El Barrio vivido (III): el ocio en el barrio

Por Javier Segura del Pozo
Médico salubrista

Séptima vuelta de tuerca a la noción de barrio. La vida social de los barrios también se expresa a través del ocio popular. Este se desarrolla en diferentes escenarios. Nos centraremos en analizar cuatro expresiones básicas para vivir el barrio y tomarle el pulso: las fiestas, los bares, el futbol y los cines de barrio. Como sus calles, aceras, plazas, y parques, forman parte esencial del espacio público de los barrios y de su vida comunitaria. Como tal, pueden ser importantes activos en salud, o por el contrario, escenarios de exclusión y odio al diferente.

Fiestas del barrio

Un indicador de la vida social del barrio son las fiestas de barrio o fiestas vecinales. Para organizarlas hace falta un cierto grado de identidad de barrio y de organización vecinal. A menos que sean organizadas desde las instituciones con el concurso y lucro de feriantes y comerciantes. Según mi experiencia, en el Madrid del final del franquismo, la pujanza de las fiestas de barrio coincidió con la pujanza del movimiento vecinal (finales 70’ hasta mediados de los 80´). Antes, durante el franquismo, las fiestas de barrio se habían anulado, como otras manifestaciones populares (los carnavales), probablemente por su carácter popular y el correspondiente riesgo subversivo. Las fiestas estaban muy limitadas a las manifestaciones religiosas y estrechamente custodiadas por las autoridades civiles y religiosas. Esta organización y control se hacía en algunas ciudades (especialmente, de Andalucia) a través de las cofradías, herederas del mundo del trabajo gremial del antiguo régimen.

Baile en las últimas fiestas del 2 de mayo (2018) del barrio de Malasaña. Fuente: Madrid Secreto

Con la democracia volvieron los carnavales y las fiestas de barrio. Las asociaciones de vecinos y los partidos de izquierda (muy especialmente el PCE), tuvieron un papel protagonista en este auge lúdico-popular. Sus abnegados militantes no solo pegaban carteles para las recién estrenadas campañas electorales, sino que instalaban y atendían con entusiasmo puestos de bebidas con humeantes parrillas, en estas renacidas fiestas de barrio. El plato fuerte eran los conciertos de cantautores y grupos musicales en cuyas letras y ritmos el mensaje político y de rebeldía no podía estar ausente.  Era una oportunidad única de visibilidad del partido (de los partidos) entre el vecindario, después de la noche de la clandestinidad y la propaganda franquista que había estigmatizado a los y las comunistas.

Puesto del Sindicato de Estudiantes en las fiestas del barrio de Aluche de 2016. Fuente: Guía de Aluche

Cuando el movimiento vecinal se institucionalizó, y se vaciaron las asociaciones de vecinos y las organizaciones locales de los partidos políticos (sus lideres se convirtieron en concejales o ministros, para gestionar los cambios políticos necesarios que satisficieran las reivindicaciones expresadas previamente en la lucha en las calles), el efecto fue que las fiestas de barrio también fueron languideciendo. Algunas se mantuvieron por tradición y subvencionada por las instituciones, con cada vez más chiringuitos de los partidos que ya no eran atendidos voluntariamente por los militantes del barrio, sino por trabajadores empleados (generalmente inmigrantes) de empresas subcontratadas. Por esa misma lógica, cuando el activismo en algunos barrios de Madrid repuntó gracias al 15M, las fiestas de estos barrios reforzaron su carácter reivindicativo, frente a su anterior predominancia consumista-comercial. Y por esa misma razón, la historia se ha repetido: cuando algunos de estos activistas del 15M se han incorporado a las concejalías de los ayuntamientos, y la fuerza de la indignación ha menguado (en parte por la emigración de los más jóvenes y el cansancio de los que han quedado aquí), algunos puestos de las asambleas populares del 15M no han vuelto a abrir en las fiestas locales.

Oyón[1] nos cuenta como la vida de calle de los barrios populares de la Barcelona de entreguerras (1914-1936) se manifestaba de forma extraordinaria durante las fiestas, y como la verbena y el baile eran protagonistas del imaginario urbano obrero. Sean las fiestas de San Juan, San Pere, las de Navidad o las del patrón del barrio, todas eran una oportunidad, especialmente de los jóvenes, “para estrenar vestido, buscar novio/a o simplemente divertirse”. Las fiestas de los barrios eran en todas las ciudades el momento culminante del cortejo y muchas parejas sitúan en su memoria familiar el primer encuentro en algunas de estas fiestas.

“Carrer guarnit” en el barrio de Grácia (Barcelona). En este caso es la calle Ramón y Cajal adornada para las fiestas de 1935. Fuente: Desconocida (obtenida del blog Orgullosa de mi ciudad

Algunas calles se engalanaban durante estas fiestas, siendo cada tramo de calle responsable de los respectivos vecinos. Para decorar la calle tenían que desplegar un notable esfuerzo organizativo comunitario que incluía la planificación, la financiación (recobrar fondos a través de sorteos, cuotas y derramas) y la construcción. Estos carrers guarnits (calles decoradas), que adquirían un alto nivel de sofisticación en el barrio de Gracia, se complementaban con los envelats (entoldados) en la plaza del barrio donde se solía celebrar el baile y donde la desigualdad podía hacer su aparición por el cobro de entrada al baile o para el alquiler de un palco o una silla. El sentido de pertenencia al barrio también se manifestaba por el pasacalles (o cercavila) que cada grupo de vecinos de calle (del carrer guarnit) realizaba por las calles del barrio. Los corales, o los coros de las caramellas realizaban las rondas primero por el vecindario de la calle y luego por todo el barrio.

Las imágenes me recuerdan a las populares fiestas de San Cayetano, San Lorenzo y la Paloma[2] del tórrido agosto madrileño, donde también se engalanan los respectivos tramos de calle, los balcones y ventanas, y donde los vecinos montan delante de sus portales su puesto de limonada o de dulces caseros (ahora lo montan los bares de la calle). Como antes dije, en el resto de barrios periféricos madrileños las iniciativas vecinales colectivas han corrido a cargo de las asociaciones de vecinos, culturales (incluidas las casas regionales), deportivas y de los partidos políticos, principalmente con la instalación de puestos de bebidas y comidas y alguna actividad musical, deportiva o cultural . Esta iniciativa puede ser mas o menos importante en relación a la comercial (instalación por feriantes de ruidosas tómbolas, atracciones, etc.) o a la institucional (instalación de escenarios, urinarios, etc. y , sobre todo, la contratación de los grupos de música, que suele ser la inversión más cara para las arcas municipales) y es un indicador de la pujanza de la vida social de un barrio. Hace mucho que en España los farolillos y las banderas de papel que cuelgan atravesadas en las calles en las fiestas locales ya no las ponen apenas los vecinos (hay excepciones, como las mencionadas), sino los ayuntamientos o incluso las empresas sponsors.

Calles engalanadas en las fiestas de San Cayetano 2016. Fuente: time out 

Bares del barrio

Los bares siempre han sido un espacio público muy relevante en los barrios, que, al igual que los comercios, proporcionaban un servicio mas allá de la venta de bebidas o comidas. Los turistas y extranjeros que llegan a España se sorprenden y preguntan por qué hay tantos bares en España. Yo también me he preguntado por qué durante la crisis cerraban los comercios de proximidad y solo se abrían bares nuevos en los barrios (aunque luego cerraran y cambiaran de dueño) ¿Por qué hay tanta demanda de bares?¿Qué es lo que significan socialmente? Me llama la atención que Jane Jacobs no menciona en ningún momento a los bares como un pilar importante del vecindario de los barrios de Nueva York ¿Es un elemento típico español o del sur de Europa? ¿En qué se diferencian de los pubs británicos o de las Kneipe o Wirtschaft alemanas respecto a su papel en los barrios?

En su libro sobre “El barrio en la teoría social”, Gravano nos menciona los trabajos de McDonough, sobre los bares de la Ciutat Vella de la Barcelona de 1992[3]. El género, el poder y el espacio se juntan en el bar, para definir diferentes culturas y estilos de resistencia segmentando a la población urbana. En los bares se tejen relaciones complejas de redes de parroquianos definidas por clase, por barrio, por genero, intereses, etnias, profesionales y modos de cultura.

Es un espacio eminentemente masculino, donde el hombre se refugia al volver del trabajo y antes de ir a casa. Oportunidad para desahogarse tanto con el amigo como con el parroquiano o vecino de barra. Donde en las conversaciones informales se genera opinión pública y una masculinidad encorsetada (es decir, machista) que abarca el típico triplete de futbol, mujeres y política. Obviamente, esta exclusividad masculina está siendo superada a marchas forzadas.


Bar El Palentino en el barrio de Malasaña (Madrid), recientemente cerrado con gran duelo de su parroquia. Fuente foto: Kiko Huesca. Efe. La Voz de Galicia.

Los bares son un centro fundamental de la sociabilidad de un barrio. En el Diccionario de las Periferias de Carabancheleando la entrada sobre los bares define a la perfección esta función:

“Nadie puede estar seguro si fueron antes los bares o el barrio…O es que realmente el barrio no fue barrio hasta que surgieron los bares. (…) El bareto es ese sitio donde parece que no pasa nada y está pasando todo; junto con los mercados, el centro neurálgico, es donde mejor se percibe el latido del barrio. Son lugares intergeneracionales, interdisciplinares, donde se reúne la gente más variopinta, en definitiva donde se mueve el cotarro. Si no encuentras a alguien, está en el bar. Seguro. En los bares de barrio se desayuna a distintos ritmos, se sirven bocatas con botijo a los currantes y café con leche a las amas de casa, se juegan veteranas partidas de dominó, se juntan los chavales, se come primero, segundo, postre, café y carajillo, se toman cañas con los colegas, se celebra la pachanga del sábado o simplemente se mata el tiempo cuando la sociedad se empeña en escupirnos del sistema. Y cuando todo está a punto de acabar, cuando el cierre amenaza con bajarse el bar de nuevo se transforma y llena una vez más sus gentes…, los de siempre, los de vez en cuando o los que solo pasaban por allí (…)

El catálogo de bares de barrio es interminable. Están los bares de viejos, de clientela asidua y tiempos lentos. También los bares “Pepe”, con la grasilla corriendo por los azulejos y las patatas. El bar de la peña, donde los botellines reúnen día tras día a los  colegas de siempre. La cafetería de la esquina, con suculenta bollería y frecuentada fundamentakmente por mujeres (porque para qué negarlo, el ambiente del resto de los bares es bastante masculino) (…)

Bajar al bar es en definitiva como estar en el salón de casa. Se respira camaradería. Es el único sitio donde puede decir aquello de “lo de siempre” sin miedo al ridículo, a pesar de que cada día tome algo diferente”[4]

El futbol del barrio

El futbol también ha tenido un papel central en la vida social del barrio. Primero como juego. Para jugar al futbol no hace falta mucho equipamiento (basta con un descampado y un balón). Por ello, el futbol sigue teniendo un papel protagonista como juego y deporte de los muchachos del barrio. En mi infancia, si no jugabas al futbol, te relacionabas mal con los chicos de tu edad. No sé si ahora otros juegos (incluidos los electrónicos) están desplazando o sustituyendo esta forma de relación. A veces, las cuadrillas que se formaron en la infancia alrededor del futbol, sobreviven en la edad adulta, hasta que el cuerpo aguanta (y aparecen las lesiones de la madurez tardía). Son la excusa para quedar después del trabajo o los fines de semana con los colegas. Citas masculinas, vedadas a las mujeres.

Niños jugando al futbol en la calle. Fuente foto: desconocida (obtenida de https://pueblomartir.wordpress.com/2016/11/28/)

El futbol es también un vehículo de identidad colectiva en los barrios. No hace falta jugar al futbol para hablar de futbol y defender unos colores. Al igual que las cofradías, las peñas futbolísticas han servido para expresar y agrupar estas identidades, discriminarse de otros y procesar rivalidades. Las peñas se ubican en locales públicos o bares concretos, que atraen y seleccionan a sus parroquianos por estas lealtades.  Las actividades de las peñas van más allá de los partidos de futbol: organizan comidas, viajes, fiestas, etc. y congregan a su alrededor a familias y amigos.

A veces la adhesión a unos colores sirve para que el barrio se identifique con la ciudad y se disuelva en la pasión compartida con otros barrios. Es el caso de los seguidores de los grandes equipos de las ciudades. Todos a muerte con su equipo (y su ciudad) y frente al otro. Este otro suele ser el equipo de la ciudad rival. En otros casos, las lealtades de los barrios se reparten entre dos o mas equipos de la ciudad, que se caracterizan por una rivalidad salvaje entre sí. Ocasionalmente, pueden distinguirse algunas características (sociales, económicas, culturales, incluso, políticas) peculiares de la pertenencia a una u otra parroquia futbolística, como es el caso del Real Madrid y Atlético Madrid, del FC Barcelona y Español o del Sevilla FC y el Betis.

Peña futbolística del Atletico de Madrid en Benavente (Peña Benaventana del Atletico de Aviación). Como explica el pie de página: “La peña Benaventana de Atlético Aviación no sólo centra su actividad en juntarse y ver los partidos en su sede, a lo largo del año participan en viajes de convivencia con más peñas, viajando a Madrid a ver a su equipo en el Estadio Vicente Calderón” Fuente: Interbenavente

Pero independientemente de las lealtades al equipo de la ciudad, el barrio también puede o suele tener equipo propio que es la máxima expresión de la identidad barrial. Generalmente su historia ha ido paralela a la historia de la constitución del barrio. En pocas ocasiones estos equipos de barrio alcanzan la categoría profesional y las ligas mayores. Cuando lo hacen, como el caso del Rayo Vallecano en Madrid, exigen que las lealtades entre el equipo de la ciudad y el equipo del barrio tengan que definirse. Como ocurre con otros equipos de futbol, el vinculo que tienen algunos vallecanos (y vallecanas) con el Rayo Vallecano es casi religioso. Se acude al partido como se acude todos los domingos a misa. Forma parte del ritual y tiene una liturgia propia (ejemplo, cuándo sacar el bocadillo, dónde sentarse, cuándo gritar, etc.). Su grupo “ultra”, los Bukaneros, tiene una curiosa ética y estética comunitaria y de izquierdas, comprometida con la vida social y política de su barrio. Recientemente hicieron una colecta pública para ayudar a una anciana que iba a ser desahuciada. Probablemente hay otros ejemplos similares fuera y dentro de España. Sin embargo, es más frecuente que estos grupos ultras, barras o hooligans tengan una estética y ética filonazis, siendo un triste ejemplo de como el futbol sigue siendo a veces el núcleo alrededor del que se organizan identidades muy excluyentes y xenófobas.

Bukaneros, los ultras del Rayo Vallecano, reivindicando la solidaridad con una anciana en riego de ser desahuciada, durante un partido. En las pancartas: “#CarmenSe Queda” “Los desahucio de un estado enfermo. La solidaridad de un barrio obrero”. Fuente: Libertad Digital

A veces hay lealtades futbolísticas a equipos de otras ciudades, como ocurre con las lealtades y peñas futbolísticas del Atlético Bilbao, Betis o Barcelona en Madrid. Puede ser una forma de diferenciarse de la mayoría social de la ciudad, una identidad del grupo de inmigrantes con su tierra de procedencia o simplemente una identidad heredada de  padres a hijos, fruto de una antigua admiración a un club de gran prestigio en el pasado.

El cine de barrio

Cuando no existía televisión, videoclubs o internet, el cine de barrio era la ventana al mundo. Los cines tenían un papel central en el ocio popular y en la conformación de valores e ideologías (razón por la que fue una preocupación central de la censura franquista). Al ser las películas proyectadas mayoritariamente de origen norteamericano, el cine fue el canal por el que se introdujo el American Way of Life en nuestros barrios y por el que se popularizaron las modas y los estilos de vida yanquis desde las primeras décadas del siglo XX.

Cola para entrar en el Cine Cristal en la calle Bravo Murillo (cerca de Cuatro Caminos de Madrid), al poco de su inauguración, probablemente 1948 o 1949 (de acuerdo al año de estreno de las dos películas que esta exhibiendo: “Matanza infernal” y “Locura de amor”). Fuente: “Madrid y el cine” de Pascual Cebollada y Mary G. Santa Eulalia.

Había dos tipos de cines: los del centro y los de barrio. O como se decía antes: los de estreno y los de restreno. Los primeros eran más caros y de sesión única (proyectaban una sola película). Los segundos eran más baratos y ofrecían dos películas (que ya habían sido estrenadas hacía unos meses en los cines de estreno) en sesión continua (podías entrar a mitad de la película con la tranquilidad que recuperarías la mitad no vista después de ver la segunda). Solo ocasionalmente las clases obreras se permitían ir a los cines de estreno. Como algo extraordinario. Era una excusa para engalanarse, pisar el centro de la ciudad y sentirse unos señoritos admirando las lujosas salas de cine de la Gran Vía.

Cine Europa: situado en Bravo Murillo 160 (distrito de Tetuán). Obra del arquitecto racionalista Luis Gutierrez Soto, fue  inaugurado en 1929, con un aforo de 2.259 localidades. Fue cerrado en 1988 y actualmente el local está reconvertido en el establecimiento “Saneamientos Pereda”. Fuente: desconocida (obtenida de “Historias matritenses” )

Lo normal era acudir al cine de tu barrio. Mejor dicho a los cines, pues el número de salas existentes era impresionante. Todas han ido cerrado a lo largo de las últimas décadas. Valgan como ejemplo los 16 cines que había en el Tetuán de mi adolescencia, en el trayecto de la calle Bravo Murillo, entre la plaza de Castilla y Cuatro Caminos (3,6 km): Versalles, Murillo, Tetuán, Lido, Carolina, Europa, Montija-Condado, Cristal, y sus calles adyacentes (Bellas Vistas, Savoy, Arizona, Sorrento, Metropolitano, Astur, Regio). Todos han desaparecido para ser convertidos en bingos, salas de apuestas, comercios o viviendas (¡ojo con esta reconversión de cines y otros locales públicos en casas de apuestas que se está extendiendo por nuestros barrios y es un preocupante indicador del aumento de la ludopatía entre las clases más humildes!). Según un estudio de la cartelera de ABC, Madrid pasó de tener 161 salas de cine en 1969 a solo 31 en 2015.

Algunos eran majestuosos, con un diseño moderno para su época y con un aforo impresionante, que servían para otras actividades culturales o políticas. Tal fue el caso del cine Europa[5] donde se celebraron famosos mítines durante la República (a lo largo del tenso mes de febrero de 1936, políticos de signo tan diferente como Jose Antonio Primo de Rivera y Largo Caballero, dieron sendos mitines en el cine) y cuyo cierre en 1988 dejó al barrio sin uno de sus elementos históricos y sociales más significativos.

Mitin de Largo Caballero en el cine Europa reflejado en el ABC (Página 9, 14 de enero de 1936) Fuente: “El último “The End”” de Miriam Ruiz Castro en Madrilanea 

Eran el pseudolujo burgués al alcance popular. Olían a ambientador y eran atendidos por estirados acomodadores vestidos de librea, a modo de representantes de la autoridad que enfocaban sus linternas a parejas que usaban las últimas filas para el desahogo sexual. Los cines, al igual que comentamos con las calles y las aceras, podían compensar las deficiencias de la vivienda en los barrios. Para muchos y muchas era la única oportunidad de pasar una tarde fresca en el tórrido verano o caliente en el gélido invierno, o de echar una cabezada durante las sesiones continuas. También eran el escenario de las miserias cotidianas: salas con manchas de humedad en sus paredes, amuebladas con desvencijadas y polvorientas butacas, alfombradas con montañas de cascaras de pipas, donde se ejercía la triste prostitución de las necesitadas pajilleras y pajilleros, y se posibilitaban furtivos encuentros en sus malolientes urinarios públicos.

El salir al cine era un acto social. Se quedaba para ir al cine, en familia, en pareja o en pandilla. Y al salir del cine o antes de entrar, se iba a los bares o terrazas para rematar la tarde-noche libre. O simplemente se paseaba en pareja o en grupo, abajo y arriba de la calle principal. Estas calles principales de los barrios, estaban salpicadas por las alegres luces y los grandes carteles pintados a mano, que engalanaban las fachadas de los cines, anunciando las películas que exhibían.

Los cines de verano también han sido una opción para el ocio de los barrios y la protección frente al calor nocturno, que actualmente parece volver a ser valorado. Fuente: Alerta digital

Evidentemente, han cambiado las formas de ocio de las clases populares de nuestros barrios. Algunas siguen pujantes, como ir de bares o al futbol, o han sobrevivido con más o menos dificultad, como las fiestas del barrio o la cita para echar la partida de futbol. Pero otras, como el ir al cine, han sucumbido ante el empuje del ocio individualista y doméstico. También han ido desvaneciéndose otras, de las que no hemos hablado, como los billares y futbolines, santuario de las pandillas juveniles, o los clubs parroquiales, que daban cobertura a encuentros juveniles durante el franquismo. En las últimas décadas, han surgido de forma tímida nuevas formas de ocio compartido de gran valor para la salud comunitaria, pues combinan la práctica grupal de ejercicio físico con el acompañamiento y la generación de vínculos colectivos (paseos colectivos, grupos de marcha nórdica, grupos de paseo de perros, etc.), en los parques o calles, así como ciertas actividades culturales y sociales en locales okupados o cedidos de los barrios. Desconocemos si en el futuro las veremos como eventos raros y perecederos.

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Esta entrada forma parte de la obra “La noción de Barrio”, de la que se han editado hasta ahora las siguientes entregas:

I. INTRODUCCIÓN

II. EL BARRIO COMO LUGAR

  • Barrio y Comunidad
  • Barrio como parte de la ciudad
  • Barrio como periferia
  • No hay barrio pobre si no hay barrio rico
  • Invisibilidad y desvelamiento del barrio
  • La unidad territorial mínima significativa.

III. EL BARRIO COMO PROBLEMA (1ª parte): segregación

  • Barrio como problema urbano
  • Segregar y homogeneizar
  • El poblado
  • Los barrios dormitorios
  • Rehabilitación barrial

III. EL BARRIO COMO PROBLEMA (2ª parte): estigmatización

  • Los chicos de la esquina y la vida de banco
  • El barrio de los canis y de las chonis
  • La delincuencia juvenil y el fracaso escolar
  • Integración social frente a segregación social
  • El barrio estigmatizado.
  • El barrio étnico

IV. EL BARRIO VIVIDO (1ª parte): Mapas mentales

  • El barrio como espacio subjetivo. Los mapas mentales
  • El barrio vivido y el barrio imaginado
  • Vivir en el barrio o vivir el barrio

IV. EL BARRIO VIVIDO (2ª parte): La Comunidad barrial

  • La Comunidad barrial
  • Mi tramo de calle
  • La vida de las aceras
  • El comercio del barrio

IV. EL BARRIO VIVIDO (3ª parte): El ocio en el barrio

  • Fiestas de barrio
  • Bares de barrio
  • El futbol en el barrio
  • El cine en el barrio

IV. EL BARRIO VIVIDO (4ª parte): El barrio de los cuidados

  • El Barrio es de las mujeres
  • Barrio y cuidados
  • El declive del barrio vivido

V. EL BARRIO COMO SOLUCIÓN: del buen vecino a la revolución

  • Barrio y vecindario
  • El buen vecino
  • El barrio tiene nombre, el vecindario no
  • Descentralización y gobierno barrial
  • Barrio como ideología.
  • Las luchas barriales
  • El barrio como lugar de supervivencia
  • El barrio resiliente
  • El barrio de la innovación social
  • La ideología de barrio como freno al cambio social
  • Relaciones de poder en el barrio

VI. BARRIO E INSTITUCIONES

  • El barrio de las diferentes disciplinas
  • El barrio en el norte y sur global
  • Conquistar el eje del barrio
  • El barrio telaraña
  • El barrio como lugar de reunión de las instituciones
  • El barrio como mero receptor de la acción comunitaria

VII. EL TIEMPO EN EL BARRIO

  • Barrio, tiempo y aceleración
  • Barrio como mundo del peatón
  • Barrio y vida cotidiana

VIII. LA SALUD EN EL BARRIO

  • Código genético y código postal. Los mapas de esperanza de vida por barrio
  • Desigualdades sociales en salud y barrio
  • Los mapas de activos de salud de los barrios
  • La salud y los cuidados en la vida cotidiana
  • El papel de la salud comunitaria en la construcción del contrapoder, contracultura y contrainstitución, desde el barrio.

IX. EPILOGO Y CONCLUSIONES

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REFERENCIAS Y NOTAS

[1] Oyón JL, Op cit pp 322-325

[2] Comienzan con la de San Cayetano (2-8 agosto), en la zona del Rastro/Embajadores, continúan con la de San Lorenzo (9-11 de agosto), en Lavapiés, y terminan con la más importante y grande de todas, la de la Paloma (12-15 agosto), en La Latina.

[3] McDonogh, G. “The Geography of Evil: Barcelona´s Barrio chino”. EN Anthropology Quaterly, vol 60, 4; 174. Citado por Gravano, A. Op cit pp. 149-150

[4] Carabancheleando, Op cit pp 55-56

[5] Cine Europa: situado en Bravo Murillo 160. Obra del arquitecto racionalista Luis Gutierrez Soto, fue  inaugurado en 1929, con un aforo de 2.259 localidades. Fue cerrado en 1988 y actualmente el local está reconvertido en el establecimiento “Saneamientos Pereda”.

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