Individual, Grupal y Comunitario (IV): Lo comunitario, según la teoría de los ámbitos de Bleger

Por Javier Segura del Pozo
Médico salubrista

Para ayudarnos a avanzar en la revisión del esquema individual-grupal-comunitario, usado por la Salud Comunitaria para categorizar las actividades, hoy nos detendremos en las aportaciones que hace José Bleger con su teoría de los ámbitos. A partir del cambio que, según Bleger, tiene que hacer la psicologia para acercarse a lo comunitario, reflexionaremos sobre los cambios que tiene que hacer la medicina, incluida la medicina social, para trabajar con una perspectiva comunitaria que incluya las cuatro dimensiones o ámbitos blegerianos: ámbito psicosocial (individuos), ámbito socio dinámico (grupos), ámbito institucional (instituciones) y ámbito comunitario (comunidad).

Lo comunitario, según la teoría de los ámbitos de Bleger

Voy a reproducir a continuación parte del texto que escribí en 1995 sobre esta teoría para el artículo “La noción de Comunidad” de la revista Área 3, incluido posteriormente en el libro “Comunitaria”[1], y las razones por la que consideraba que las aportaciones de la Concepción Operativa de Grupos-COG- (o, mejor dicho: lo que yo conocía de ella) se me quedaba corta para entender la especificidad de lo comunitario y para trabajar en el ámbito comunitario. Como veremos, la teoría de los ámbitos apuesta por un esquema individual-grupal-institucional-comunitario, en el que uno contiene al otro (en círculos concéntricos):

A mediados de los 70, José́ Bleger en su libro Psicohigiene y Psicología Institucional [2], en el que expone “la Teoría de los Ámbitos”, sitúa el término comunitario en el ámbito más externo (ámbito comunitario), más alejado de los ámbitos en los que suele trabajar la psicología y para lo que se forman los psicólogos (y el resto de profesionales de la Salud). Según este modelo, será́ además el ámbito más inclusivo, por contener a todos los demás:

  • a) ámbito psicosocial (individuos)
  • b) ámbito socio dinámico (grupos)
  • c) ámbito institucional (instituciones)
  • d) ámbito comunitario (comunidad)

Bleger nos advierte que si la psicología (lo cual insistimos que es extensible a otras prácticas y disciplinas) quiere ampliar su ámbito de trabajo, haciéndose grupal, institucional o comunitaria, tiene a la vez que reformar sus modelos conceptuales, y crear o adoptar modelos propios del nuevo ámbito, aunque pertenezcan a disciplinas ajenas a la propia.

Ese paso se dio claramente con la psicología grupal, que tuvo que complementar, e incluso abandonar, categorías conceptuales utilizadas para el individuo aislado (organismo, homeostasis, libido, etc.) introduciendo nuevas categorías propias de las agrupaciones humanas (comunicación, interacción, identificación, etc.) y apropiarse conceptos en otros lugares epistemológicos (incluido de algunos aparentemente muy alejados como la Física, en el caso de Kurt Lewin). Así́ se llegó a superar la idea de que un grupo era el equivalente a una suma de individuos, descubriéndose el valor de un plus que transformaba a los propios individuos.

Un pasaje parecido se empezó́ a hacer en el ámbito institucional. Cuando la psicología social quiso hincarle el diente a las instituciones, inicialmente (¿o todavía seguimos igual?) las abordó como el conjunto de grupos interrelacionales, utilizando conceptos y metodologías grupales. Cuando se descubrió la especificidad de la institución más allá de la suma de grupos, cuando se descubrió El Plus que no podía ser abordado con los viejos instrumentos, se tuvo que echar mano de teorizaciones y metodologías de investigación e intervención propias de la sociología, contribuyendo al surgimiento del Análisis Institucional.

Jose Bleger. Fuente: https://www.rfpsy.fr/jose-bleger-penser-psychanalyse/

Sin embargo, en el ámbito comunitario este proceso parece estar todavía muy inmaduro. Da la impresión que estamos en una fase en que este ámbito es considerado por la psicología social como la suma de instituciones, la suma de grupos o incluso la suma de individuos. Y a pesar de que se ha picoteado en concepciones e instrumentos materiales propios de la sociología, la antropología o la ecología humana, todavía no se ha alcanzado a conceptualizar suficientemente este Plus e incorporarle a los métodos de trabajo.

La noción de Comunidad es abordado desde la Concepción Operativa de Grupos [3][4][5]como:

  1. Como un lugar-soporte de otros ámbitos: individual, grupal, institucional. Es el continente que soporta y guarda las otras realidades. La Comunidad no tendría corporeidad, siendo esta la propia de las otras instituciones: el cuerpo del individuo, el cuerpo del grupo, e incluso el cuerpo de las instituciones, visualizados a través de sus edificios (una escuela, un hospital, una cárcel, un manicomio, etc.). La comunidad sería como una enorme paelleraque contendría los granos de arroz, sueltos (individuos) o pegados (grupos), y las tajadas (¿instituciones?).
  2. Como el espacio Interinstitucional, es decir, analizando los fenómenos que se dan cuando dos o más instituciones se relacionan y/o compiten, sin que, por otra parte, estén a veces claramente diferenciadas las nociones de Institución y Asociación.
  3. Como una forma de contextualizar en el tiempo y en el espacio lo grupal, de dar historicidad y geografía al grupo y a sus esquemas referenciales, incluyendo su concepto de salud.
  4. Como un lugar de Convergencia Epistemológica, a dos niveles:
  • Convergencia entre los esquemas referenciales (concepciones, prácticas, instrumentos, etc.) de los trabajadores sanitarios o comunitarios, por un lado, y la representación que los ciudadanos tienen de su salud comunitaria, por otro lado.
  • Convergencia entre los esquemas referenciales de diferentes campos profesionales que reclaman lo comunitario como propio: asistentes sociales, educadores de adultos, funcionarios locales, planificadores económicos, expertos en extensión agraria, médicos, enfermeras, psiquiatras, psicólogos, sociólogos, antropólogos, ecólogos, etc., y que están condenados a hacer converger sus prácticas y herramientas si no se quieren arriesgar a que surjan rivalidades que puedan segmentar la comunidad, dificultar la adaptación de la misma a los cambios y duplicar fuerzas [6].

Portada del libro de Bleger “Psicohigiene y Psicologia Institucional” donde expone su teoría de la Psicología de los ámbitos

Después de Bleger

Escribí este texto en 1995. Han pasado 24 años y sigo pensando que, aunque la psicología social ayuda a acercarse a lo comunitario, se necesita incorporar otras miradas, metodología y epistemologías para trabajar en el campo comunitario. Aunque bien es cierto que en estos 24 años la COG se ha desarrollado y se ha enriquecido desde diferentes reagrupamientos surgidos tras el exilio argentino de finales de los 70, que dieron lugar a diferentes grupos de formación e investigación.

En el caso de España, mencionaré el CIR (Centro Internacional de Investigación en Psicología Social y Grupal), creado alrededor de Armando Bauleo (y que estuvo activo entre 1981 y 1992), y los diferentes grupos que reclaman su herencia: Área 3 (Asociación para el estudio de temas grupales, psicosociales e institucionales, en cuya fundación participé ), APOP (Asociación de Psicoterapia Operativa Psicoanalítica) y otros.

Mención especial merece la obra de Mirta Cucco y su equipo del Centro Marie Langer de Desarrollo de la Salud Comunitaria. Partiendo de las ideas de Pichon Riviere, han realizado interesantes desarrollos teóricos (ProCC: procesos correctores comunitarios, Malestares de la vida cotidiana, Normalidad-Supuesta Salud, etc.), muy aplicados a las necesidades de la Atención Primaria (AP) o de otros dispositivos con vocación comunitaria, convirtiéndose en uno de los referentes de la formación grupal y comunitaria en la AP española, junto con los antes mencionados. Como nos apunta Elena Aguiló Pastrana, una de los puntales más brillantes del Centro Marie Langer: “en el libro de Mirta Cucco de 2006, hay una teorización bastante completa de su posición sobre el espacio institucional, y sobre las relaciones entre institución y grupo[7]; también en otro libro colectivo de ProCC hay una extensa comparativa de métodos y propuestas para la intervención comunitaria”.

logo del Centro Marie Langer, Centro de Desarrollo de Salud Comunitaria

Ámbito, como dimensión o como escenario

Pero retomemos la teoría de los ámbitos de Bleger e intentemos acercarla a las cuestiones planteadas al principio de este texto. Primero quiero dejar claro que el término ámbito[8] que usa Bleger no tiene el mismo significado que el que usaré en mi propuesta de Perspectiva, Encuadre y Ámbito. Aunque no quiero adelantarme, yo usaré ámbito más bien en el sentido de lugar o escenario de la acción y, al parecer, Bleger lo usa más en sentido de dimensión o dimensiones para pensar sobre un problema y actuar de forma integral. Como tal, el concepto blegeriano se integraría más en lo que trataré cuando hable de perspectiva.

Federico Suarez Gayo, uno de los mayores expertos en COG, estudioso de Bleger, Pichón y Bauleo, y miembro destacado de Area 3, nos ayuda a discriminarlo en este texto que me ha enviado al revisar el borrador inicial:

“Lo que Bleger indica con su psicología de los ámbitos es que si pasas del ámbito psicosocial -atención centrada en el individuo- al ámbito comunitario -que toma la comunidad como objeto de la intervención-, tienes que trabajar con/en los otros ámbitos –el grupal y el institucional-, ya que por ellos transita la relación de lo social con lo individual, o la determinación social de lo subjetivo (o, como diría Marx, “no es la conciencia del hombre la que determina su ser social, sino, por el contrario, su ser social el que determina su consciencia”). Entonces, para los profesionales, el mayor problema es, creo, el de aprender a manejarse en esos nuevos escenarios, a relacionarse con otros, a cambiar su rol ajustándolo a la nueva situación … en esa situación es donde hay que acompañarlos”.

“Usaría la idea de ámbitos blegerianos para señalar que la salida del consultorio, de la atención individual, y tratar de trabajar en lo comunitario -teniendo en cuenta la determinación de uno sobre otro- obliga a trabajar en otros “ámbitos”, el sociodinámico y el institucional, en todos los cuales está incluido el sujeto, y que ello comporta cambios en la mente y en las prácticas de los profesionales, porque es pensar los problemas de salud de otra manera”. 

“Desde la teoría del vínculo, piensa Bleger, y Pichon, que una cuestión humana: la salud, la educación, la vejez… tiene una dimensión total, que incluiría todos esos cuatro ámbitos (por cierto, Montecchi incluye un quinto ámbito: la globalización). Trabajar en el ámbito psicosocial solamente esa cuestión sería fragmentarla: su abordaje integral requeriría acciones en los cuatro, o cinco, ámbitos. Objetivo ambicioso, pero al que se debe tender. Se corresponde con la visión holística que de la realidad tiene el materialismo dialéctico”.

Portada de algunos de los primeros números de la Revista “Área 3” que edita ininterrumpidamente desde 1994 la asociación Area 3 y cuyos artículos son de descarga gratuita AQUÍ  Además, Area 3 es un colectivo de pensamiento crítico que ha desarrollado interesantes investigaciones sobre temas grupales, psicosociales e institucionales en áreas tan variadas como la Salud Mental, los Adicciones, la Atención Primaria, la Educación Social o los Servicios Sociales, tiene un programa consolidado de formación grupal de varios niveles y realiza periódicamente encuentros y jornadas.

Ejemplo, la vejez. Si yo estudio lo que le pasa a esta persona mayor, mirando lo que le ocurre en su cuerpo y en su mente, cómo le afecta el paso de los años… en fin, tomando a la  persona como el centro de mis investigaciones, estoy haciendo un trabajo en al ámbito psicosocial. Pero puedo interesarme por lo que pasa en el grupo familiar de esa persona: cómo les afecta el envejecimiento de uno de sus miembros, cómo afecta a sus relaciones, cómo promueve ciertos cambios de roles en el grupo… es decir, poniendo en el centro de mis investigaciones al grupo familiar y cómo es afectado por la vejez, entonces estoy investigando en el plano sociodinámico”.

“Si me interesó por lo que ocurre en las instituciones que se dedican a trabajar con los mayores, su dinámica específica, los vínculos entre sus miembros, cómo pueden estar afectados por la tarea que tienen, o sea , la vejez, entonces estaré investigando el asunto de la vejez en el ámbito institucional”.

“Cómo la comunidad se organiza para atender las necesidades de sus mayores, qué tipo de relaciones, coordinaciones, o no, establecen entre sí las diversas asociaciones, instituciones, grupos, etc., existentes en esa comunidad con ese fin… estaré investigando en el ámbito comunitario”.

“Si finalmente me interesó por conocer la ideología dominante respecto a la vejez, sus prejuicios y estereotipos, de dónde provienen, etc., mi interés estará puesto en la globalización, en ese ámbito básicamente productor de ideología, que se transmite a todos los otros ámbitos, que informa y atraviesa cada uno de ellos, determinando su dinámica, hasta llegar al sujeto, al individuo, que será el resultado final de todo ese proceso que se inicia en el ámbito mayor, determinándolo”.

“De ahí la idea pichoniana de que somos sujetos producidos. El viejo, este viejo que soy, lo, que me sucede, el modo que tengo de vivir mi vejez, y las posibilidades de gestionar mis necesidades están condicionadas por los ámbitos anteriores…. Dimensión de un problema, del que se ocupan los ámbitos, yo lo entiendo así”.

Población y Comunidad

Esta idea de ámbitos como diferentes dimensiones para abordar un problema o una temática, y sobre los limites que nuestra formación profesional de partida dificulta para alcanzar esta visión holística, también la debemos aplicar a la Salud Pública. Como salubrista, he experimentado que cuando nos acercamos a este campo-“mejillón” (la imagen de los ámbitos concéntricos de Bleger me recuerda la cascara de los mejillones) desde la formación salubrista, aunque entramos desde el ámbito más externo al individual (pensamos desde lo colectivo o poblacional), lo hacemos con categorías que nos dificulta atrapar lo comunitario. También nos es bastante ajeno lo institucional, grupal e individual (aunque este último lo abordemos desde nuestra formación clínica).

Como veremos, lo poblacional no tiene porque ser sinónimo de lo comunitario, al igual que el origen del concepto biopolitico de “población” surgido con la ilustración (Foucault dixit), y tan importante para el nacimiento de la medicina social, es distinto al origen del concepto de “comunidad”. Intuyo que la discriminación entre población y comunidad es muy transcendente para entender las dificultades que tenemos los salubristas cuando nos acercamos al campo comunitario con ciertos conceptos como “riesgo”, “vulnerabilidad”, “prevención” e “intervención”, y con ciertas metodología y herramientas asociadas. No sé si alguna lector o lectora puede ayudarme en esta reflexión.

Al igual que Bleger recomendaba a los psicólogos que abandonaran ciertas categorías de pensamiento y adoptaran otras si querían pasar del ámbito de trabajo predominante (para el cual se ha sido formado académicamente) a otro (del individual al grupal e institucional, por ejemplo), los salubristas deberíamos hacer lo mismo si queremos trabajar en el ámbito comunitario. También en al ámbito institucional, pero esto no toca hoy. Usando nuestra metáfora, los profesionales de la clínica o de la Atención Primaria, tienen que pasar “de las batas a las botas” (usar otros criterios, categorías, instrumentos, enfoques; diferentes a los clínicos) para trabajar en lo comunitario.

Metáfora del salubrista. Uno de los retos de la Salud Pública si quiere acercarse al ámbito comunitario: desenraizarse del ordenador (computadora) y de la representación de la comunidad a partir de una base de datos.

Pero también los salubristas tienen que pasar “de las bases (de datos) a las botas”: desenraizarse del ordenador y de la base de datos (como representación de la población) y ponerse las botas (incorporar otras miradas y metodologías), para pisar el terreno y comprobar cómo la realidad de las personas que viven en un territorio en la cotidianidad se distorsiona fácilmente con su representación en la base de datos. Y cómo para favorecer cualquier cambio de los indicadores de salud, hay que favorecer un cambio social que no se consigue exclusivamente ni con información sanitaria o consejos de salud, ni siquiera con la influencia sobre políticas públicas de arriba abajo, si no van acompañadas con cierto grado de consenso social.  Es decir, lo que ahora llamamos intervenir sobre los determinantes sociales de la salud a través del trabajo comunitario.


Este post forma parte del texto “Individual, Grupal y Comunitario: revisando un esquema de la Salud Comunitaria”, editado en las siguientes entregas (los enlaces activos son de las ya publicadas):

  1. Resumen
  2. De las batas a las botas
  3. Cómo lo categorizan otros y otras
  4. Lo comunitario, según la teoría de los ámbitos de Bleger
  5. Registrar las actividades comunitarias
  6. Orientación comunitaria y ámbito comunitario
  7. Perspectiva
  8. Encuadre
  9. Ámbito
  10. Cartografía comunitaria
  11. Epilogo

—-

NOTAS Y REFERENCIAS

[1]  “La noción de Comunidad” publicado en la Revista “Área 3. Cuadernos de temas grupales e institucionales” nº 2. Primavera 1995, y reproducido en el libro: Javier Segura del Pozo. “Comunitaria”. Ediciones Salud Pública y otras dudas. (https://saludpublicayotrasdudas.wordpress.com/). Tres Cantos, enero 2018

[2]BLEGER, J.: Psicohigiene y psicología institucional. Paidos. Buenos Aires, 1976.

[3] BAULEO, A.: “¿Qué es la salud comunitaria?”, en Notas de psicología y psiquiatría social. Atuel. Buenos Aires, 1988.

[4]GONZÁLEZ GUTIÉRREZ SOLANA, M. J.: “Psicología comunitaria. ¿Una práctica específica?”, en Actas del 1o Congreso de Medicina Comunitaria. Madrid, 1980.

[5]BUSTURIA, R.: “Salud comunitaria”, en BAULEO, A. y otros, La concepción operativa de grupos. AEN. Madrid, 1990.

[6] BATTEN, T.R.: Las comunidades y su desarrollo. FCE. México, 1979.

[7]Cucco M. ‘ProCC: una propuesta de intervención sobre los malestares de la vida cotidiana. Del desatino social a la precariedad narcisista’ pag 107. BsAs, Atuel, 2006.

[8]En el DRAE, ámbito tiene los siguientes significados:

  1. m. Contorno o perímetro de un espacio o lugar.
  2. m. Espacio comprendido dentro de límites determinados.
  3. m. Espacio ideal configurado por las cuestiones y los problemas de una o varias actividades o disciplinas relacionadas entre sí. Esto pertenece al ámbito de la psicología, no al de la sociología.
  4. m. Ling. Segmento sintáctico sobre el que ejerce algún efecto una expresión gramatical. El adverbio no tiene ámbito sobre el pronombre nada en la oración No dije que faltara nada.

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