Filosofia de la Salud Pública, por Héctor Abad Gómez

Filosofia de la Salud Pública, por Héctor Abad Gómez

Por Javier Segura del Pozo
Médico salubrista

Mañana 25 de agosto de 2015, se cumplen 28 años del cobarde asesinato del gran salubrista colombiano Héctor Abad Gómez. Fue perpetrado el 25 de agosto de 1987. Aún me bulle el viaje reciente a Colombia, donde conversé con personas muy cercanas a él (como mi admirada amiga salubrista Helena Restrepo). Aún me viene el recuerdo vibrante de la lectura del conmovedor libro de su hijo Héctor Abad Faccioline (“El olvido que seremos”), que tuvo el acierto de regalarme hace un año el filósofo Javier Ugarte Pérez (la más hermosa historia de una relación paterno-filial). Y repasando el material de anteriores viajes a Colombia, me he encontrado con una recomendación de otro salubrista colombiano de cuya compañía disfruté en Bogotá:  Alberto Rizo Gil que usa un texto suyo como lectura obligatoria de todos sus estudiantes de postgrado. Se titula “Filosofia de la Salud Pública” y está escrito en enero de 1973 (¡hace 42 años!) como capitulo de su libro. No tiene desperdicio. Lo podéis descargar aquí: Hector Abad_Filosofia de la SP 2. Revivirle a través de su texto será nuestro pequeño homenaje en este aniversario. Empieza así:

“Hemos visto que la salud pública es, en esencia, una ética social. Una nueva ética social. Es la manera como concebimos la función de la medicina en la sociedad. Es la ética de los que creemos que la medicina debe ser para el servicio de todos los seres humanos de una comunidad y de todas las comunidades humanas, y no solamente para los que pueden tener acceso a ella, por sus conocimientos, su posición económica, geográfica, política, social, religiosa, racial o ideológica…”

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Réquiem por Alicia, nuestra dulce rebelde

Réquiem por Alicia, nuestra dulce rebelde

Por Javier Segura del Pozo
Médico salubrista

Son las 11 y media. En estos momentos se celebra en Valencia el acto de despedida del cuerpo de nuestra querida compañera Alicia (Alicia Llácer Gil de Ramales) y me gustaría acertar con la pluma para expresar el sentimiento que me ha traído la perdida, hasta hace poco inesperada, de Alicia. Al principio de mes, en el último congreso de la SEE en Alicante, me enteré por Javier y Quique que “Alicia estaba muy mal…”, ingresada en una UCI de Valencia. Fue una gran sorpresa. No me lo podía creer. Hacía apenas un par de semanas, me había enviado un email con un artículo en que se ponía en duda la fiabilidad de los registros de suicidio en España. Formaba parte de nuestro interés compartido (entre otros muchos) por vigilar y denunciar el impacto sobre la salud colectiva de esta larga y puñetera crisis.

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