sin aumentar las plantillas, etc., etc.

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Hasta siempre, Juan Luis

Hasta siempre, Juan Luis

Por Javier Segura del Pozo
Médico salubrista

Se nos ha ido Juan Luis desde la más radical coherencia salubrista, es decir, con una muerte saludable.

La muerte de Juan Luis es una inmensa perdida, no solo para la Salud Pública madrileña, sino para toda la sociedad española, por cuya salud colectiva y equidad en salud ha luchado toda su vida.

Su compromiso por los más vulnerables y la justicia social ha sido ejercido en todos los ámbitos en los que se ha empeñado, fuera y dentro de las instituciones. Desde la cúpula a la base de las mismas: como Director General de Salud Pública o Gerente de Área de Atención Primaria, pero también como médico de familia y comunidad en el C.S Vicente Soldevilla de Vallecas, donde dejó una obra de acción comunitaria solida y un recuerdo imborrable entre sus colegas y el vecindario.

Pero Juan Luis ha sido sobre todo un infatigable activista social, muñiendo decenas de organizaciones en defensa de la sanidad pública (Marea Blanca) o en contra de la exclusión sanitaria (Yo sí, Sanidad Universal), por solo mencionar algunas.

Juan Luis es y será siempre un referente de la Salud Comunitaria española, alma fundadora del Programa de Acciones Comunitarias en Atención Primaria (PACAP) y, más recientemente, del Foro de Salud Comunitaria de la Comunidad de Madrid, además de incansable docente y difusor de conocimientos comunitarios; maestro de miles de profesionales de la Atención Primaria, Salud Pública y otros ámbitos, que se reconocen humorísticamente como “L*s 100.000 hij*s de Juan Luis” y que han seguido multiplicando su legado y extendiendo su cosecha.

Compensaremos nuestra orfandad y nuestro dolor, con la alegría por haberle conocido, el valor de su ejemplo y la magnitud de su legado.

Descansa en Paz.


Como homenaje y para ampliar este requiem, reproduciremos a continuación el post que escribí con motivo del homenaje por su 70 aniversario, el 22 de enero de 2016, titulado #tequeremosjlrg

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La medicina social no tiene por qué ser socialista

La medicina social no tiene por qué ser socialista

Por Javier Segura del Pozo
Médico salubrista

Damos hoy un paso más en la cuestión ¿Es la «Salud Comunitaria» un mero sinónimo de «Salud Pública»?, profundizando en el análisis histórico-semántico de los múltiples nombres de la Salud Pública, especialmente en el auge y decadencia del adjetivo social, ligado a la preocupación por la llamada “cuestión social” y al lastre de su contenido político, respectivamente. También a su trueque por el adjetivo comunitario en los años 1960’ y 70’. Asimismo, analizaremos el cisma que la Microbiología introdujo en la Medicina Social, representado por la divergencia entre Behring y Grotjahn, así como las diferencias en la radicalidad de las reformas sociales propuestas por el higienismo, encaminadas, en general (y muy especialmente en nuestro país), a conservar el orden burgués. Por lo que concluimos que la Medicina Social no tiene por qué ser Socialista.

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