El Barrio como lugar

Por Javier Segura del Pozo
Médico salubrista

Dedicaremos la segunda entrega de la noción de Barrio a la visión del barrio como lugar. Aunque pensamos en el barrio como una comunidad, esta se construyó e idealizó como alternativa a los males de la ciudad moderna. Por ello, el barrio es un lugar frecuentemente definido por sus características opuestas a la ciudad, entendida como el centro de la ciudad. La distancia, en kilómetros y en tiempo de desplazamiento, al centro determina esa relación. El barrio es una parte de la ciudad, pero es la parte oculta, cuyo desvelamiento pone en evidencia la fragmentación social de la ciudad y sus desigualdades sociales en salud. No hay barrio pobre sin barrio rico, es decir, el barrio es el indicador del sistema social y económico urbano y del grado de reparto del poder y del saber. El barrio es la periferia de la ciudad y su unidad territorial mínima significativa, aunque a veces podamos identificar otras menores (barriadas, colonias) o crear unidades funcionales más pequeñas para el control de su población (secciones censales) o la intervención social.

Plaza de la Remonta en Tetuán (Madrid). Fuente: http://programaarcecmsz.blogspot.com.es/2011/10/el-barrio-de-tetuan-en-fotos.html

Barrio y Comunidad

En la Salud Comunitaria es la Comunidad nuestro objeto de trabajo. Y la imaginamos como un territorio de tamaño “humano”. Pero, ¿dónde situamos este territorio imaginado? Frecuentemente situamos a la comunidad en el pueblo, si pensamos en el ámbito rural, y en el barrio, en el caso del ámbito urbano. Sin embargo, cuando exploramos el origen del concepto comunidad (Tönnies, Durkheim, Redfield) [1]  y las iniciativas para fundar modelos de comunidades por parte de los utópicos del siglo XIX (principalmente, los socialistas utópicos: Robert Owen, Charles Fourier, Jean Baptiste Godin, Filipo Buonarotti, Etiene Cabet, etc.), vemos que este territorio imaginado no es urbano. Como nos advierte Gravano[2], casi todos ellos, levantaron experimentos de comunidades alejadas de la ciudad (algunos eran filántropos multimillonarios que compraron terrenos rurales para ello). Las utopías comunitarias eran una reacción y rechazo a la vida en la ciudad moderna e industrial, que consideraban llena de “malos hábitos” (Owen), zonas insalubres (Buonarotti) y que había alejado al ser humano de su contacto benéfico con la naturaleza. Por ello, no se reivindicaba el barrio, pues era parte del problema. En todo caso, las subdivisiones territoriales que establecían en los nuevos asentamientos (la New Harmony de Owen, el Falangisterio de Fourier, el Familisterio de Godin o la Icaria de Cabet), podían acercarse al concepto de barrio.

La comunidad utópica de New Harmony (Indiana), Estados Unidos, según un diseño de F. Bate (View of a Community) tal como propuso Robert Owen en 1838. Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Robert_Owen

Eso significa que cuando operamos con la categoría Barrio como un sinónimo de Comunidad, tenemos que tener en cuenta que el barrio real va indisolublemente unido al concepto de ciudad. Son parejas, en las que el significado de una se construye como oposición al significado de la otra. Así, frecuentemente se define al barrio a partir de una serie de dicotomías que adjetivan el contrate con la ciudad. El barrio puede ser más “humano” porque se contrasta con la ciudad “inhumana”. El barrio tiene un ritmo de vida más tranquilo, en comparación con la aceleración de la ciudad. El barrio es el reducto de las tradiciones, frente a la ciudad abanderada de la modernidad. En el barrio conoces a tus vecinos y vecinas (al menos a algunos), y ellas a ti, y los puedes saludar en encuentros por la calle. Por contraste, la ciudad es un territorio basado en el entrecruzamiento de personas anónimas en el que el saludo es motivo de sospecha. En estas comparaciones, la ciudad no es imaginada como el conjunto urbano (centro y periferia), sino como el centro de la ciudad, caracterizado por una incesante circulación de personas y vehículos, que van de un lado a otro, de forma acelerada, caótica y anónima.

Incluso, uno de los últimos utopistas, como el inglés Ebener Howard, promotor de “la ciudad-jardín”(modelo que, unos años antes que él, desarrolló Arturo Soria diseñando la Ciudad Lineal de Madrid), plantea alternativas desde el rechazo a la ciudad y la reivindicación de las ventajas de la vida campestre. Según Gravano, la razón de muchos de los fracasos de estos proyectos utópicos “fue el pretender constituirse en utopías urbanas sobre bases ideológicas antiurbanas, a despecho de la relación con lo urbano real: las ciudades existentes”[3].

Muchachos contemplando el horizonte de Madrid desde su parque del barrio. Fuente: http://www.barriosdemadrid.net

Barrio como parte de la ciudad

Por ello, cuando nos planteemos el barrio saludable como ideal de comunidad, no podemos pensar a esta desligada de la sociedad mayor, la ciudad, sus lógicas y sus imaginarios. Más teniendo en cuenta que en la vida cotidiana de la mayoría de las personas que habitan los barrios, hay un transitar, generalmente diario, entre el barrio y la ciudad. Así, no podemos solo limitarnos a mapear los activos o las necesidades de salud de un barrio, sin tener en cuenta su interrelación con otros activos, necesidades o circunstancias, propias de la ciudad.

Un ejemplo, es el transporte, el comercio, el ocio, etc. En el caso del transporte, un activo en salud puede ser el horario del último metro, bus o tren que circula los fines de semanas (entre el barrio y el centro), y que permite volver a casa después de haber “disfrutado” de la ciudad, sin riesgo a tener un accidente de tráfico por conducir ebrio. Mientras vivía en Estocolmo, se alargó el horario del metro los fines de semana y fue una de las mejores medidas de salud pública (la eficiencia se justificaba por el ahorro en vidas, discapacidades, materiales destruidos en accidentes o por el aumento de las posibilidades de ocio, frente a los que la ponían en duda, contrastando solo el coste con el número de pasajeros que usaban esos trenes).

De hecho, esta noción del barrio como parte de la ciudad, es recogida por la primera definición de barrio del diccionario de la R.A.E.: “Cada una de las partes en que se dividen los pueblos y ciudades o sus distritos”. Pero la segunda definición del término se entrecruza con la palabra “arrabal” y se basa en su origen etimológico. Barrio proviene del término árabe hispánico *bárri ‘exterior’, y este del árabe clásico barrī ‘salvaje’. De lo que se desprende que barrio es sinónimo de “arrabal”, es decir, “barrio fuera del recinto de una población”. El tercer significado de la definición de la RAE refuerza esta idea de barrio como periferia:  “Grupo de casas o aldea dependientes de otra población, aunque estén apartadas de ella”.

Madrid, ciudad segmentada socio-territorialmente y con importantes desigualdades sociales en salud

Barrio como periferia

La idea de barrio va asociada a la periferia de la ciudad. Gravano nos cita al sociólogo francés Raymond Ledrut para remarcar que la identidad del barrio también se construye en relación a su diferenciación y alejamiento sentido respecto al resto de la ciudad: “la tendencia a la diferenciación del tejido urbano y a la constitución de barrios se funda, pues, en el alejamiento espacial experimentado, vivido por sus habitantes” [4].

En dos de los libros que he mencionado antes (“El Diccionario de las periferias. Métodos y saberes autónomos desde los barrios” y “Hijos del hormigón. ¿Cómo vivimos en la periferia sur de Madrid?”), el sentido de barrio asociado a la periferia de la ciudad está muy presente. La periferia es definida (R.A.E.) como “espacio que rodea a un núcleo cualquiera”. Una distancia al núcleo o centro de la ciudad, que no solo es espacial, sino mental. También de saberes (saberes periféricos frente a saberes establecidos y discursos dominantes) y, como veremos en otra entrada, de poderes. El centro es la metáfora del poder y la periferia de su subordinación y dependencia del mismo. El barrio es etimológicamente lo salvaje y el centro es la civilización. Como tal, una periferia empoderada puede ser un espacio político que impugne el orden: la periferia política frente al poder instituido.

La distancia espacial se mide no solo en kilómetros, sino en tiempo de desplazamiento. Por ello, el transporte público siempre es un elemento cardinal para el barrio. La aparición en el Madrid de finales del XIX (1871) del tranvía a precios asequibles para las clases populares, permitió que estas se alojaran en zonas más alejadas (y con alquileres más baratos) de los tradicionales barrios bajos del caso histórico, de forma que la distancia desde el lugar de la vivienda al lugar de trabajo pudiera ser salvada con un tiempo más corto que el del caminar[5]. Un siglo y medio después, Julio Embid tiene claro que la periferia de Madrid siempre ha necesitado el transporte publico para sobrevivir, y por ello, la inauguración de estaciones de metro o de tren de cercanías ha sido un elemento central en la batalla política de los gobiernos de Esperanza Aguirre por conquistar electoralmente los barrios y ciudades metropolitanas del antiguo “cinturón rojo” del sur y este de Madrid[6].

Boca de metro de Campamento, en el barrio del mismo nombre del distrito de Latina. La distancia al centro de la ciudad está determinada por la calidad del transporte público. 

El tiempo de desplazamiento también es fundamental para animar a los amigos a que te visiten, en vez de quedar siempre en el centro. La primera entrada del Diccionario de las periferias es “25 minutos”[7]. En ella se reproduce una conversación que le resultará familiar a los habitantes de la periferia urbana: “’Mi barrio no está tan lejos, se tardan solo 25 minutos en llegar al centro”, le dice Pedro a una incrédula Lucía. Pedro es vecino de Carabanchel Bajo; Lucía una amiga mucho más del centro. Han quedado para tomar unas cañas (…) “¿Qué? ¿No me crees? Solo nueve estaciones de metro para llegar de Oporto a Callao en la línea 5” (…) Uno de los elementos definitorios de las periferias es, sin duda, su distancia al centro. Eso sí, en una ciudad grande todo el mundo sabe que, por mucho que se empeñe la Física en lo contrario, las distancias no se miden en kilómetros: las unidades correctas son los minutos, o alternativamente, las paradas de metro: Lucía tiende a utilizar más los minutos, y Pedro las paradas de metro, para hablar de distancias (…) A medida que charles con Pedro y Lucia, te darás cuenta que aunque hablen de la misma distancia, esta no mide lo mismo para cada uno de ellos. Carabanchel está a tiro de piedra del centro para el periférico Pedro, mientras que se trata de una distancia casi insalvable para la centrada Lucía. De hecho, ella nunca ha visitado Carabanchel. No se le ha perdido nada allí”.

Es decir, como vemos, la distancia espacial está entrelazada con la distancia mental, con cómo vivimos e imaginamos la ciudad dependiendo si somos habitantes del centro o de la periferia. De los barrios altos o de los barrios bajos. En este caso, solo entendemos la distancia mental si pensamos que también es una distancia socio-económica.

No hay barrio pobre si no hay barrio rico

Según Engels[8] : “Es la miseria de los barrios pobres la que posibilita la existencia de los barrios ricos”. Como dijimos al principio, el interés de los que mandan en la ciudad por los barrios surge en la ciudad industrial alrededor de la preocupación por el crecimiento de la clase obrera. O si lo preferís, la preocupación por el barrio surge con “la cuestión social”. Cuando se usaba la palabra barrios se pensaba en los barrios bajos. Cuando los higienistas se preocupaban por la vivienda en la ciudad, se referían a la situación de las viviendas en los míseros barrios bajos, sin entender su relación con la calidad de la vivienda en los barrios altos. Es decir, no se relaciona la situación de los barrios bajos con el sistema social y económico que define el reparto de la riqueza y el poder. Al contrario, se naturaliza el barrio bajo. Este es, como veremos, un residuo inevitable del desarrollo de la ciudad, cuya magnitud, en todo caso, hay que controlar para que no contamine al resto de la ciudad

Por ello, cuando vamos más allá, y saltamos de la preocupación por la pobreza y la enfermedad en el barrio bajo, a la comparación entre barrio rico y barrio pobre, convertimos al barrio en un emergente de la desigualdad social (incluyendo la desigualdad social en salud) El Barrio mide y denuncia el grado de segregación urbana y su injusto impacto en la salud. Sin embargo, esta diferencia no es fácilmente visible porque el barrio queda invisibilizado en la ciudad

Invisibilidad y desvelamiento del barrio

Engels también decía que: “La ciudad está construida de modo que se puede vivir en ella durante años y años, y pasearse diariamente de un extremo a otro sin encontrarse con un barrio obrero o tener contacto con obreros …Esto sucede principalmente por el hecho de que, sea por tácito acuerdo, sea por intención consciente y manifiesta, los barrios habitados por la clase obrera están netamente separados de los de la clase media”[9]

En la era del turismo urbano de masas, conocer una ciudad es visitar las zonas turísticas, que normalmente no incluyen las periferias. Se visita “la ciudad” (el llamado centro histórico)  y no el barrio. De la misma forma, se muestra la ciudad y no el barrio, al que se suele incluso esconder de las miradas de los visitantes. Pero el barrio también tiene su historia…y su cultura. Si realmente quisiéramos conocer una ciudad, deberíamos incluir el recorrido por sus barrios, por sus periferias. Estas suelen ser vergonzantes y vergonzosas. Es como cuando en las casas obreras, a las visitas solo se les mostraba el salón con sus mejores muebles y sus vitrinas.  En algunas casas eran espacios de uso restringido para los niños y niñas, pues estaban preservados para estos momentos de visita de los adultos. Solo a los de máxima confianza se les enseñaba el resto de las habitaciones (dormitorios, baño, cocina, trastero, armarios, etc.), el espacio más privado e íntimo. En una ciudad, el centro histórico es el espacio público a mostrar y los barrios de la periferia representan el espacio privado a ocultar a los visitantes[10].

Los autobuses turísticos no suelen visitar los barrios. Fuente: https://guias-viajar.com/madrid/capital/futuras-mejoras-autobuses-turisticos-madrid-vision/

Por ello, insistimos: el desvelamiento del barrio obrero es el desvelamiento de la diferencia con el barrio burgués (por ejemplo cuando mostramos los mapas de esperanza de vida por barrios). Es el desvelamiento de la desigualdad social, y por extensión, de la explotación y la lucha de clases. También es el desvelamiento de la relación entre el ordenamiento urbano y el sistema social. Por ello la preocupación salubrista por el barrio bajo tiene que ir asociada al objetivo de disminuir sus diferencias con el barrio alto. A cambiar las lógicas del ordenamiento urbano. Esta fue la razón por la que decidimos en Madrid Salud que deberíamos dejar de diseñar y construir rutas de paseos saludables en las zonas turísticas del centro (como fueron las dos primeras rutas) y hacerlo en las zonas de la periferia urbana, especialmente la sur y este, donde además, hay una mayor prevalencia de obesidad y sedentarismo[11].

La unidad territorial mínima significativa

En nuestra búsqueda urbana de la Comunidad, queremos identificar un territorio con limites claramente definidos y que tenga un significado común de identidad e incluso de pertenencia para sus habitantes. Según la Wikipedia este territorio seria el barrio, que es definido como “toda subdivisión, con identidad propia de una ciudad, pueblo o parroquia”[12]. Pero a veces el barrio se ha creado por una decisión meramente administrativa, generando una unidad territorial artificial en relación al barrio sentido de sus habitantes. Hay casos en que este barrio sentido es un territorio a caballo entre dos barrios administrativos; o que el barrio administrativo es demasiado grande[13] y contiene varios barrios que realmente tienen identidad propia.

Por otra parte, a veces hay subdivisiones del barrio que cumplen esas características  de limites claros e identidad. Son las barriadas o las colonias que tienen una historia común compartida por sus habitantes, frecuentemente alrededor de las luchas vecinales por mejorar las infraestructuras. En estos casos, estas barriadas o colonias tienen nombres (ahora pienso en la Colonia Experimental de Villaverde). Podríamos decir que son barrios dentro de los barrios. A veces, incluso esta identidad compite con la identidad más amplia del barrio.

Otra cosa son los vecindarios, que como veremos cuando hablemos del barrio vivido, se diferencian del barrio en que por lo general no tienen nombre. Es el espacio alrededor de la vivienda, que puede ser concebido mas o menos amplio: un edifico, una manzana o varias, con sus correspondientes espacios comunes: patios, jardines, calles, plazas y comercios. Frecuentemente, se corresponde con las secciones censales. Estas son el territorio que solo identificamos cuando vamos a votar a una mesa electoral, y nos encontramos a nuestros vecinos y vecinas, bien en la cola para votar o bien como apoderados de las mesas. Suelen tener un tamaño medio de unos 2.000 habitantes. Es una unidad generalmente bastante homogénea social y urbanísticamente, por lo que se ha utilizado en los estudios epidemiológicos de áreas pequeñas para relacionar nivel de salud y situación socio-económica. En nuestro proyecto municipal de “Barrios saludables” hemos usado las secciones censales con sobremortalidad y elevada privación social para identificar las llamadas ZIP (Zonas de Intervención Preferentes). Obviamente, la mayoría de estas zonas no son espacios con identidad comunitaria propia y por lo tanto no tienen nombre propio. En otros casos, corresponden a antiguos núcleos chabolistas (con nombre propios) que actualmente son urbanizaciones de viviendas sociales.

Zonas de Intervención Preferentes (ZIP) del distrito de San Blas. Secciones censales que destacan por sobremortalidad y/o criterios socioeconómicos. Madrid Salud.

Hay varias interesantes iniciativas comunitarias en marcha que también centran su acción en unidades territoriales pequeñas, sin que necesariamente tengan una identidad para la población que las habita, sino que buscan la eficacia en la acción de cobertura profesional a las poblaciones mas vulnerables de las mismas. Un caso es el de las Superislas sociales de los servicios sociales de Barcelona [14]  y otro son la Microáreas de Trieste[15]. Desconozco cómo, desde sus objetivos comunitarios, los profesionales trabajan el sentido de pertenencia a ese territorio.


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Esta entrada forma parte de la obra “La noción de Barrio”, de la que se han editado hasta ahora las siguientes entregas:

I. INTRODUCCIÓN

II. EL BARRIO COMO LUGAR

  • Barrio y Comunidad
  • Barrio como parte de la ciudad
  • Barrio como periferia
  • No hay barrio pobre si no hay barrio rico
  • Invisibilidad y desvelamiento del barrio
  • La unidad territorial mínima significativa.

III. EL BARRIO COMO PROBLEMA (1ª parte): segregación

  • Barrio como problema urbano
  • Segregar y homogeneizar
  • El poblado
  • Los barrios dormitorios
  • Rehabilitación barrial

III. EL BARRIO COMO PROBLEMA (2ª parte): estigmatización

  • Los chicos de la esquina y la vida de banco
  • El barrio de los canis y de las chonis
  • La delincuencia juvenil y el fracaso escolar
  • Integración social frente a segregación social
  • El barrio estigmatizado.
  • El barrio étnico

IV. BARRIO VIVIDO Y BARRIO IMAGINADO

  • Barrio e identidad de barrio
  • Vivir en el barrio vs vivir el barrio
  • El barrio vivido y el barrio imaginado
  • Vida social del barrio. No es barrio…
  • Barrios nuevos y barrios viejos
  • Barrio como espacio de transición
  • El Barrio es de las mujeres
  • Barrio y cuidados
  • El atractivo de los barrios populares
  • Bares del barrio
  • El club de futbol del barrio.

V. EL BARRIO COMO SOLUCIÓN: del buen vecino a la revolución

  • Barrio y vecindario
  • El buen vecino
  • El barrio tiene nombre, el vecindario no
  • Descentralización y gobierno barrial
  • Barrio como ideología.
  • Las luchas barriales
  • El barrio como lugar de supervivencia
  • El barrio resiliente
  • La ideología de barrio como freno al cambio social
  • Relaciones de poder en el barrio

VI. BARRIO E INSTITUCIONES

  • El barrio de las diferentes disciplinas
  • El barrio en el norte y sur global
  • Conquistar el eje del barrio
  • El barrio telaraña
  • El barrio como lugar de reunión de las instituciones
  • El barrio como mero receptor de la acción comunitaria
  • El papel de la salud comunitaria en la construcción del contrapoder, contracultura y contrainstitución, desde el barrio.

VII. EL TIEMPO EN EL BARRIO

  • Barrio, tiempo y aceleración
  • Barrio como mundo del peatón
  • Barrio y vida cotidiana

VIII. EPILOGO Y CONCLUSIONES

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REFERENCIAS Y NOTAS

[1] Segura del Pozo, J.: “La noción de Comunidad y el equipo de salud”. Revista Área 3 (Cuadernos de temas grupales e institucionales). Número 2, primavera 1995 

[2] Gravano, A. : “El barrio en la Teoría Social”. Espacio Editorial. Buenos Aires, 2005.  pag 15-19

[3] Ibidem, pag 19

[4] Ledrut, R. “Sociologia urbana”. Instituto para el Estudio de la Administración Local Madrid, 1976, pag 128, citado por Gravano A, Op. Cit. pp 99

[5] Carballo Barral, B. El Ensanche Este: Salamanca-Retiro 1860-1931. El Madrid burgués”. La Catarata, Madrid, 2015

[6] Embid, J. “Hijos del hormigón. ¿Cómo vivimos en la periferia sur de Madrid”. Ediciones La Lluvia. Barcelona, febrero 2016. Capitulo “Próxima estación Esperanza”, pp 87-95

[7] Carabancheleando “Diccionario de las periferias. Métodos y saberes autónomos desde los barrios”. Traficantes de Sueño. Madrid, septiembre 2017, pag. 45

[8] Engels, F. La situación de la clase obrera en Inglaterra. Diaspora. Buenos Aires 1974. Citado por Gravano A. El barrio en la Teoria Social. Espacio Editorial 2005. Pag 22.

[9] Engels, F. La situación de la clase obrera en Inglaterra. Diaspora. Buenos Aires 1974. Pag 63. Citado por Gravano A. Ibidem Pag 20.

[10] Aunque hay que mencionar que se está extendiendo el llamado turismo de favelas, a modo de Safari fotográfico de los especímenes y las miserias de los barrios de los países de la periferia del desarrollo capitalista. En el caso de Grecia, se incrementaron las visitas de extranjeros a los campos de refugiados de la guerra de Siria. Muchas veces desde la solidaridad, invirtiendo generosamente tiempo, esfuerzo y dinero de los cooperantes para aliviar la difícil situación de los refugiados, pero a ves solo para hacerse selfies que luego se comparten en el narcisista muro del Facebook o Instagram de turno. Es lo que algunos refugiados llamaban con sorna: la Holidaritie (holidays + solidarity)

[11] Rutas de paseos saludables del Proyecto Walking People (Gente que camina)

[12] https://es.wikipedia.org/wiki/Barrio

[13] El tamaño de los barrios de Madrid tiene un rango muy variado (desde los 1.000 habitantes hasta los de mas de 60.000 habitantes, aunque por termino medio, los barrios tienen entre los 25.000 y 40.000 habitantes.

[14] La superisla social se define como “aquel territorio más pequeño que un barrio (6.000 habitantes aproximadamente)  que permite dar unos servicios de calidad a todas las personas que viven en él. La medida humana que ofrecen las superislas son el marco ideal para dar una escala de mayor proximidad y comunitaria a los servicios públicos”. Es la adaptación de los servicios sociales del proyecto urbanístico de Superislas (Superilles) o Supermanzanas de Barcelona. Las supermanzanas se configuran como unidades urbanas constituidas por la suma de diversas manzanas de casas donde se pacifican las calles para recuperar espacio público para los peatones, se limita el tráfico motorizado y se da prioridad a la movilidad sostenible y al espacio compartido, verde y seguro.

[15] Las Microáreas de Trieste han tenido una notable difusión entre ciertos núcleos activistas alternativos, especialmente de Madrid y Barcelona, y cuyo interés, como posible modelo comunitario alterinstitucional para el nuevo municipalismo, fue el origen de una reciente invitación a su inspirador, el veterano psiquiatra Franco Rotelli, para dar una serie de conferencias, en las que, sin embargo, se centró más en su experiencia al frente de la reforma antipsiquiátrica italiana, que en las propias microareas. Por ello, no he sido todavía capaz de profundizar en este concepto y conocer bien esta experiencia. Espero que en las próximas semanas, nuestra participación como Madrid Salud en un evento internacional en Trieste, facilite este conocimiento y podamos confirmar o no su interés. De momento, comparto con vosotros este documento en italiano que me ha pasado nuestra compañera Irene Rodriguez Newey: Cristina Montesi, “Microarea e lavoro distrettuale” y este otro Habitat Microaree: un’esperienza di welfare di comunità a Trieste. 

Por lo que deduzco de su lectura el proyecto Habitat-Microarea es una estrategia de coordinación de los servicios sanitarios y sociales, junto con los gestores de viviendas sociales y el tercer sector, para atender de forma participativa las necesidades de determinadas zonas de Trieste (Microareas) con alto % de población envejecida e inmigrantes, y prevenir el aislamiento social y el ingreso en hospitales o residencias de ancianos, mediante el desarrollo comunitario. Lo cual no es poco y seguro que contribuye a mejorar la calidad de vida de estos y estas ancianas. Sin embargo, mi duda es: ¿Cuales son los aspectos alternativos o alterinstitucionales? ¿Cuando Rotelli expone este proyecto como ejemplo de “desintitucioanalización”,  se refiere a la institución “hospital” o “asilo de ancianos”, es decir, a instituciones cerradas? Sin embargo, la presencia institucional (profesionales contratados por la institución con objetivos institucionales claros) que se despliega en el territorio es notable. ¿Cómo conseguir que su acción no sea una mera mejoría del control social por parte de la institución (municipal, sanitaria, vivienda, etc), incluso del control del gasto sanitario y social, como son algunos proyectos de estratificación de enfermos crónicos? ¿Por qué estos planes impugnan el orden social? ¿Como superar las limitaciones de las clásicas estrategias de focalización en territorios “mas vulnerables”, como al parecer son estas microareas, en vez de las intervenciones que abarcan toda la ciudad?

 

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