Cómo no contribuir desde la medicina a la aceptación de las desigualdades (Conclusiones del Curso de Menorca 2015, 3ª parte)

Por María Gonzalez Barral
Médico residente de Medicina Interna del Hospital La Paz

(Este es el hermoso resumen de María de la puesta en común del grupo “bajo los pinos”, que trabajó  sobre el “Impacto de la crisis en los servicios sanitarios y en salud”, en el marco del Curso “Impacto de la crisis en la salud y las desigualdades en salud” de la Escola de Salut Pública de Menorca 2015)

        A la hora de analizar como las desigualdades sociales están incidiendo en la salud de las personas es frecuente poner la mirada en primer lugar sobre los servicios, y más en concreto sobre los servicios sanitarios, que han visto recortadas sus prestaciones como consecuencia de un hipotético déficit de recursos provocado por la crisis económica. Sin embargo, entendiendo la salud como estado que transciende lo sanitario, creemos que las consecuencias de esta crisis sobre la salud de las personas han de ser evaluadas también desde otros puntos de vista: el acceso a los alimentos, la vivienda, la cultura y la educación, el cambio en las estructuras familiares y sociales y un largo etcétera de circunstancias, que se relacionan de manera directa con la percepción que las personas tienen sobre su propia salud y la de sus allegados.

            Además, consideramos que es preciso analizar cómo estas circunstancias inciden de manera diferencial en los distintos grupos etarios. Si bien es evidente que las desigualdades se hacen más marcadas en los sectores sociales más vulnerables como las edades extremas de la vida, las personas dependientes o los enfermos crónicos, es en la infancia donde los efectos de esta desigualdad se prolongarán en el tiempo, constituyendo una limitación esencial en la adquisición de unas condiciones de vida dignas.

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Grupo de discusión “bajo los pinos”, del Curso “Impacto de la crisis en la salud y las desigualdades sociales”, Lazareto de Mahón, septiembre 2015

La individualización de la salud

            Por otra parte, nos llama la atención cómo, de manera paralela a una disminución de prestaciones sanitarias, se está produciendo un cambio estructural dentro del sistema. Percibimos que el mantenimiento de la salud ha pasado de ser una responsabilidad colectiva, lo cual constituía los cimientos del sistema sanitario, a un asunto individual, siguiendo un marco conceptual basado en el individuo que sintoniza con la cultura neoliberal que se impone en otras esferas de la sociedad. “Tú eres el único responsable de tu propia salud”, “tienes derecho a elegir el profesional que quieres que te atienda”, “la culpa es tuya si no te adhieres al tratamiento” son algunos ejemplos de axiomas que se han popularizado en el discurso en torno al cuidado de la salud. En este contexto, términos como empoderamiento, que nació con la finalidad de poner nombre al proceso de fortalecimiento de sectores sociales vulnerables,  han cambiado su significado con la finalidad de contribuir a una percepción de la salud como propiedad de los individuos y no de las comunidades.

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Imagen de un entorno laboral sanitario. Fuente foto: http://aquiesqueretaro.com/2012/10/23/feliz-dia-del-medico/

            Es precisamente esta concepción de los cuerpos y del papel que desempeñan dentro del entramado social lo que conduce a la llamada meritocracia, que no es sino un orden jerárquico basado en lo que los sujetos han alcanzado por sus propios medios. Sin embargo, cuando el proceso de inserción dentro de una sociedad como la nuestra se encuentra tan restringido por factores de carácter económico, no todos los individuos cuentan con la misma capacidad de integración. Así, desde el nacimiento y en relación con los cuidados recibidos, que no se limitan a los que otorgan los progenitores o familiares cercanos, sino también los que la sociedad ofrece en forma de servicios e infraestructuras; unas personas se encuentran más dotadas que otras para tomar decisiones que afecten a sus condiciones de vida presentes y futuras. ¿Es lícito, así, culpabilizar a los individuos por la inadecuada gestión de su salud?

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Foto de grupo del curso “Impacto de la crisis en la salud y las desigualdades sociales”, Lazareto de Mahón, septiembre 2015. Resaltado la imagen de Maria Gonzalez Barral, autora del texto.

Conflicto del personal sanitario   

            En este contexto, las personas que trabajamos dentro del sistema sanitario nos enfrentamos a una serie de conflictos que afectan a nuestra práctica clínica diaria.

            Por una parte, ser conscientes del impacto de las desigualdades en salud nos lleva a sentirnos incapaces para dar respuesta a las demandas de nuestros pacientes que, si bien frecuentemente adoptan un carácter somático, no resulta difícil enraizarlas en sus circunstancias concretas de carácter social, familiar o individual; que arduamente podemos solventar con los recursos disponibles a nuestro alcance. Así, consideramos que, además de identificar y poner en relación el síntoma con sus potenciales determinantes, acompañando al paciente en este proceso de identificación, nuestro compromiso ha de salir de las paredes de la consulta y del propio sistema sanitario, reclamando como ciudadanos unas prestaciones basadas en la equidad.

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Salir de las paredes de las consultas 

            De manera paralela, asistimos a un fenómeno inverso a lo expuesto anteriormente en relación con la “individualización de la salud” como es la negación de la vivencia del dolor, la enfermedad y la muerte como experiencias esenciales en la vida humana, transformándolas en accidentes que han de ser desposeídos y en respuesta medicalizados. En consecuencia, la salud se convierte en un bien de gestión individual pero sin embargo despersonalizada, que necesita de una administración externa por parte de la institución médica, y de bienes de consumo como son los fármacos para sustentarse. A su vez, el coste de la terapia farmacológica, muchas veces sostenida más en intereses comerciales que en la evidencia científica,  supone el recorte en otros recursos que, si bien no se encuadran dentro del paradigma científico-médico, contribuyen de manera integral a mejorar la salud de las personas. Ejemplos de esto último sería una adecuada asistencia a personas dependientes, la oferta de espacios públicos comunitarios, la reducción de los costes de los alimentos saludables, etc.

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¿Contribuye la medicina a la aceptación de las desigualdades? Fuente imagen: http://www.iztacala.unam.mx/rrivas/NOTAS/Notas1Introduccion/etidefectos.html

Asumir humildemente que carecemos de las respuestas

            Estos debates, lejos de quedarse en el marco de lo teórico, convergen en las decisiones que nos vemos obligados a tomar de manera cotidiana en torno a la salud de nuestros pacientes. Cabe preguntarse en qué medida los profesionales sanitarios, y en concreto los médicos, contribuimos a la aceptación de las desigualdades al transferir el malestar de los individuos del ambiente a los cuerpos mediante el diagnóstico. Quizá la respuesta pase por asumir humildemente que carecemos de la mayor parte de las respuestas. Quizá así se disuelva el mito y recuperemos la confianza recíproca: de los pacientes en las instituciones, y la de los profesionales en la enorme sabiduría que entraña cada persona sobre sí misma.

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Si quieres saber más del curso, aquí tienes los post editados hasta ahora: Curso “Impacto de la crisis en la salud y las desigualdades sociales” Escola Salud Pública Menorca 2015

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