Salud, Sanidad y Cuidados en la Europa Tardomedieval (III): Cuidados

Por Javier Segura del Pozo
Médico salubrista

Como complemento de las dos anteriores entradas dedicadas a la salud y la sanidad (cómo se entendía la salud en la Baja Edad Media europea, y qué formas de atención sanitaria predominaban), hoy damos unos breves apuntes sobre cómo el cuidado a las necesidades y vulnerabilidades recaía en la mujer y en el ámbito familiar. Además, se pueden identificar algunas formas de solidaridad campesina y gremial, basadas en una identidad comunitaria muy reducida, entrelazadas con dinámicas de exclusión social del diferente, fomentadas por la Iglesia. 

Un mundo al borde del límite

Como dice Le Goff, el Occidente Medieval era “un mundo que vivía al límite”: amenazado por el hambre, la escasez y la violencia, solo aspiraba a la supervivencia diaria. Era una economía de subsistencia basada fundamentalmente en lo que daba la tierra[1]. El estado crónico de subalimentación les hacia a todos más vulnerables a la enfermedad y la muerte. Cualquier contingencia de alteración climática, alza de precios, carestía o epidemia segaba la vida de miles de campesinos y ciudadanos[2]. En este contexto, hay que considerar el impacto en la salud de la precariedad de la vivienda[3], indumentaria[4], alimentación[5][6], sexualidad[7], planificación familiar[8], baño y de otras prácticas de cuidado del cuerpo[9].

Figura 1: Trabajos agrícolas en el mes de junio, ilustración de ‘Las muy ricas horas del Duque de Berry’ (1411-1416)
 Wikipedia

Solidaridades campesinas y gremiales

La supervivencia solo se conseguía con el cuidado mutuo en el ámbito de la familia amplia y algunas formas de solidaridad campesina y gremial (en las ciudades)[10], frente al habitual maltrato social de los señores propietarios de las tierras, mediante las exacciones en forma de renta, regalías o trabajo (corveas), y la explotación laboral facilitada por la habitual abundancia de oferta de mano de obra.  Las cofradías jugaron un papel en la asistencia sanitaria y en la cobertura de contingencias, incluido el pago de entierros.[11]

Figura 2: La Danse macabre. Grabado de Guy Marchand de 1486. Fuente: Biblioteca Nacional de Francia

Correspondía a la mujer no solo las tareas domésticas, agrícolas y de confección textil, sino la crianza[12] y educación de los hijos y el cuidado de los vulnerables (niños, ancianos, enfermos y moribundos). Especial atención merece el concepto tardomedieval de la muerte, supuesto instrumento final de igualación social (figura 2)[13], los ritos funerarios y las practicas el arte de buen morir[14], que será posteriormente reivindicado por Thomas More en su Utopía de principios del XVI[15].

Identidad, cuidado y exclusión comunitaria

La débil movilidad geográfica reducía la identidad comunitaria al estrecho ámbito del territorio cotidiano y los reducidos grupos humanos que habitaban la explotación agrícola (el manso), la parroquia o la villa, o que compartían el gremio profesional urbano. El ocasional uso compartido de propiedades comunes (montes, bosques, ríos, etc.) o la responsabilidad común frente a las levas o los impuestos[16], podía fomentar un sentido comunitario y alumbrar formas de cuidado comunitario, a la vez que propiciar formas de exclusión hacía el diferente o el extranjero.

La solidaridad convivía con la exclusión social, impulsada por la Iglesia en los siglos XII y XIII y que se focalizaba en ciertos grupos sociales y condiciones: de los judíos (el IV Concilio de Letrán de 1215 les impuso la obligación de llevar insignia), los leprosos (las leproserías se multiplicaron tras el III Concilio de Letrán, 1179) y los oficios sospechosos basado en tabúes atávicos (los tabús de la sangre afectaban a los carniceros, verdugos y cirujanos; el tabú de la suciedad a los bataneros, tintoreros, cocineros y lavanderas, etc.). Judíos, juglares y vagabundos eran considerados como “la familia del diablo”. La exclusión basada en el miedo al diferente llegaba a convertirles en chivos expiatorios, como cuando se acusa a los judíos de la peste del siglo XIV (figura 3). La persecución de la brujería se inició en el siglo XIV, aunque no adquirió gran pujanza hasta entrada la edad moderna en los siglos XVI-XVIII. También en el siglo XIII se inicia la denuncia de la sodomía que había sido relativamente tolerada en la alta edad media.[17]

Figura 3: Judíos quemados vivos. Los judíos no solo fueron excluidos socialmente, sino perseguidos y usados como chivos expiatorios, acusados de ser la causa desgracias colectivas como la peste negra. Versión coloreada de un grabado en madera de 1493 de las «Crónicas de Nuremberg».

[1] Le Goff, Jaques, La civilización del Occidente Medieval, Planeta, Barcelona, 2020, p. 116.

[2] Le Goff, 2020, p 204-207.

[3] Ortega Cervigón, José Ignacio, Vida Cotidiana de la Edad Media Occidental. Costumbres, cultura y tradiciones, Nowtilus, Madrid, pp.172-173

[4] Ortega, 2020, pp.178-179.

[5] Ortega, 2020, pp.19-30.

[6] Sabaté, Flocel, Vivir y sentir en la Edad Media. Un mundo visto con ojos medievales, Anaya, Madrid, 2011, pp. 19-22

[7] Ortega, 2020, 2020, p. 46.

[8] Rautman, Marcus, Daily life in the Bizantine Empire, Greenwood Press, Westport, 2006, pp. 50-52

[9] Ortega, 2020, pp. 44.

[10] Le Goff, 2020, pp. 252-274

[11] Le Goff, 2020, pp. 278.

[12] Rautman, 2006, pp.54-55

[13] Ortega, 2020, pp. 60-62.

[14] Sabate, 2011, p. 116

[15] More, Thomas, Utopía, Edición de Emilio García Estébanez, Akal, Madrid, 2019, pp. 186-187.

[16] Sabate, 2019, pp ,62-63.

[17] Le Goff, 2020, pp. 283-288.

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