La Medicina Social no tiene por qué ser Socialista

Por Javier Segura del Pozo
Médico salubrista

Damos hoy un paso más en la cuestión ¿Es la “Salud Comunitaria” un mero sinónimo de “Salud Pública”?, profundizando en el análisis histórico-semántico de los múltiples nombres de la Salud Pública, especialmente en el auge y decadencia del adjetivo social, ligado a la preocupación por la llamada “cuestión social” y al lastre de su contenido político, respectivamente. También a su trueque por el adjetivo comunitario en los años 1960’ y 70’. Asimismo, analizaremos el cisma que la Microbiología introdujo en la Medicina Social, representado por la divergencia entre Behring y Grotjahn, así como las diferencias en la radicalidad de las reformas sociales propuestas por el higienismo, encaminadas, en general (y muy especialmente en nuestro país), a conservar el orden burgués. Por lo que concluimos que la Medicina Social no tiene por qué ser Socialista.

Representación del sistema de clases sociales de principios del siglo XX. La pirámide social capitalista. Industrial Worker (revista sindical de EE.UU, 1911)

La Higiene apostando por la reforma social

Como dice el profesor Rodriguez Ocaña, alrededor del movimiento reformista alemán de 1848 se desplaza el concepto de Policía médica de corte absolutista, por una Higiene Pública que incorpora no solo las cuestiones ambientales, sino todas las necesidades de los ciudadanos y la vida en común, incluyendo los sociales y políticos[1].

Más allá de Alemania, las preocupaciones higiénicas fueron cada vez asociándose más a “la cuestión social”. Es decir, al surgimiento del proletariado y los “barrios bajos” en las ciudades y al miedo a las epidemias de cólera, inseparables de esta densidad demográfica urbana. El pobre preocupaba a la floreciente clase burguesa, a la que pertenecían la mayoría de los médicos de la época. La recién nacida Estadística (ciencia del estado) permitió comprobar la clara relación entre la situación social (la pobreza) y el incremento de la mortalidad y morbilidad. De describir la pobreza y contar los muertos, se pasó a atender a los pobres en dispositivos caritativos o benéficos. El siguiente paso era plantear reformas sociales. La Higiene Pública pasa a ser Higiene Social o Medicina Social, quedando el adjetivo “social” ligado a esta cuestión social, es decir a la preocupación médica por los trabajadores y sus familias.

Las condiciones de vida de las clases populares urbanas de finales del XIX. Lavadero en la acequia del Cabañal (Valencia), 1888. Fuente: https://www.lavaderospublicos.net/2015/03/la-sequia-del-gas-y-lavanderas.html

La Medicina daba también el paso de intervenir más decididamente en la política y en la administración de las ciudades, tanto promocionando leyes y reformas sociales, como ocupando sus profesionales cargos políticos en los parlamentos y los ayuntamientos. La naciente Sociología tuvo una influencia importante en la Medicina, al mismo nivel o más que las ciencias experimentales (Química, Física, etc.). Por ello, algunos médicos alemanes, como Salomón Neumann y Rudolf Virchow, definieron “la Medicina como Ciencia Social” y a la Política como “la Medicina a gran escala”.

Para ser más precisos, la higiene de mediados del XIX tenía un alma híbrida: como ciencia experimental y como ciencia social. Incluso el máximo representante de la “medicina de laboratorio”, el alemán Max von Pettenkofer (1818-1901), combina la aplicación de los conocimientos de física y química a la higiene del vestido, la alimentación, la ventilación, ale agua y el saneamiento, con la consideración de los factores sociales y laborales, en su célebre Tratado de Higiene y Enfermedades del Trabajo de 1882[2]

Por otra parte, debemos considerar la influencia que tuvo el darwinismo social y la eugenesia del último tercio del XIX, que animaba a la higiene social a una intervención en las leyes biológicas y sociales que regulaban la población, para mejorar la eficacia productiva y contribuir al “encuadramiento social de la clase obrera”.[3][4]

Hubo diferentes posturas al abordar la cuestión social, desde el paternalismo caritativo conservador, hasta el liberalismo más radical y el socialismo[5]. Entre los que defendían que solo profundos cambios sociales  podían mejorar la salud colectiva, estaba  Virchow que según Rosen, atribuía el brote de tifus de Alta Silesia “a un conjunto de factores sociales y económicos, y en consecuencia esperaba poco de cualquier tratamiento médico. Proponía, en cambio, reformas sociales radicales, que en general comprendían ‘democracia completa y sin restricciones’, educación, libertad y prosperidad”[6][7].  Muchos se comprometieron políticamente en los sucesos revolucionarios de 1848[8]y sufrieron la represión posterior. Otro ejemplo (medio siglo después de Virchow), es Alfred Grotjahn, del que luego hablaremos, que ingresó en el Partido Socialdemócrata siendo un estudiante y llegó a ser diputado socialista en el Reichstag de 1922 a 1926, aunque posteriormente se apartara de su orientación marxista y se adhiriera al reformismo social[9]. Según Gebhard, Grotjahn estuvo convencido durante toda su vida de que “la higiene social y el socialismo eran inseparables”[10].

Pero eso no quiere decir que la Medicina Social como ciencia fuera solo defendida por socialistas o revolucionarios. De hecho, en la mayoría de los países sus representantes defendían el orden burgués, y precisamente planteaban estas reformas sociales y urbanas como el mejor dique frente al avance del socialismo en la crecientemente reivindicativa clase proletaria. En nuestro país, como luego veremos más extensamente, solo basta leer los argumentos desplegados por los higienistas Mendez Alvaro[11], Philip Hauser[12]o Francos Rodriguez[13], destacando el primero por su notable beligerancia higiénica contra doctrinas consideradas perniciosas como el ateísmo, el materialismo o el socialismo, y a favor del mencionado “encuadramiento social del obrero”.

Huelga de cigarreras en los años XX. https://info.nodo50.org/El-trabajo-capitalista-ese-Alien.html

El cisma higiénico

La revolución bacteriológica introdujo un cisma en la Higiene Pública, representada en Alemania por dos referentes: Emil A. von Behring (1854-1917), que defendía la etiología monocausal (el germen) y la higiene como ciencia puramente experimental despreocupada por la cuestión social, y Alfred Grotjahn (1869-1931), que defendía la determinación social de la enfermedad, llegando incluso a defender la necesaria independencia de la Higiene Social de la tradicional Higiene Pública (ante la ineficacia de esta).

Para Behring, no era el paciente, sino la enfermedad lo que debía preocupar a la medicina[14]. En un texto de finales del XIX, Behring criticaba la posición de Virchow en favor de reformas sociales radicales (defendidas en el informe histórico mencionado de 1847 sobre la epidemia de tifus de Alta Silesia) y sostenía que “en la actualidad, de acuerdo con el procedimiento de Robert Koch, el estudio de las enfermedades infecciosas se podía llevar a cabo con constancia y sin desviarse en consideraciones sociales ni reflexiones sobre políticas social[15]. Ligar la etiología de las enfermedades epidémicas a la miseria social era, según Behring, algo anticuado y propio de principios del siglo.

Grotjhan, 15 años más joven, le dio la réplica, empeñándose en sistematizar un concepto de higiene social a la luz de las ciencias sociales, sin dejar de incorporar los nuevos descubrimientos y métodos científicos: “Llegar por fin a una teoría de la patóloga social y de la higiene social, que con métodos propios…pudiera utilizarse para investigar y determinar cómo tanto la vida como la salud dependen, particularmente las de las clases más pobres, de las condiciones sociales y del medio”[16]

Behring y Grotjahn representarán durante muchos años dos formas muy diferentes de enfocar la Medicina y la Salud Pública, que siguen estando vigentes en nuestra época[17].

Foto de la izquierda: Emil Behring. Foto de la derecha: Behring con sus colegas Wernicke (izquierda) and Frosch (centro) en el laboratorio del Instituto Robert Koch de BerlinPhoto: Cortesia de Aventis Behring

Foto de la izquierda: Alfred Grotjahn. Foto de la derecha: Portada de una de sus obras principales: “Soziale Pathologie” (Patologia social) de 1915, que lleva por subtitulo “Intento de enseñanza de las relaciones sociales de las enfermedades humanas, como base de la Medicina Social y la Higiene Social”

Higiene Social o Medicina Social

Sin embargo, Grotjahn, a pesar de su vocación social, huía del término Medicina Social, pues creía que estaba demasiado asociado al seguro de enfermedad de los trabajadores y la atención médica (la medicina de los trabajadores). Debemos tener también en cuenta que higiene y medicina eran términos con diferentes connotaciones semánticos: asociados, respectivamente, a prevención y terapéutica; y a intervención colectiva e individual. Prefería por ello Grotjahn hablar de Higiene Social y reservar, en todo caso, Medicina Social a la terapéutica social, solo una parte de la Higiene Social.[18]

Las tres ramas en las que Grotjahn categorizaban a la Higiene Social moderna eran: la Patología Social (estudio del ambiente social en la génesis y desarrollo de las enfermedades), la Profilaxis Social (la prevención de las enfermedades a través de la educación sanitaria y otras medidas sociales) y la Terapéutica o Medicina Social (la lucha contra las enfermedades con medidas sociales)[19][20]. Para Grotjahn la aparición de la higiene social moderna se debe a la creciente conciencia de fracaso de la medicina moderna. Sería una disciplina intermedia entre las ciencias médicas y las ciencias sociales. Los métodos de la Higiene Social eran los métodos de las ciencias sociales, la estadística y las topografías médicas.

Como muestra del baile semántico entre autores y épocas, mencionaremos que otro higienista de la época, como Adolf Gottstein (1913) cambió la jerarquía clasificatoria y terminológica, entendiendo que era la Medicina Social el término más inclusivo (abarcaría las tres partes), reservando el termino Higiene Social únicamente a la Profilaxis Social[21].

Por otra parte, fue notable el protagonismo que se atribuía a los municipios para estas iniciativas higiénicas, especialmente para el desarrollo de la llamada Profilaxis Social, que se ocupaba según Grotjahn de la prevención de las enfermedades a través de medidas sociales, una de las cuales era la educación sanitaria (denominada por Alfons Fischer, otro referente de su tiempo, como “Higiene popular”). Gottsein tenía tan claro que los municipios eran los más apropiados para desarrollar esa Profilaxis Social, que llegó a llamarla “Higiene comunal”[22].

En resumen, en la última mitad del XIX y principios del XX, el adjetivo “social”, unido a los nombres de Higiene o Medicina, paso de estar limitado a la preocupación por el proletariado (Virchow, Georg), incluyendo los problemas médicos relacionados con el seguro de enfermedad de los obreros, a abarcar a todas las clases sociales (a toda la sociedad o población) y todos los problemas higiénicos de “la vida social, comunitaria y corporativa” (Fischer, Grotjahn)[23].  Para que unas décadas después sea progresivamente eliminado o sustituido por “comunitario” en los países anglosajones, como veremos a continuación.

El lastre del contenido político de la palabra social

En los países anglosajones, se usaba más el término Salud Pública (Public Health) que Medicina Social o Higiene Social. Sin embargo, Bruno Gebhard cuenta como la “Soziale Pathologie” de Alfred Grotjahn tuvo una influencia notable en la Medicina Social inglesa y norteamericana. Después del ascenso del nacionalsocialismo en 1933, en EE. UU. se refugian muchos de los estudiantes de Grotjahn e insignes historiadores alemanes de la medicina (Sigerist, Galdstone, Rosen). Ante la suspicacia que levanta el termino Medicina Social en ese país, algunos de ellos como Jago Galdstone (“The meaning of social medicine”, 1954), interpretan el amor de los alemanes hacia la palabra “Sozial”, considerando que no debe traducirse al inglés por la correspondiente palabra inglesa “social”, pues tiene una connotación que se refiere a “comunidad”o a “estado”. Curiosamente, muchos departamentos de Higiene o Medicina Preventiva en los Estados Unidos y numerosas instituciones independientes en el campo de la sanidad sustituyeron en los años 60 y 70 el término “Salud Pública” (Public Health) por el de “Salud de la Comunidad” (Community Health)[24].

Debemos tener en cuenta no solo las resistencias políticas e institucionales a todo lo que oliera a socialismo en el EE. UU.del primer tercio del siglo XX, sino las corporativas de la clase médica americana, para la que la medicina social y los seguros médicos de enfermedades podían conllevar la perdida del negocio de la medicina privada. Gebharg nos cuenta como, todavía en 1920, la poderosa American Medical Association publicaba material de propaganda como el panfleto titulado La obligatoriedad y el colectivismo. Estudio y denuncia del intento de imponer al pueblo americano un seguro obligatorio de enfermedad [25]. Soy consciente que resulta pasmoso el pensar que el título podría corresponder a un texto de la actual era trumpista, cien años mas tarde.

Son los mismos años 20 y 30 en los que, como veremos en próximas entregas, el movimiento norteamericano de los centros comunitarios o vecinales de salud, impulsado por la llamada Organización nacional de Unidad Social, creada por Wilbur Phillips en 1916 (quien por cierto utilizaba el termino Medicina Social), es frenado por considerarlo algunos alcaldes como un “complot rojo”, o bien era forzado a limitarse a servicios preventivos y abstraerse de los curativos, reservados a la medicina privada[26]. Como vemos, algunas suspicacias políticas actuales hacia el término “comunitario” tienen claros antecedentes históricos.

En los ambientes académicos ingleses, la Medicina Social, en el sentido utilizado por Grotjahn, no pareció hasta después de la II Guerra Mundial. Poco antes, John A. Ryle fundó en 1942 el Instituto de Medicina Social de la Universidad de Oxford que no sobrevivió a su muerte (1950). Los términos Salud Pública y Medicina Social conviven mejor en el Reino Unido que en los EE. UU. Así por ejemplo, Rodríguez Ocaña nos cuenta como la catedra de Higiene de le Universidad de Edimburgo, pionera en el Reino Unido y fundada en 1898 bajo la denominación de Public Health, cambió en 1945 su nombre por Public Health and Social Medicine, y en 1965 se llamaba exclusivamente de Medicina Social, para finalmente, desde 1975 llamarse departamento de Medicina Comunitaria (Community Medicine), confirmando esa tendencia de cambiar el adjetivo social por comunitario[27]. Lo que no quita que el término Medicina Social siguiese siendo motivo de vivas polémicas en las décadas de los 50 y 60. R. E. Smith, que fue secretario de Ryle, lo atribuyó, en un artículo aparecido en The Lanceten 1964, a que “el término Medicina Social esta lastrado por el contenido político de la palabra[28].

Izquierda: Artículo de prensa extraído de el periódico El Día, Diario de la noche, del 3 de octubre de 1918, con foto de Cesar Chicote al frente del Laboratorio Municipal. Fuente: Natalio Plaza “La temible gripe: La verdad sobre el mal que aflige a España”, Madrid Fotografías de Alfonso. Derecha: Portada de la obra de Cesar Chicote “La vivienda insalubre en Madrid”, Ayuntamiento de Madrid, 1914, que se puede descargar aquí: Memoria de Madrid

La Medicina Social  en España

Según Rodríguez Ocaña, a diferencia de lo ocurrido en otros países de Europa, “en España no se desarrolló, desde luego no con virulencia, la confrontación entre bacteriólogos o higienistas de laboratorio o higienistas sociales… (lo que) revelaría la intima aceptación del proyecto político-social vehiculado por los higienistas y médicos sociales con la ideología inmanente (…) en torno a un proyecto de regeneración, saneamiento, moralidad y orden burgués[29][30]

Es decir, la Medicina Social española también tiene una vocación reformista, pero más cercana a la caridad o beneficencia y al encuadramiento social del proletariado, que a planteamientos radicales e impugnadores del orden burgués. Se aboga por la incorporación de la medicina a la política (sobre todo a la política municipal), pero con el fin de “moralizar y vigorizar a los trabajadores”, luchar “contra el influjo de doctrinas peligrosas” y “resolver, no solo el problema de las subsistencias, sino el conflicto entre capital y trabajo (…), siempre que se evitaran los excesos y se respetara el orden”. Estas acciones de “tutoría científica del obrero”, tal como lo define Murillo Palacios, abarca desde incorporar las doctrinas de la previsión social y la higiene del trabajo (seguro obrero, atención a accidentados del trabajo, inspección médica laboral); la lucha contra la mortalidad infantil, la tuberculosis, el alcoholismo o la sífilis-prostitución; o la promoción de medidas de salubridad urbana, incluida la vivienda obrera (véase las topografías médicas de Hauser). Siempre con la visión del “pauperismo como una enfermedad social congénita” (según Monlau y Hauser) y la intención de revertir la degeneración de la raza, siguiendo las teorías eugenésicas imperantes[31].

Viviendas en los barrios bajos del sur de la capital a principios del XX. Casa en el barrio de La Latina (el nº 15 de la calle Segovia). Fuente: http://www.urbanity.es/foro/urbanismo-mad/893-de-madrid-al-cielo-album-de-fotos-historicas-33.html

A nivel terminológico, también hay una evolución desde la Higiene (Pública) a la Higiene Social o la Medicina Social, pero como hemos dicho, sin que apenas supusiese un cambio en los contenidos semánticos y en las posiciones ideológicas (sin negar los matices del espectro conservador-liberal), más allá de añadir la preocupación por “la cuestión social” a la ambiental-miasmática-bacteriológica.  Ni el adjetivo social parece haber levantado tantas suspicacias políticas como en el mundo anglosajón, estando mas bien ligado al crecimiento e influencia de la Sociología[32], ni llegamos a tener en el siglo XIX y principios del XX figuras médicas con la radicalidad y vocación de cambio social de un Virchow o un Grotjahn (todavía no había entrado en escena Marcelino Pascua[33]).

Esto se ve claramente por las acciones y el perfil político de los impulsores de las sociedades medicosociales y los grupos de presión, especialmente activos en Barcelona y Madrid, cuya actividad se limitaba a actos académicos y propuestas legislativas. Así por ejemplo, la Sociedad española de Higiene, fue impulsada por el político conservador Fernando Méndez Álvaro (1806-1883) e inaugurada en 1882 por Alfonso XII, en un discurso en el que explicaba que “… se trata de mejorar la sociedad, procurando en lo posible acrecentar la superioridad de nuestra raza, con lo que podríamos contar con soldados y trabajadores más útiles e inteligentes…”. Cayó en el letargo después de la guerra civil y, a finales de los 60, cambió su nombre por Sociedad española de Higiene y Medicina Social[34].

Retrato de grupo de los médicos catalanes que asistieron a la conferencia del médico e historiador madrileño Luís Ortega-Morejón (1) en el Institut de Medicina Social de Barcelona , entre los que se reconocen: Joan Viura Carreras (2), Andreu Martínez Vargas (3), Rafael Rodríguez Méndez (4), Jaume Queraltó Ros (5), Jaume Ferran Clua (6) i Lluís Comenge Ferrer (7). Barcelona, c. 1911. [España Médica] http://www.galeriametges.cat/galeria-fotografies.php?icod=JJG

En Cataluña, destacó el nacimiento de la Academia de Higiene de Cataluña (1887), de la mano de Ignacio Valentí Vivó, y del Institut medic-social de Catalunya[35](1911) inspirado por Jaume Queraltó i Ros, que aunque simpatizaba con los postulados anarquistas, no se alejó de la alabanza a la caridad y la beneficencia como método. De hecho, la mayoría de los temas expuestos en la vida académica del Institut huyeron de la “utopía social del igualitarismo”. El Institut probablemente influyo en la creación de un Instituto de Medicina Social en Madrid (1918), en cuya fundación participó el futuro ministro de Gobernación Manuel Burgos Mazo (1862-1946), terrateniente onubense del Partido Conservador. El objetivo explicito de la sociedad era “acabar con los conflictos sociales”. Su visión de la “patología social” estaba muy alejada de la de Grotjahn y más bien respondía al influjo de la sociología organicista de finales del XIX. El punto culminante en su actividad académica fue la celebración de la Semana Médico-social de Santander en agosto de 1920, en el exclusivo Gran Casino del Sardinero e inaugurada por el rey Alfonso XIII.  Alternó selectas conferencia (Gregorio Marañón, Bardaji y Martin Salazar) acerca de las “causas de nuestro atraso sanitario”, que contaron con la presencia de miembros de la casa real, con una “verbena aristocrática en el lawn tennis, excursiones y banquetes de nobles anfitriones….”, según la prensa de la época[36].

Portada de “ABC” de 14 de agosto de 1920, sobre la Semana Médico-social. “Santander en la semana médica. S.M. la Reina Victoria Eugenia con el duque de Alemany y los congresistas médicos durante su visita a la colegiata de Santillana de Mar.

A modo de conclusión, Rodríguez Ocaña (a quien debemos una parte importante de las investigaciones aqui citadas, tanto como autor, como de complilador y difusor) resume que en la Medicina Social española, “la clase obrera era objeto de estudio y objeto de la práctica médicosocial, conservando su condición subordinada. (…) La reforma social fue dejada en manos del poder (por fuerza mayor: dictaduras de Primo de Rivera y de Franco), salvo el periodo de entusiasmo social que supuso el paréntesis republicano, y la Medicina Social abandonó los ateneos y otros foros populares para restringirse a los círculos especializados, académicos y de la administración sanitaria. En las particulares condiciones políticas posteriores a 1939, la asepsia ideológica obligada redujo la disciplina a apéndice de la Microbiología, con abandono de técnicas, problemas y objetivos sociológicos”[37]. Solo me queda añadir: y así es como prácticamente me la encontré, cuando inicié mis estudios de Medicina en 1973…

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NOTAS Y REFERENCIAS

[1]Rodriguez Ocaña, E. La constitución de la Medicina Social como disciplina en el mundo. En:  Rodriguez Ocaña, E. La Constitución de la Medicina Social como disciplina en España (1882-1923). Textos clásicos de la Salud Pública nº 30. Ministerio de Sanidad y Consumo, marzo de 1987. p. 12

[2]Ibidem p.12

[3]Ibidem p.13

[4]Para entender la repugnante deriva que tuvo esta fascinación de la higiene por el eugenismo, que inicialmente fue abrazado por todo el espectro ideológico, en la política de exterminio selectivo y dominación del nacionalsocialismo y el franquismo, ver: Segura del Pozo, Javier, “Biopolítica, Tanatopolítica y Salud Pública en el Nazismo” (pp. 71-78); y “La alianza entre Medicina Social, Regeneracionismo y Eugenesia en España” (pp. 43-52), en: Segura del Pozo, Javier. “Biopolitica y Salud Pública: una recopilación de textos blogueros pendientes de amasar”. Ediciones “Salud Pública y otras dudas”. Tres Cantos, Diciembre 2016. Accesible en: https://saludpublicayotrasdudas.files.wordpress.com/2017/01/segura_biopolitica-y-salud-pc3bablica_en-2017.pdf

[5]  Para que no creáis que me estoy apartando de la pregunta de partida que justifica esta serie (¿Es la Salud comunitaria un mero sinónimo de Salud pública?), y para los más impacientes, os anuncio que también iremos viendo que estas diferentes formas o visiones de abordar la cuestión social, también estaban determinadas por una menor o mayor importancia dada al territorio y la acción territorial (barrio, distrito, ciudad, municipio, comuna), y por un abordaje más de arriba a abajo o más participativo (de abajo a arriba). Vocación más territorial y/o participativa que aparentemente estaban más incluidas en la semántica del término de Medicina o Salud Comunitaria…aunque no tenía por qué ser así (hubo ejemplos de Medicina comunitaria con enfoques muy de arriba abajo, indistinguibles de otros que portaban la denominación de Salud Pública, y hubo acciones de Medicina Social o Salud Pública con enfoque participativo y de base territorial)

[6]Rosen, G. ¿Qué es la Medicina Social? Un análisis genético del concepto. En: Rosen, G. De la Policía Médica a la Medicina Social. Siglo XXI editores, 1985. p. 78

[7]A pesar de que algunas de sus ideas y acciones podrían hoy ser consideradas como socialistas, estuvo militando en partidos liberales. En 1861 fue miembro fundador y diputado del partido progresista (Fortschritte Partei) de tendencia liberal, figurando a partir de1884 como diputado del partido liberal (Freisinnigen Partei). Fuente: Wikipedia en alemán.

[8]Las jornadas revolucionarias de marzo de 1848 en Berlín habían sido consecuencia de la victoriosa revolución de febrero 1848 en París (Rosen, op cit, p 79)

[9]Ibidem, p 113

[10]Gebhard, B. La “Soziale Pathologie” de Alfred Grotjahn y su influencia en la medicina social inglesa y norteamericana. En: Lesky, E ed. Medicina Social. Estudios y testimonios históricos. Textos clásicos de la Salud Pública, vol complem 1. Ministerio de Sanidad y Consumo, Madrid, 1984. p. 289.

[11]Toca también la higiene, y en ello no cabe escasa gloria, hacer ver a la generación presente los tristes efectos de las perniciosas doctrinas filosóficas que cunden…de sus funestas inspiraciones…obtendrá…la languidez, la enervación, la enfermedad, la imposibilidad de gozar, el disgusto, el tedio, la muerte…Tal es la influencia del materialismo en la salud”

(Méndez Álvaro, F. De la actividad humana en sus relaciones con la salud y el gobierno de los pueblos. Madrid. Imp. M. Rojas. 56 pp.)

[12]“Con poco que reflexionen los hombres que dirigen los destinos del país, comprenderán que privando a los Municipios de los medios para mejorar el bienestar físico, moral e intelectual de la clase trabajadora, procuran dar armas poderosas al partido socialista, el cual cada día gana en Europa más terreno, adquiriendo siempre nuevos adeptos entre las clases productoras de la sociedad.” (frase de candente actualidad o que hoy tendría otra formulación)

(Philip Hauser. Madrid bajo el punto de vista médico-social. Madrid, 1902. Edición preparada por Carmen del Moral. Editora Nacional. Madrid, 1979. Vol 1º. P. 96)

[13]  “Pan escaso, aire impuro, vida corta, producen el odio revolucionario, la ira demagógica. Más se hace con medidas de higiene que con todas las de represión que adopten las autoridades contra las reclamaciones airadas de la muchedumbre.

(Francos Rodriguez, J.: “Propaganda Médica”, El Siglo Médico (1918), p. 702)

[14]Rosen, op. cit.,p. 112

[15]Rodriguez Ocaña,

[16]Alfred Grotjahn, Erlebtes und Estrebtes, Erinnerungen eines sozialistischen Arztes, Berlin, 1932 (se podría traducir como “Vivencias y empeños, recuerdos de un médico socialista”). Citado en Rosen, op cit p 113

[17]Bajo mi opinión, la Medicina Preventiva y la Salud Pública españolas de los últimos 40 años (incluida la actual), tanto desde su ámbito docente universitario (cátedras o departamentos de Salud Pública en Facultades de Medicina), como de su formato como especialidad médica (Medicina Preventiva y Salud Pública-MPySP), como sociedades científicas (SEMPHSP vs SESPAS) o desde su propia práctica profesional (desde la que sigue teniendo su centro de gravedad en el medio hospitalario a través de los Servicios de Medicina Preventiva, como la de los Servicios de Salud Pública de la Administración Pública), siguen siendo herederas de este cisma (representado por las posturas de Behring vs Grotjahn). Siguen sin resolver esta dicotomía asocial-social/individual-colectivo/micro-macro y, una parte importante de ellas, todavía les cuesta ver más allá de la Microbiología y la Estadística, están fascinadas por los métodos experimentales y estadísticos (laboratorio, ensayos clínicos, modelos matemáticos, etc.), encasilladas en un referente epistemológico simplista y único, privadas de las habilidades de relación con la sociedad civil y con tendencia a abstraerse del contexto social y político.

Lo cual no obvia, que en las dos últimas décadas, se haya introducido con fuerza (a la vez de con una notable resistencia) en estos ámbitos, el enfoque de los determinantes sociales de la salud, y por ello, el renovado interés por las ciencias sociales y por el reconocimiento del derecho ciudadano a tener mejor información y más instrumentos para decidir sobre la salud colectiva. Solo hace falta repasar el contenido teórico de la especialidad de MPySP y, sobre todo, el tiempo y lugares de rotación de sus residentes. Lo mismo es de aplicación al currículo docente universitario salubrista en Medicina o al temario de las oposiciones a técnicos de salud pública. Esperemos que las actuales y próximas generaciones de salubristas me desmientan.

[18]Thissen, R. Evolución de la terminología sobre higiene social y medicina social en los países de idioma alemán hasta 1930. En: Lesky, E ed. Medicina Social. Estudios y testimonios históricos. Textos clásicos de la Salud Pública, vol complem 1. Ministerio de Sanidad y Consumo, Madrid, 1984. p. 301-314.

[19]Cada una de ellas seria desarrollada en tres libros ya clásicos: Soziale Pathologie (Patología Social, 1915), Higienische Forderung (Promoción de la salud, 1920) y Krankenhauswesern und Heilstättenbewegung im lichte der Sozialen Hygiene (La organización hospitalaria y el movimiento sanitario desde el punto de vista de la higiene social, 1908)

[20]Para Grotjahn, la higiene social tiene una doble vertiente: una ciencia descriptiva que investiga las condiciones para difundir la cultura higiénica, y una ciencia normativa cuyo objeto es encontrar los medios y los métodos para alcanzar dicha cultura (Gebhard, op cit, p. 291)

[21]Gottstein, Adolf, Einfürung in das Studium  der Sozialen Medizin, 1913, citado en. Thissen, op, cit, p 307 R.

[22]¿Creéis que “Higiene comunal” se acerca al término “Salud Comunitaria”?

[23]Thissen, R. op, cit, p 309

[24]Bruno Gebhard pag293

[25]Ib

idem, p 297

[26]Rosen, p. 365 y 373

[27]Rodriguez Ocaña, E. op cit, p 15-16

[28]Bruno Gebhard, op cit, p 295

[29]Rodriguez Ocaña, E. La Medicina Social en España. En: Rodriguez Ocaña, E. La Constitución de la Medicina Social como disciplina en España (1882-1923). Textos clásicos de la Salud Pública nº 30. Ministerio de Sanidad y Consumo, marzo de 1987. p. 26

[30]Ver: Segura del Pozo, J, op, cit, pp. 43-52

[31]Rodriguez Ocaña, op, cit, p. 26-29

[32]Según Rodriguez Ocaña el cambio de denominación se sustentó sobre tres elementos: la fundamentación estadística, el valor económico de la salud y el concepto de enfermedad social

[33]Ver: Segura del Pozo, J. La injusticia de un olvido: Marcelino Pascua (1897-1977). Salud Pública y otras dudas. Mayo, 2018. Accesible en: https://saludpublicayotrasdudas.wordpress.com/2018/05/13/la-injusticia-de-un-olvido-marcelino-pascua-1897-1977/

[34]Rodriguez Ocaña, op, cit, p. 30

[35]En España parece que a veces se habla de Medicina Social, pero otras se usa un adjetivo compuesto médico-social unido a un nombre, resultando en un estudio médico-social (Hauser, “Madrid desde el punto de vista médico-social”), un Institut médic-social o una Semana Médico-social. Desconozco la importancia o significación de este matiz, pero parecería que en este caso lo social (adjetivo) no está subordinado a lo médico (nombre), sino lo médico y lo sociológico (como disciplinas, visiones, métodos o prácticas diferentes) estarían al mismo nivel (dos adjetivos que se hibridan para determinar un estudio, un instituto o un evento académico).

[36]Ibidem, p. 31-32

[37]Ibidem, p. 45-46

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