El dispensario: la prehistoria del centro de salud

Por Javier Segura del Pozo
Médico salubrista

La historia del centro de salud generalmente arranca en la ciudad de Alma Ata en 1978. Pero hay una pre-historia densa e interesante que arranca dos siglos antes con el auge de los dispensarios y que no se ha estudiado tanto como la historia de los hospitales. Esta historia nos da algunas claves de los limites y oportunidades que tienen actualmente la Atención Primaria, la Salud Pública y la Salud Comunitaria, objeto de nuestra indagación. Se puede considerar al dispensario como un ancestro del centro de salud, en el sentido que proporcionaba servicios sanitarios extrahospitalarios gratuitos y de proximidad (comunitarios) a las clases populares desde finales del XVIII a principios del XX.

Sin embargo, no es un ancestro, en cuanto a que esta atención no se sustentaba en el reconocimiento del derecho universal a la sanidad, sino en la caridad cristiana o la beneficencia del estado, solo reservadas a los pobres vergonzantes merecedores de la misma, según los criterios políticos y morales burgueses. De ellas se excluía a los mendigos y pordioseros cuyo destino eran los hospitales y otros dispositivos benéficos.

En los países anglosajones, los dispensarios fueron una institución autónoma del estado, pero en España estaban fundamentalmente a cargo de los municipios. En lo que atañe a la pregunta central de esta serie, fueron dispositivos que integraban la atención clínica de base local (incluida la domiciliaria), con las funciones de salud pública (vacunación, educación sanitaria, prevención de enfermedades, etc.). La competencia de la pujante medicina hospitalaria y el ataque de la temerosa medicina privada, entre otras causas, estuvieron en el origen de su declive o limitación.

Auge de los dispensarios

Según Charles Rosenberg[1], en cuyo artículo ya clásico me voy a basar extensamente para una parte importante de este texto, el dispensario fue inventado a finales del siglo XVIII en Inglaterra, desde donde es exportado a los EE.UU. y otros países[2]. Fue una institución autónoma del estado que dependía de las donaciones caritativas y de los donantes. Eran instituciones de bajo presupuesto (“shoe-string budget”) que constituían una alternativa al hospital u hospicio destinado a los muy pobres y generalmente gestionados por el estado a través de las autoridades municipales[3]. Proporcionaban servicios sanitarios muy básicos, que requerían poca tecnología: desde las extracciones dentales, reducción de fracturas o luxaciones, heridas y otras cirugías menores, hasta una atención médica que se basaba en la prescripción de fármacos. También fueron un importante puntal en la vacunación a los territorios donde se asentaban, incluyendo la vacunación puerta a puerta.

El ejemplo habitual que se da como el primer dispensario médico ortodoxo británico es el Dispensario General de Aldersgate Street, Londres, establecido en 1770 por varios médicos, incluido el cuáquero John Coakley Lettsom. Después de esto, se fundaron varios dispensarios en Gran Bretaña, habiendo alrededor de 40 en funcionamiento en 1800. EnThe eighteenth century dispensary movement
https://www.rcpe.ac.uk/heritage/eighteenth-century-dispensary-movement
 

Eran atendidos por un boticario y por jóvenes médicos voluntarios locales que se interesaban por los dispensarios como lugar privilegiado para las prácticas médicas y para iniciar contactos provechosos (con médicos más veteranos y asentados, pero también con potenciales pacientes de pago), antes de dedicarse a tiempo completo a la medicina privada en el mismo distrito o barrio. Además de la atención en el dispensario, la visita domiciliaria era una práctica fundamental. 

Tenían vínculos formales e informales con otras organizaciones caritativas urbanas y a veces los médicos actuaban de facto como trabajadores sociales. Así en ciudades como Nueva York, se requería una nota del médico del dispensario para recibir una ración de carbón de la comisión municipal para mitigar la pobreza energética durante el invierno, o para poder acudir a los comedores sociales. El dispensario de Boston tenía en 1880 un servicio de enfermeras visitantes instructoras para ayudar a los médicos de los dispensarios del distrito. No solo proveían de servicios de enfermería, sino de educación en higiene y dietética a los pobres.

El Eastern Dispensary (dispensario oriental) de Nueva York (también conocido, a fines del siglo XIX, como el dispensario del Buen Samaritano) abrió en 1832 y fue construido para proporcionar a los enfermos y pobres un lugar para recibir ayuda y medicinas. Helen Campbell, una misionera del siglo XIX, describió a sus pacientes en su libro de 1898 Darkness and Light (Luces y sombras de la vida en Nueva York):
“Madres cansadas con bebés enfermos y llorosos en brazos; mujeres con la cabeza vendada y hombres con los brazos en cabestrillo; niños enviados por padres y madres enfermos en casa para recibir los medicamentos necesarios. En la mayoría está la mirada inconfundible que habla del sufrimiento de los pacientes y de vidas medio muertas de hambre. . .” Fuente: “Eastern Dispensary: A Little History of 75 Essex Street”https://www.tenement.org/blog/eastern-dispensary-a-little-history-of-75-essex-street/

Para los piadosos y benevolentes ciudadanos americanos, los destinatarios de los dispensarios debían ser diferentes a los de los hospitales.  Los merecedores eran personas que trabajaban duro para ganarse la vida, pero que el infortunio, el desempleo, la enfermedad o la muerte del cabeza de familia podía llevarles a una situación de pobreza en que necesitaran ayuda caritativa, además de orientación para llevar una vida prudente, cristiana e higiénica. Por eso, esos pobres merecedores de su caritativa atención en los dispensarios incluían viudas, huérfanos o discapacitados, pero nunca la chusma perezosa de los extremadamente pobres que vivían de las limosnas y tenían una conducta moral deplorable. Las prostitutas, los borrachos, lunáticos y lisiados eran responsabilidad del municipio y sus hospitales u hospicios, nunca de los dispensarios.

Enfermera visitadora de Nueva York camino de una visita domiciliaria en los años 1920. Fuente: https://www.pinterest.es/pin/99431104242992340/

Como hemos dicho, tanto los donantes como los médicos solían ser de la misma comunidad donde se encontraban los dispensarios. Los donantes tenían derecho a enviar un número de personas recomendadas al dispensario, que cumplían esa condición de merecedores y con los que por ello conseguían generar un vínculo de agradecimiento y favores mutuos. No eran estas las únicas utilidades no humanitarias y filantrópicas de los dispensarios. Además de una fuente de favores para los donantes y de contactos y pacientes para los médicos, eran un medio de desgravación fiscal, mantenían la eficiencia de la mano de obra laboral en empresas donde los donantes además eran los patronos y, en muchas ciudades, eran la primera línea de defensa frente a las epidemias.

Algunos dispensarios también evolucionaron hacia la especialización, según grupos de población (materno-infantiles), tipos de padecimientos (oculares y de los oídos, cardiacos, pulmonares, digestivos, dermatológicos, genitourinarios, neurológicos, etc.) o intervenciones (dispensarios quirúrgicos o centros de vacunación)

¿Por qué crecieron tan rápido los dispensarios? Según Rosenberg, era un modelo eficiente, flexible e informal, en el sentido que proveía atención básica y de proximidad a precio económico, para una importante masa de población que vivía en comunidades homogéneas. Lo que llevó a su auge entre 1820 y 1870. Brieger[4]estima que a mediados del siglo XIX, el 16% de la población de Nueva York recibía atención médica de los dispensarios, alcanzando el 50% al final del siglo. Por ello, se convirtieron, como veremos, en una importante amenaza para la medicina privada. Al final de esta época, competían con las recién creadas clínicas de pacientes externos de los hospitales, por la atracción de pacientes y donaciones, pero seguían imperando las ventajas competitivas del dispensario. Sin embargo fue seguido de un periodo de declive de 1870 a 1920. 

Declive de los dispensarios

El declive tuvo varias causas. Una de ellas fue el auge del hospital médico que acabo situándose en la centralidad de la atención sanitaria, a la vez que la revolución bacteriológica cambiaba el paradigma de la medicina. Este nuevo enfoque médico, junto con la aplicación de algunos descubrimientos diagnósticos y terapéuticos, requirió una importante inversión en tecnología sanitaria (rayos X, laboratorios de análisis clínicos y microbiológicos, quirófanos, anestesia, asepsia, etc.), que iba aparejada a un incremento presupuestario, inalcanzable para la modestia financiera de los dispensarios. 

La imagen de modernidad y excelencia de la atención clínica hospitalaria atrajo a los médicos en formación (desincentivando la docencia médica en los dispensarios) y restó atractivo a la práctica de la medicina familiar y a domicilio, así como a los enfoques de medicina social, todavía muy anclados en la percibida como “viejuna” teoría miasmática. El antiguo hospital destinado a los muy pobres, pero ahora transformado y gestionado por la medicina hospitalaria, acabó también por atraer la atención sanitaria de los pacientes de pago, que antes eran atendidos en sus domicilios o en los dispensarios, pero también atrajo a los donantes, en busca de exenciones fiscales e inversiones, que fueron retirando de los dispensarios. Los modernos hospitales abrían alas para los pacientes de pago, separadas de los pabellones con camas de caridad.

Otra causa del declive fueron los cambios urbanísticos, demográficos y sociológicos que trajeron la industrialización y la inmigración. Las ciudades estaban cada vez más segmentadas, desde el punto de vista social y económico, y disminuyó la heterogeneidad comunitaria de los barrios. Los pacientes acabaron viviendo en otros barrios que los médicos y los donantes. Se produjo una distancia no solo física, sino social entre paciente y médico, y entre paciente y los donantes de los dispensarios, que impedía continuar con el paternalismo caritativo. Los barrios populares se llenaron de inmigrantes de comunidades homogéneas (irlandeses, italianos, judíos, etc.) pero ajenas a los equilibrios políticos sociales anteriores. Sus lenguajes, acentos, olores y costumbres extrañas producían sospecha y rechazo de los nativos, incluidos los sanitarios. Para las organizaciones caritativas, cada vez había menos “pobres merecedores de su caridad” y más familias con conductas morales peligrosas e irresponsables. 

Bandit’s Roost (1888) por el fotógrafo Jacob Riis, en su libro How the Other Half Lives. (Cómo viven la otra mitad). La imagen es de Bandit’s Roost (gallinero de bandidos) localizado en 59½ Mulberry Street, considerada entonces la parte más criminal y peligrosa de Nueva York. La creciente desigualdad y la inmigración convirtió a Nueva York en una ciudad con barrios muy pobres y marginales, que cambiaron las tradicionales dinámicas comunitarias donde se insertaban los dispensarios caritativos. Para abordar la atención sanitaria a estas nuevas comunidades de inmigrantes surgirá un nuevo modelo, el centro de salud comunitaria o vecinal (“Neighborhood Health Centers”), que veremos en la siguiente entrega

Finamente, otro factor causante del declive fue el ataque que sufrieron los dispensarios por parte de la medicina privada y del propio movimiento caritativo que consideraron que la atención sanitaria gratuita que proporcionaban los dispensarios eran una competencia desleal a la medicina de pago. Se hablaba del “abuso de los dispensarios” para indicar que estaban atendiendo a población que no era pobre, sino que tenía medios sufrientes para pagar la atención sanitaria privada[5]. Lo que en general no era cierto, pues había una gran masa de población trabajadora viviendo con lo justo, para la que los gastos de enfermedad desequilibraban cualquier presupuesto familiar. Por ello, durante su auge, los dispensarios fueron dispositivos que daban cobertura a una mayoría de la población de un barrio, desde los más pobres y excluidos, a la mayoría social proletaria, que no podía pagarse los servicios de la medicina de calidad ofrecida por la moderna medicina hospitalaria.

Atención médica en la época victoriana. Fuente: desconocida

La progresiva retirada del apoyo del movimiento caritativo a la red de dispensarios, vino aparejada al cierre de muchos, quedando la red reducida a servicios de salud pública (incluida la vacunación y la prevención de enfermedades como la tuberculosis o la sífilis) y a la atención médica de los muy pobres. Después de la primera guerra mundial fueron gestionados por organizaciones como la Cruz Roja.

El declive de los dispensarios en 1920 coincidió con el auge del movimiento de los centros de salud comunitarios o vecinales (Community or Neighborhood Health Centers), que se abrieron en los barrios de las grandes ciudades de EE.UU. por activistas sociales, como Wilbur Phillips y otros, cuyas prácticas de medicina social acabaron despertando la sospecha y el temor al contagio socialista en los EE.UU[6]. Estos centros estaban a su vez muy vinculados a la red de centros sociales comunitarios impulsados por el movimiento Settlement. Las historias y desarrollos de los dispensarios, centros sociales y centros de salud comunitarios se entrelazan y confunden, aunque respondían a lógicas específicas, que trataremos de describir en próximas entregas. 

Los dispensarios en España

En nuestro país, se produce entre los siglos XVIII y XIX un proceso de transición entre una atención caritativa fundamentalmente en manos de la Iglesia católica con el concurso de la nobleza local, a un control del estado de la misma a través de la Beneficencia Municipal[7][8]. Por ello, aunque siguen existiendo las organizaciones caritativas privadas a lo largo del XIX, estas no tuvieron la misma pujanza que en los países anglosajones para el desarrollo de los dispensarios, la mayoría de los cuales fueron gestionados en España por los municipios (casas de socorro municipales, dispensarios antituberculosos) o por el estado (dispensarios antivenéreos). 

Casa de Socorro del distrito Centro (antes de 1932), ubicada en la calle Navas de Tolosa de Madrid. Actualmente alberga el Centro Muncipal de Salud Comunitaria de Centro y el Centro de Salud Joven. “Las Casas de Socorro fueron fundadas en 1858. Su cometido era prestar auxilio a cualquier persona acometida de accidente en la vía pública, práctica de curas de urgencia, desempeñar el servicio de consulta pública diaria para los pobres, registro de nodrizas, vacunación, etc. En estos últimos años han sido ampliados los servicios, organizando la visita de urgencias a domicilio en automoviles […]. Está instalada en edificio propio, en la calle de las Navas de Tolosa, 10. Tiene capacidad para diez hospitalizaciones. Fue instalada en este local en 1913. En el año 1928 se practicaron 215 operaciones de urgencia por accidentes traumáticos graves, muriendo 44 (un 24%). Tiene además cuatro consultas: Vías urinarias, Dermatología, Otorrinolaringología y Rayos X.” (Texto extraído del libro “Memoria. Información sobre la Ciudad” del año 1929). Fuente: http://www.memoriademadrid.es/buscador.php?accion=VerFicha&id=11679&num_id=4&num_total=25

A principios del XIX, coincidiendo con los vientos liberales de las Cortes de Cádiz, se dictan el Decreto de Hospitalidad (1816) y la primera Ley de Beneficiencia (1821). Frente al modelo hospitalario eclesiástico medieval, estas normas consideran la mayor rentabilidad y eficacia de organizar una “hospitalidad a domicilio”en los barrios y de disponer de espacios habilitados para la atención a los accidentes (“la hospitalidad momentánea”) y la derivación y transporte a los hospitales, si no quedara más remedio[9]. Aquí también los beneficiarios de esta atención sanitaria extrahospitalaria no podían ser mendigos y pordioseros, sino los pobres vergonzantes, es decir, los artesanos u honrados y productivos trabajadores que han sufrido una desgracia (desempleo, enfermedad o accidente), y por lo tanto son merecedores de la caridad. 

Las juntas municipales y parroquiales de beneficencia fueron las encargadas de organizar esta hospitalidad domiciliaria. Para lo cual se creó en 1842 el puesto de Enfermero Parroquial encargado del servicio a domicilio y de la expedición de pases para el ingreso en el hospital[10]. Los enfermeros municipales debían coordinarse con los enfermeros de otros entidades caritativas privadas existentes en el barrio, pero támbien ser supervisados por médicos, excepto en casos de urgencia. Al frente de las juntas existía un eclesiástico nombrado por el alcalde a propuesta de la junta[11]. El reglamento de 1821 también instituye un Comisario de los Pobres nombrado por el junta municipal para dar cuenta semanal de la distribución de los socorros domiciliaros. La financiación estatal de estas intervenciones y servicios profesionales siempre fue magra, haciéndolos  depender de la capacidad de recolección de limosnas en el vecindario por parte de las juntas. Por eso, aunque al final se contrataron algunos médicos de beneficencia, en muchas ocasiones, las juntas parroquiales “procuraban excitar el celo de los profesores de la medicina y cirugía (que ejercían en el barrio), para conseguir que alguno de ellos se presten a hacer el servicio generosamente a título gratuito”[12].

A mediados del siglo XIX, las devastadoras epidemias de cólera (1834 y 1856) impulsaron la Ley de Beneficencia de 1849 y el desarrollo de dispensarios por la Beneficencia Municipal. Merced a esta ley, en ciudades como Madrid, se crearon las Casas de hospitalidad momentánea, posteriormente llamadas Casas de Socorro municipales[13]. Proveían servicios similares a los descritos en los dispensarios anglosajones: atención de dolencias leves o crónicas, traumatismos, intoxicaciones, heridas de arma, prescripción de medicamentos, cirugía menor, vacunaciones, reconocimiento de quintos y de los niños pobres antes de entrar en las escuelas gratuitas. Fueron el primer dispositivo de atención sanitaria extrahospitalaria y de proximidad de las clases populares, que combinaban la atención clínica con funciones de salud pública. Sin embargo, sus limitados servicios no evitaban que estas clases populares tuvieran que seguir dependiendo en muchas ocasiones de los curanderos, al no poder pagar los honorarios que cobraban los médicos por sus visitas[14].

Las casas de socorro se complementaron con una red de dispensarios especializados, como los Dispensarios de la Lucha Antivenérea Nacional[15], que se abrieron a partir de 1918[16]para controlar los efectos de la prostitución[17]. O también, los dispensarios antituberculosos creados en 1907 por el Real Patronato Central de Dispensarios e Instituciones Antituberculosas[18]

El Dr. Ulecia pasando consulta en el primer Dispensario de Niños de Pecho de Madrid, 1904. Source: Libro conmemorativo del cincuentenario (bodas de oro) de la institución Primer Consultorio de Niños de Pecho, en Madrid (Gota de Leche), 22-1-1904, 22-1-1954, Madrid, 1954. p. 60 . Fuente: Rodriguez Ocaña, E, Perdiguero Gil, E. Science and social persuasion in the medicalization of childhood in 19th- and 20th-century Spain, April 2006, História Ciências Saúde-Manguinhos13(2):303-324 DOI: 10.1590/S0104-59702006000200007

La caridad privada siguió ejerciendo un papel, por ejemplo impulsando los primeros  consultorios materno-infantiles, llamados oficialmente dispensarios de “niños de pecho” y popularmente de “Gota de leche”. Junto con las acciones de los Institutos municipales de Puericultura, pretendían abordar el gravísimo problema de la mortalidad infantil.[19]Después de la primera guerra mundial en España también se extiende la Cruz Roja,creando hospitales y dispensarios[20].

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Este texto forma parte de la serie llamada: “¿Es la “Salud Comunitaria” un mero sinónimo de “Salud Pública”?, iniciada en julio de 2020 en este blog. Estas son las entregas ya publicadas:

  1. ¿Es la “Salud Comunitaria” un mero sinónimo de “Salud Pública”?
  2. Los múltiples nombres de la Salud Pública,
  3. La Medicina Social no tiene por qué ser Socialista
  4. Salud pública, atención primaria y salud comunitaria: tres ramas del mismo árbol.
  5. Hospitales, dispensarios y laboratorios: auge y declive de los dispositivos de salud colectiva
  6. El hospital: de moridero de pobres a templo de la medicina.
  7. El dispensario: la prehistoria del centro de salud.

[1]Rosenberg CE. Social class and medical care in nineteenth-century America: the rise and fall of the dispensary. J Hist Med Allied Sci. 1974 Jan;29(1):32-54. doi: 10.1093/jhmas/xxix.1.32. PMID: 4589725. (De imprescindible lectura)

[2]Aunque muchas veces dependemos de textos anglosajones para conocer la historia (en este caso, de la atención sanitaria y la medicina social), y nos queda la duda si un posible sesgo “anglo-centrista”, nos hace perder el conocimiento de otras experiencias pioneras no anglosajonas, no tengo forma de desmentir o comprobar esta afirmación. Por otra parte, si el origen del dispensario estuvo asociado al del pauperismo y el capitalismo industrial, no sería extraño que se originase en los países más avanzados en esta industrialización y urbanización capitalista (como Inglaterra, primero, y después EEUU).

[3]Ver El hospital: de moridero de pobres a templo de la medicina

[4]Brieger G.  The Use and Abuse of Medical Charities In Late Nineteenth Century America. AJPHMarch, 1977, Vol. 67, No. 3 , p. 267. Accesible en:https://ajph.aphapublications.org/doi/pdf/10.2105/AJPH.67.3.264

[5]Algunos llegaban a argumentar que la atención médica gratuita tampoco era beneficiosa para los propios pacientes. Así Brieger menciona una carta de un medico a un periódico de Boston: “Pagar impuestos no le habilita a uno más para recibir atención medica gratuita que el abastecimiento gratuito de agua, gas u otras suministros ordinarios. De hecho, obtener algo a cambio de nada desmoraliza al individuo y fomenta el engaño, la pereza y el pauperismo”. Brieger, op. Cit p. 264 (¿Os suena? Sobran los comentarios)

[6]Ver La Medicina Social no tiene por qué ser Socialista

[7]La Beneficencia municipal del XIX sustituiría a las Diputaciones de Caridad creadas por Carlos III el siglo anterior.

[8]Para este relato de la beneficencia municipal, me he guiado fundamentalmente por la obra de: Julio Gutierrez Sesma. “La Beneficencia Municipal Madrileña. Un recorrido por su historia”. Ayuntamiento de Madrid. Madrid, 1994.

[9]En la ley de 1821, se prima la atención domiciliaria y se intenta limitar la atención en los hospitales (auténticos morideros) a ciertos casos: “…limitándose en los posible la curación de los enfermos en los hospitales a los que no tengan domicilio en el pueblo en que enfermaren, a los que padecieran enfermedades sospechosas, y a los que no fueran vecinos residentes en la parroquia, de buenas costumbres y de oficio u ocupación conocidas”.  Ibidem, p. 114

[10]Ibidem, p. 132 

[11]Aunque se le sigue dando un lugar a la iglesia, se pretende que esta quede bajo el control de las autoridades municipales. Una disposición de 1834 establece que sean los alcaldes o sus delegados los que presidan las juntas, con la idea de desmontar los privilegios y abusos anteriores en las instituciones de beneficencia. Para ello, se abole la ancestral costumbre de elegir exclusivamente entre la nobleza y el estado eclesiástico, a quienes han de constituir las juntas. Ibidem p. 123. 

Sin embargo, este afán de la legislación del naciente estado burgués por conseguir la independencia de la aristocracia y el clero, estuvo claramente limitado en su desarrollo por la realidad de los poderes dominantes. Al contrario que en los países anglosajones y de otros países europeos, especialmente los de tradición republicana, en España se desarrolló un estado liberal-conservador particular en el que la burguesía estaba íntimamente interrelacionada (incluidas, las relaciones de parentesco) con la aristocracia y el clero católico. Por lo que incluso en instituciones benéficas municipales, las damas caritativas de la nobleza local, así como los sacerdotes y las monjas del clero local, siguieron teniendo un papel muy activo en su gestión, financiación y toma de decisiones en relación a sus servicios y destinatarios. Tradición que continuaría y se reforzaría durante el franquismo….y, me atrevería a decir, más allá. Basta recordar los casos de niños robados de maternidades municipales, con la complicidad del clero, hasta los años 80. O la cesión de espacios en los centros municipales de salud a grupos antiabortistas y la represión de la educación sexual de los sanitarios municipales en los centros educativos, ambos hasta inicios del siglo XXI.

[12]Ibidem, p. 130

[13]Las cuatro primeras Casas de Socorro municipales de Madrid entran en funcionamiento en 1858 en las calles de Silva 43, Hortaleza 140, Olivar 36 y La Palma.

[14]Sobre el curanderismo en el siglo XIX en los barrios bajos de Madrid: Luis Diaz Simón “Curanderismo y medicina clandestina”. En: Luis Diaz Simón. “Los barrios bajos de Madrid, 1880-1936”, Editorial La Catarata, Madrid, 2016. pp 130-143 (Otro libro de imprescindible lectura).

[15]Fonseca, E. Los Dispensarios de la Lucha Antivenérea Nacional en Madrid. En: III Seminario de Historia de la Dermatología. Sigüenza (Guadalajara), 6 de noviembre de 2018 (pp.57-70) Publisher: Fundación Profesor Novoa Santos. A Coruña (Spain). Accesible en: https://www.researchgate.net/profile/Eduardo_Fonseca/publication/336074057_Los_Dispensarios_de_la_Lucha_Antivenerea_Nacional_en_Madrid/links/5d8d2fdaa6fdcc25549e7266/Los-Dispensarios-de-la-Lucha-Antivenerea-Nacional-en-Madrid.pdf

[16]En Madrid, los primeros estuvieron en la calle Luisa Fernanda,  en la calle Segovia nº 3 (el dispensario Azua) y en la calle Sandoval nº 5 (el dispensario Martínez Anido, donde actualmente está el centro sanitario Sandoval de la Comunidad de Madrid, que un siglo después sigue especializado en ETS), entre otros.

[17]Como en el caso de la moderna medicina hospitalaria, que según Foucault tenía su origen en los hospitales militares creados para evitar la pérdida de los soldados de los ejércitos, detrás de la apertura de los dispensarios antivenéreos, al principio de la dictadura de Primo de Rivera (en la que el cruel y violento militar y ministro de la gobernación Severiano Martinez Anido tuvo un papel fundamental), estaba, al parecer, la preocupación del impacto de las venéreas en la merma de la tropa.

[18]Entre 1908 y 1909, en Madrid se abrieron tres dispensarios antiberculosos municipales en las calles Tutor, Goya y Cabeza. Siguieron el modelo del pionero dispensario antiberculoso privado del Dr. Verdes Montenegro, que desde 1901 funcionaba en la Policlínica Cervera de la calle Jorge Juan. Es decir, no solo este dispensario privado, sino dos de los tres públicos (los de las calles Tutor y Goya), curiosamente se ubicaban en barrios del ensanche burgués (Arguelles y Salamanca). Luis Diaz Simon, op cit, pp 203 a 208.

[19]El primer consultorio de niños de pecho de Madrid fue inaugurado en 1904 en la calle san Bernardo 83 por el pediatra Rafael Ulecia y Cardona, gracias a las donaciones de los marqueses de Casa Torres, de bancos y otros particulares, creándose una junta de damas protectorasbajo la presidencia de la reina Maria cristina. Al mismo tiempo, en algunas casas de socorro municipales se organizaron servicios similares. Ibidem pp. 182-184

[20]Como el que se inauguró en 1923 en la Avda. de la Reina Victoria de Madrid, anexo al hospital central de la Cruz Roja. Allí se trataban “todo tipo de enfermedades excepto las mentales y contagiosas” y era atendido por un plantilla de médicos y por las damas enfermeras de la Cruz Roja https://www.abc.es/espana/madrid/abci-antiguo-dispensario-cruz-roja-centro-sanitario-innovador-y-revolucionario-202001050017_noticia.html

4 pensamientos en “El dispensario: la prehistoria del centro de salud

  1. Muchas gracias una vez más. Como se señala a menudo, la memoria es la herramienta que tenemos para actuar mejor en el presente.

    Por motivos familiares, me gustaría conocer si existe alguna historia sobre la medicina rural en España. ¿Hay algo que me puedas recomendar? Hasta yo conozco, pero solo por conversaciones y observación, el rol de los médicos rurales en España fue toda una referencia, desde al menos la segunda mitad del siglo XX, prestando un servicio que también tenía carácter público (atención básica a la población del lugar), no sé si sufragado por los municipios, como aquí se apunta, pero también se aportaban recursos de la economía familiar (por ejemplo, la casa podía ser propia o cedida por el municipio, en ella se pasaba consulta y podía servir de improvisado hospital cuando así se requería), y no sé hasta qué punto fue común en todo el territorio o solo en algunos lugares.

  2. Hola Javier,

    Soy estudiante de trabajo social, y estoy muy interesado en el trabajo social en atención primaria en salud. He tenido la oportunidad con tu serie “¿Es la “Salud Comunitaria” un mero sinónimo de “Salud Pública”?” de conocer la historia de la salud comunitaria y de su relación con los centros de salud. Como bien dices, a veces no solemos trasladarnos en el tiempo más allá de Alma-Ata, como si la idea de la atención primaria hubiera brotado de la nada y no se tuvieran precedentes.

    Te agradezco especialmente el post sobre “Los múltiples nombres de la salud pública” donde me has llevado a conocer las tres etapas de la Medicina Social en boca de Foucault y el post sobre la prehistoria de los dispensarios como precedentes de los centros de salud. Pero sobre todo, te agradezco que me hayas llevado a conocer a George Rosen.

    Estoy leyendo su libro y no solo estoy pudiendo conocer la historia y el origen de la medicina social sino que también, con gran sorpresa, una parte de la historia del trabajo social. Estoy viendo de nuevo la importancia y la estrecha relación entre los médicos que tenían un enfoque social y el desarrollo del trabajo social en salud, con figuras como los doctores Cabot y Sand.

    La cuestión que me gustaría preguntarte tiene que ver con el desarrollo de los conceptos de higiene y medicina social (capítulo 3) donde puedo interpretar (corrígeme si no es cierto, por favor) un relación muy estrecha con el trabajo social, tal es así que a veces no sé si cuando se habla de higiene y medicina social se está hablando de facto de lo que hacen ahora las trabajadora sociales. Especialmente, me ha sorprendido las ramas que determina Reich de la higiene, donde en la social está sentando las bases de la medicina social, pero también del trabajo social (pág. 107), pero sobre todo de esta afirmación de Ryle en su intento de delimitar el campo de la medicina social:

    “Es correcto considerar en el ámbito de la medicina social la totalidad del trabajo de un moderno departamento de servicio social. Esto incluye el diagnóstico social y la terapéutica social, la investigación de las condiciones, la organización del cuidado del convaleciente y el reajuste de las vidas de los individuos y las familias perturbadas o deshechas por la enfermedad. El trabajador social tiene también un papel importante en la enseñanza y en las actividades de seguimiento de una unidad de investigación clínica” (pág. 128).

    Esta estrecha relación la he podido seguir observando en el capítulo 13, donde las trabajadoras sociales estuvieron junto a lxs médicxs y enfermerxs en los primeros centros de salud en Estados Unidos. El propio Hull House de Jane Addams constituye un antecedente como dispensario y como centro preocupado por la situación de salud en la que vivían sus vecinos y vecinas.

    Por lo que he visto y leído, soy consciente de que el desarrollo de la medicina social y del trabajo social en salud no han tenido el desarrollo que estos pioneros y pioneras perseguían y no sé muy qué se puede rescatar en la actualidad de lo que hoy se practica en la atención sanitaria en general y en los centros de salud en particular. Por ello, me gustaría si pudieras guiarme por esta estrecha relación que he observado entre la medicina social y el trabajo social y los encuentros y desencuentros que se han podido dar, así como su eco en España.

    Por último, aprovecho para darte las gracias por este blog tan maravilloso y útil que tienes. A veces no sé si las personas que escribís tenéis dudas sobre si os leen o sin embargo, sentís que escribís a la “nada”. Por ello, aprovecho para expresarte que aquí tienes a un lector habitual que te agradece tus aportaciones.

    Un saludo,
    Miguel

    • Muchísimas gracias, Miguel, por tus palabras.

      Efectivamente, son muy necesarias para mí, pues a veces tengo dudas (ya sabes que las dudas son mí especialidad) si merece la pena este esfuerzo de escribir en el blog y normalmente tengo muy muy pocos comentarios. Por ello, agradezco tus aportaciones. Ya te escribiré para intentar responderte a tus interesantes cuestiones.

      De momento te recomiendo estar atento a mis próximos artículos sobre el movimiento “Settlement”, donde se reflexiona sobre el origen común que tuvieron los centros comunitarios, tanto sociales como sanitarios.

      Fueron basados en una lógica común y para abordar un problema común: la “cuestión social” en la ciudad industrial…pero con una variedad de enfoques profesionales en correspondencia con un rango ideológico que iba desde el paternalismo caritativo y moralizante, hasta la empatia y respeto con el pobre y su emancipación de su explotación y opresión.

      Desde la beneficencia hasta la reivindicación de reformas sociales en un marcó de democracia burguesa…llegando a simpatizar con el socialismo y anarquismo. Desde el asistencialismo caritativo católico hasta la teología de la liberación.

      Continuará….

      Un abrazo

      Javier Segura

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